24 Hour Party People (M. Winterbottom, 2002)

Por Hilario J. Rodríguez

Hay algo puramente insustancial en 24 Hour Party People, pero también hay algo puramente humano. La película de Michael Winterbottom es una descripción del ambiente que se respiraba en la ciudad de Manchester desde la aparición de los Sex Pistols, en plena década de los setenta, hasta el relevo generacional y musical que trajo mucho después el grupo Happy Mondays, ya en los noventa. Del punk a la música house hay un viaje temporal en el que quizás no todo el mundo quiera verse reflejado; yo, sí. Eso me convierte en la persona más idónea (o en la menos idónea, según se mire) para escribir estas líneas. Mucha gente sentirá una insalvable lejanía con respecto a las imágenes de la película. Entre quienes vivimos aquella época, aquí o en Gran Bretaña, la descripción de los ambientes y la deriva de muchos personajes nos parecen tan precisos como si en realidad fuésemos nosotros quienes estuviésemos contando nuestras propias vidas. No hace demasiado tiempo, el crítico Joan Pons me contaba que un día él vio en una revista la fotografía de una banda musical compuesta por tipos con cazadoras de cuero y gafas de sol en un callejón sórdido de una ciudad cualquiera (eran The Clash), y de pronto lo entendió todo. Seguramente si le preguntase a qué se refiere cuando dice todo, no sabría responderme; sin embargo, a mí no me hace falta saberlo porque me sucedió algo muy similar y creo que sé qué quiere decir, aunque tampoco yo sea capaz de verbalizarlo.

La historia de 24 Hour Party People se centra en Tony Wilson (Steve Coogan) y lo hace como si de una investigación periodística se tratase, imprimiendo a las imágenes una inmediatez que en algunos casos pueden hacer pensar que cuanto reflejan sigue vivo. Cuando Tony Wilson asistió al primer concierto de los Sex Pistols ya trabajaba para la cadena Granada TV. Desde allí, y tras una etapa buscando la originalidad a cualquier precio (al comienzo de la película se le ve hacer un reportaje volando en ala delta), quiso documentar la revolución musical que estaba teniendo lugar por aquel entonces. Grupos como Joy Division ofrecían algo más que música; de hecho, el cantante de Joy Division (Sean Harris) se convirtió en un mártir para bastantes jóvenes al ahorcarse después de que le abandonase su mujer y a partir de ahí las letras de sus canciones fueron de boca en boca, como si en realidad pudiesen ser consideradas consignas políticas.

Para evitar la dispersión de aquella revolución de nuevo cuño, Tony Wilson ayudó a crear el sello musical Factory Records, desde donde apoyó a grupos emergentes. Tiempo después las cosas comenzaron a cambiar y la música también se transformó. Los cantantes dejaron de atraer la atención de la gente e incluso los conciertos pasaron a un segundo término cuando aparecieron los primeros discjockey y la música house, potenciándose el baile por encima de la música y al discjockey por encima del músico. Durante unos años Tony Wilson supo adaptarse e inauguró una discoteca que más tarde sería mítica, The Hacienda. E incluso esta última revolución fracasó. No obstante, 24 Hour Party People no pretende ser más que un reportaje fílmico donde haya cabida para la verdad y el mito, donde la sinceridad y la miseria se den la mano, para demostrar que aunque algunos no estuvimos en las calles de París en mayo del 68, nos batimos en otro tiempo, por otras causas, con otras armas y ahora empezamos a ser viejos. Sólo eso.