Saraband (Ingmar Bergman, 2003)

Por José Francisco Montero

Saraband, además de un prólogo y un epílogo, está dividida en diez secciones construidas a partir del diálogo entablado entre dos de los cuatro personajes alrededor de los cuales gira el relato: Johan (Erland Josephson) y Marianne (Liv Ullmann), reencontrados años después de Secretos de un matrimonio (Scener ur ett äktenskap. 1973), el hijo del primero, Henrik (Börje Ahlstedt), y la hija de ésta, Karin (Julia Dufvenius). La película se inicia sobre un plano cenital de las fotografías de Marianne que pronto desciende a la altura de sus ojos, lo que parecería un traslado de poderes desde un Dios que ya no se encuentra en ninguna parte al verdadero demiurgo de la función, el propio Bergman, al que ya le interesa primordialmente mirar a la altura de sus personajes, indagar en el misterio de las relaciones humanas, lo único que tenemos, parece decirnos el director sueco.

Pero incluso éstas están observadas con escepticismo y distanciamiento. Todo en la película va a ir encaminado a poner de manifiesto el carácter de representación de la misma -lo que no deja de responder a la que ponen en escena continuamente sus personajes-, en el que seguramente es, aparte de otros aspectos más aparentes, el gran tema del cine de Bergman: véanse desde la abundancia de fotografías durante toda la película -las que muestra a cámara Marianne en el prólogo y la repetidamente mostrada de Anna; incluso los flashes fotográficos que ilustran el intento de suicidio de Henrik-, hasta la propia Marianne, que dirigiéndose en primera persona al espectador, se encarga de hacerle comentarios en diversos momentos sobre lo que éste está presenciando,... Antes del epílogo, el relato de la visita de Marianne a Johann concluye con la imagen convertida en una fotografía de ambos, definitiva constatación de la naturaleza de construcción de lo que acabamos de presenciar.

Cuando Marianne llega a la casa de Johann lo primero que presencia son puertas que se cierran y casi simultáneamente el sonido de un reloj de cuco. La película no va a implicar para sus personajes otra cosa que no sea encontrarse con las diversas puertas que se les han cerrado definitivamente y con la imposibilidad de abrir las que el tiempo ya ha cerrado. Poco después, Marianne cuenta ante el espectador los segundos que deja pasar antes de despertar a Johann, dilatando ese tiempo del reencuentro, pero también poniendo de manifiesto la importancia que va a tener en ese momento esperado el tiempo transcurrido. “Esto ha sido un error” comenta Marianne al poco de hablar por fin con Johann. Saraband ilustra la imposibilidad de recuperar el tiempo perdido, aún más cuando ese tiempo está teñido con la muerte: es lo que ocurre con el personaje de Anna, la mujer de Henrik muerta dos años antes, una presencia invisible pero constante en la película y cuyo recuerdo pesa sobre tres de los cuatro personajes. Y esta impotencia ante la muerte es válida tanto para los personajes, en especial para Henrik, el cual intentará infructuosamente que su hija ocupe el lugar de la esposa desaparecida [1], como para el propio dispositivo cinematográfico: véase el acercamiento de la cámara al rostro fotografiado de Anna, movimiento estéril que lo único que hace es revelar la terrible frustración que nace ante el anhelo de restituir mínimamente la vida ya extinta.

Si el cine de Bergman se ha encargado de ilustrar las dificultades de las relaciones familiares y de pareja, en Saraband, a pesar de todo, éstas parecen ser el único consuelo ante la soledad, así como constatar la necesidad del contacto para sentirse vivo, algo magníficamente ilustrado en la última escena de la película, antes del epílogo, en que en la angustia de la hora del lobo, Johann le pide a Marianne si se pueden desnudar y acostar en su cama. El filme concluye con la visita de Marianne a su hija Martha a una clínica en que está ingresada, ausente de todo. Por primera vez Marianne se da cuenta de que está tocando a su hija y llora. Para el que suscribe, uno de los momentos más emocionantes del cine de los últimos años: en la naturaleza enigmática de este momento acaso esté impresa toda una visión, muy triste y muy lúcida, de la vida.

[1] Henrik está escribiendo un libro sobre La Pasión de San Juan, de Johann Sebastian Bach, obra en que la traición -primero de Judas y luego de Pedro- es esencial, como lo es en los sentimientos que unen a su hija con él, atrapada la muchacha por su miedo a abandonarle, a traicionar su amor exclusivo y asfixiante.