Das Experiment (Oliver Hirschbiegel, 2001)

Por Sergio Vargas

Wouldn’t it be nice?

En el año 2001, cuando se realizó esta película, tan sólo estábamos comenzando a conocer el término reality show. En numerosos formatos y estilos (desde la “convivencia” a la supervivencia, desde las “academias” “artísticas” a simples “academias de la carne”), y en ocasiones revestidos incluso como “experimentos sociólogicos”, esta lacra recorre actualmente más de medio mundo. El experimento de la película no dista mucho de estos formatos televisivos, los protagonistas también se llevan mucho dinero (el motor que todo lo mueve) por participar, también son sometidos a un aislamiento del mundo exterior, y tienen unas reglas que respetar. La diferencia es que se trata de un auténtico experimento sociológico, las cámaras son únicamente para un circuito cerrado accesible a los doctores encargados de la supervisión.

En su primer largometraje para el cine (antes dirigió numerosos telefilmes y varios capítulos de la teleserie Rex), el alemán Oliver Hirschbiegel nos muestra el lado más oscuro del ser humano, el que todos sabemos que existe y más nos cuesta aceptar, y el que terminará, fuera de un microcosmos como aquel en el que se desenvuelve la película, a un nivel global, borrando a la raza humana de la faz de la tierra (así lo creo y nada de lo que veo a diario en las noticias y poco de lo que veo en las pequeñas cosas de la calle me hace pensar en que podrá ser de otra forma) Porque, un experimento como ese no puede pretender otra cosa que confirmar que los hombres son esclavos de una sociedad y unas normas, tal vez necesarias en su mayor parte, hechas de tal modo que resulta imposible oponerse sin resultar marginado o anulado. También que el poder, se quiera o no, implica corrupción moral. Tal vez lo que más dice de todo esto, es que el experimento se realizó realmente en 1971 en la Universidad de Stanford [1].

El pulso narrativo de El experimento es ejemplar, consiguiendo una continua progresión en intensidad que surge de forma natural según van avanzándose las fases del encierro: (el proceso de selección, que sirve a su vez para presentar a los personajes; la concordia inicial en la que conviven presos y guardianes; la toma de conciencia de los guardianes de su rol —y de los presos del suyo—, acompañada de los primeros incidentes —la leche, la del almuerzo, quiero decir—, y el devenir natural de estos pequeños “roces” en las humillaciones, las rebeldías, y el estallido de violencia final, en lo que se suele denominar acertadamente como efecto bola de nieve)

Paralelamente acompañamos a Dora (Maren Eggert) a la que Tarek (Moritz Bleibtreu), el periodista infiltrado en el “experimento”, conoce justo antes de su encierro. Estas imágenes sirven como receso frente a la espiral de violencia que se va generando en el interior de la prisión simulada y a la vez como contrapunto, mostrando en el amor, el calor humano (pues en pequeños interludios aparecen fragmentos de la noche en que ambos tuvieron su encuentro) la alternativa y el refugio a esa sinrazón.

En efecto, como decían los Beach Boys en la canción que ponen los guardianes en la radio justo antes de torturar a uno de los presos (utilización musical que tal vez pueda ser tildada de efectista, pero que no deja de ser un contraste que cinematográficamente funciona), sería maravilloso vivir unidos en la clase de mundo a la que pertenecemos, pero sabemos que, a la larga, en un sentido global, a un nivel de “La Humanidad”, ha sido, es y será siempre imposible. Por eso los Beach Boys hacían esas canciones, Picasso pintaba su Gernika o Munch El grito, y quiero creer que por eso Hirschbiegel hace esta película: Para que reflexionemos, y, al menos a un nivel más local, más pequeño y cotidiano, podamos ser un poco más humanos y un poco menos hijos de puta que aquellos que manejan nuestros hilos.

And wouldn’t it be nice to live together
In the kind of world where we belong

[ The Beach Boys]

[1] Este experimento, al menos, no se fue tanto de las manos, simplemente observando el hecho de que no hubo muertes. Por todo lo demás, y a tenor de lo observado en la web http://www.prisonexp.org/spanish/indexs.htm, debió de ser igual de degradante y traumático para las “cobayas humanas” como el que muestra Hirschbiegel en la película.