La petite prairie aux bouleaux (2003)

Por Aurora García

Su título original se podría haber traducido en España como «La Pequeña Pradera de los Abedules», eso es lo que significaba el nombre de Birkenau, o también llamado Auschwitz II, el campo de concentración donde estuvo internada durante dos años, desde los 15 a los 17, Marceline Loridan. Este film es su primer largometraje en solitario desde la muerte de su pareja y compañero, el cineasta Joris Ivens, junto con el que codirigió varios de sus documentales.

Esta es una obra que le llevó más de 40 años dirigir, esperando a tener la suficiente madurez como para realizar este duro recorrido por su memoria de la mano de la actriz Anouk Aimée.

A diferencia de otras películas o documentales sobre la memoria del Holocausto aquí no se trata de dar vida a una serie de imágenes de archivo con voz en off o a entrevistas a testigos reales, o a la recreación en imágenes de ficción de los acontecimientos que allí ocurrieron sino de ser testigos a través de la mirada de la protagonista del propio proceso de reconstrucción de la memoria de una superviviente. Estaríamos frente a un documental ficcionado, en el que seguimos a la protagonista, un alter ego de la directora, en su viaje hacia el campo, donde se encuentra con diferentes puntos de vista sobre su significado hoy en día. Desde un joven fotógrafo alemán, nieto de un coronel de las SS, que quiere retratar hasta el más mínimo detalle, unos jóvenes judíos que en su visita rinden tributo a sus antepasados, o una mujer polaca que ahora ocupa el piso en el que vivía su padre cuando lo deportaron, preocupada únicamente por si lo quieren reclamar. Al  final prevalece la mirada de Loridan sobre el campo, el recuerdo de su experiencia sobre lo realmente vivido y sufrido.     

La imagen final que se construye no es la que tenemos todos ya en nuestro imaginario sino la propia memoria que ha sobrevivido en la cineasta, con sus lagunas y sus recuerdos vívidos en forma de imágenes, historias, emociones y sensaciones, que revive mientras recorre una y otra vez los barracones, la alambrada, las fosas y los crematorios del campo de Birkenau, convertido ahora en museo.

Como bien expresa al comienzo de la película:

“Esta historia pertenece a la Historia,

llegará un tiempo en que se dirá…

”Érase una vez un planeta de cenizas.”

Yo hoy digo…

“Érase una vez una niña de 15 años…”