En construcción (José Luis Guerín, 2001)

Por F. Javier Pulido

En construcción es, en esencia, una mirada de más dos horas y múltiples ángulos (incluidos los muertos) a la construcción  de un edificio en una de las zonas más emblemáticas de Barcelona, El Raval; también es la historia de la crisis del microcosmos urbanita cuya vida se ve afectada de una u otra manera por el cambio de fisonomía del entorno. En construcción se concibió en el marco del Master de Documental de Creación de la Universidad Pompeu Fabra. José Luis Guerín contó con la ayuda de los propios alumnos del Master para, durante tres años, filmar horas y horas de material.

Como tantas otras películas de José Luis Guerín, En construcción pretende trasladar a lenguaje fílmico los efectos devastadores del paso del tiempo, aquí representado por la mirada de desconcierto de los ancianos que ven como se desmorona sin remisión el universo que conocían y podían entender, y el descubrimiento de unos restos arqueológicos en la zona de construcción en una secuencia que enfrenta la melancólica y serena mirada al pasado con un presente tan incierto que más vale no estar pensando en el futuro.

En construcción, sobre cuya naturaleza fílmica se debatió largo y tendido en el momento de su estreno, es cine documental en el que se prescinde de la voz en off para dársela a los protagonistas de esta particular Corte de los Milagros. En este sentido, se trata también de cine social hecho desde de las tripas, sin aspavientos ni efectismos, que conmueve cuando se digiere y se mastica, como en los mejores momentos de Loach.

El ojo de la cámara atrapa a los personajes sin decantarse por ninguno ni juzgar sus motivaciones. Tan sólo se preocupa de reflejar tal cual la realidad y sus lecturas poliédricas, dejando al espectador que lea entre líneas si quiere extraer la propia. Se trata de un ejercicio suicida en unos tiempos en los que se llegan a digitalizar las lágrimas (como las de Jennifer Connelly en Diamantes de sangre) para manipular sentimientos y provocar emociones a golpe de efecto como quien dirige un rebaño. No, aquí la mirada es más limpia y libre, y el espectador es tanto voyeur como cómplice de lo que se le cuenta. En construcción es un ejercicio gozoso de reivindicación del placer de mirar y sostener la mirada, de pararse a contemplar y abrir los ojos por algo más que por inercia.

Y es que, aunque En construcción está rodada en Barcelona, posee vocación netamente universal. No hace falta haberse criado en el barrio para reconocer y reconocerse esos personajes tan dolorosamente humanos. Tres años de rodaje deben crear vínculos, de otra manera no se entiende la ternura que desprenden desde el relamido (por cursi) obrero marroquí que entona odas a la lucha de clases hasta la pareja de yonkis que siguen vivos porque no saben hacer nada más, por pura abulia. Podría tratarse de gente de tu barrio. Podrías ser tú.

Aunque todo montaje lleva implícita una intencionalidad más o menos consciente, el afán de objetividad en esta obra de Guerín se ve potenciado por una cuidada planificación del tempo en secuencias extraordinariamente largas, en las que se mezclan retazos de conversación captados al azar con el ruido ensordecedor de la maquinaria o el tintineo de vasos en el bar de turno. La banda sonora del funeral de un barrio en descomposición. Los cantos de sirena que arrastran a los navegantes al abismo, aunque no al silencio, gracias a dos horas de celuloide en cuyos poros se cuela la vida a borbotones.