Catherine Breillat es junto a Agnès Varda, Kira Muratova, o la más discutible Claire Denis, una de las pocas cineastas europeas que ha conseguido construir una mirada propia. Su cine, profundamente feminista, se mueve entre la carnalidad, mejor o peor resuelta, y una intelectualidad no siempre bien asumida. Desde su debut, su obra ha estado teñida de cierta aura, más o menos forzada, de escándalo, debido a la desnudez con que describe a sus personajes, sus relaciones, o su sexualidad. La crudeza de muchas de sus imágenes, y la polémica suscitada con varios de sus títulos han llevado quizá a que tengamos una visión parcialmente equivocada de su obra. Brève traversée (2001) es para mi sin lugar a dudas el mejor de sus trabajos, junto al menos conseguido Sale comme un ange (1991), ambos sin abandonar sus señas de identidad, no parecen tener como prioridad la provocación, que en demasiadas ocasiones parece lo único que busca con cada uno de sus nuevos trabajos. La breve travesía entre Le Havre y Postmouth no cuenta en realidad nada nuevo, estamos ante la vieja historia de Chico conoce Chica, tampoco pretende ser innovadora en el lenguaje, y se aparta de la clásica historia de iniciación sexual a la que tan aficionada parece su responsable, en beneficio de una más que interesante narración en torno a la educación sentimental. El breve encuentro entre el adolescente Thomas y Alice (una maravillosa Sarah Pratt), de 30 años, está narrado con una sensibilidad casi inédita en la mirada de la cineasta, y resulta todo un prodigio de equilibrio, de emoción, cada gesto, cada mirada, cada palabra, está en el lugar adecuado. Cargado de sensualidad, de calidez, el film opta por la sutileza, se aleja de esa falta de sentimientos, de ternura, de la habitual frialdad con que están planteadas sus obras mucho más conocidas. Desaparece pues la intelectualidad, y el teórico distanciamiento que ésta parece suponer. Quizá sí exista en esta travesía cierta voluntad de transgredir, una mujer adulta que finalmente se acuesta con un adolescente, pero creo que por encima de ésta, prevalece la necesidad de narrar una bella historia que no tiene futuro, esbozar un brillante retrato de sus dos personajes, dejando de lado, por una vez, artificiosas provocaciones. Brève traversée, no es una obra maestra, y seguramente tampoco lo pretende, y muchos podrán achacarle su falta de originalidad, sencillamente es una película pequeña, con muy pocas pretensiones, y ahí es donde encontramos sus mayores virtudes. Aunque puede resultar un tópico es una de esas grandes obras pequeñas. Al igual que resulta toda una excepción encontrarnos a día de hoy, ya sea en la cinematografía europea o mundial, con un film que se aparte de los caminos más trillados, más convencionales, una mirada que intenté encontrar diferentes caminos para construirse, poder visionar un título tan mínimo, tan maravillosamente planteado, que como espectadores nos devuelva al placer de asistir, simplemente, a una historia bien contada, es casi extraordinario. Estas pocas horas por el Canal de la Mancha nos dejan esa deliciosa sensación de abandonarnos en la butaca de cine para de pronto descubrirnos junto a los protagonistas en la pantalla.