Los Simpson. La película (Matt Groening, 2007)

Por Joaquín Vallet

Más grande, más largo y en 2-D

Reconozco que soy un fan enfermizo de la serie creada por Matt Groening, hasta el punto de conocer los capítulos casi en su integridad y descubrir detalles que, para cualquier persona normal, pasarían desapercibidos. Es por ello que esperaba el estreno de la anunciada película de Los Simpson con una mezcla de ansia y temor. Ansia porque, desde el año 1991 en que comenzaron a emitirse en nuestro país (a las 23:00h de la noche y por La 2, dicho sea de paso) he estado esperando el momento en que la familia de Springfield pasara a la gran pantalla. Temor porque después de dieciocho temporadas, un buen número de capítulos que son auténticas obras maestras (El enemigo de Homer, por ejemplo) y conocer todos los entresijos de los personajes, casi no se atisbaba ningún camino que los guionistas pudieran emprender para dejar satisfechos a los seguidores. No obstante, el resultado global del film ha hecho ver que la inteligencia sigue presente en sus creadores ya sea en un capítulo de 25 minutos o en una película de 89.

Antetodo cabe decir que Los Simpson. La película no es una obra perfecta. Es evidente que se le hubiera podido sacar un mayor partido, ya que deja de lado varios personajes absolutamente imprescindibles (Moe, Barney, Carl y Lenny), cuando no los hace desaparecer casi completamente (el director Skinner, el jefe Wiggum) centrándose, casi exclusivamente, en los avatares de la familia, algunos de los cuales quizá resulten un tanto incoherentes (la relación de Bart con Flanders), desubicados (el sentimentalismo final entre Homer y Marge) o excesivamente alargados (la estancia en Alaska). Ello, quizá, sea debido a la inclinación por aportar elementos novedosos a la trama y escindirla completamente de la serie. Un pequeño error, ya que los personajes poseen tal dimensión después de veinte años que se hubieran podido aprovechar completamente explotando matices que aportaran novedad.

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No obstante, éstos elementos no enturbian para nada el soberbio resultado final de Los Simpson. La película. Desde el inesperado y absolutamente magistral “gag” que abre el film (Ralph apareciendo por el “ 20” de la Fox ), la cinta avanza imparable sostenida en un guión extraordinario y hallazgos tan memorables como la inclusión del cerdo (que tiene su referente en el inolvidable “Tenacitas”, igualmente mimado por Homer) o el bloque final con las contínuas intentonas por destruír la cúpula. En el film han menguado las contínuas referencias cinematográficas habidas en la serie siendo sustituídas por un alegato medioambiental de una consistencia verdaderamente loable. Sin hipocresías ni medias tintas y sin necesidad de sermonear (como sí hacía Al Gore en su lamentable Una verdad incómoda, al que el film realiza un pequeño guiño), la película trata el problema desde la más absoluta seriedad, convenientemente exagerada para que el espectador potencial tome verdadera conciencia de la situación. Es la combinación de esta denuncia con un humor radicalizado, esperpéntico, absurdo, menos sutil que el de las temporadas centrales de la serie, pero igualmente funcional en su capacidad crítica lo que eleva la categoría de la cinta situándola como una de las muestras más logradas del cine de animación contemporáneo. En ella no faltan sangrientas diatribas contra la Disney , un ataque despiadado contra las más altas esferas del poder (Rainer Wolfcastle se transforma, ¡al fin!, en el actor que le sirve de base, Arnold Schwarzenegger) y una negrísima visión de la conciencia colectiva, en el marco de un conjunto que (al igual que la serie) hibrida con gran habilidad su vinculación adulta con el potencial público infantil.

En definitiva, Los Simpson. La película es un maravilloso regalo que Matt Groening y sus guionistas han ofrecido a los fans. Una película que, muy a pesar de los concretos errores ya mencionados, es un complemento perfecto para los seguidores de la serie y un título referencial de la animación contemporánea, sobretodo por la valentía de desvincularse de los actuales avances infográficos y echar una mirada, teñida de rebeldía y heterodoxia, hacia las dos dimensiones. Aunque sólo fuera por ello, una obra tan necesaria como respirar.