Soldados de salamina (David Trueba, 2003)

Por Ramón Monedero

El soldado que pudo elegir

Solados de Salamina es una película importante por varias razones. La primera y más comentada por ser una de las escasas propuestas españolas que parecen querer atisbar cierto sentimiento reconciliador en torno a una tragedia como la Guerra Civil española. Llevamos muchos años viendo películas sobre aquella contienda y matiz arriba, matiza abajo, siempre nos han dicho lo mismo. Soldados de Salamina tuvo la valentía de saltar al otro lado y de decir con claridad, que tanto unos como otros fueron victimas de una barbarie, como de costumbre, sin sentido.

En segundo lugar Soldados de Salamina es una película importante por el diametral cambio de registro que supone en la filmografía de David Trueba, con todo el riesgo que ello implica. Hasta la fecha Trueba se había estado labrando un merecido hueco en el mundo de la comedia española ya fuera a base de sus guiones (Los peores años de nuestra vida, Two Much) o de la películas dirigidas por el (La buena vida, Obra maestra), nada hacía presagiar un cambio de rumbo como el de Soldados de Salamina y más aún cuando este film, resulta ser una de las mejores películas que se han hecho sobre la guerra civil y cuando el salto, de un registro a otro, está ejecutado con tal brillantez, que cuesta trabajo asimilar que detrás de Obra maestra y Soldados de Salamina esté la misma persona.

Pero además, Soldados de Salamina es una película importante, sobre todo en la filmografía de Trueba, por suponer el más elaborado ejemplo de puesta en escena. La cámara de Soldados de Salamina no parece ser la misma que en otros largometrajes de Trueba, que en esta película persigue imprimirle al conjunto un lógico tono documental que muy bien conseguido; con una cámara que parece no estar nunca sobre un trípode (salvo en las escenas más intimistas), con la inserción de imágenes documentales hábilmente combinadas con otras ficticias, que emulan la realidad, un poco como hizo Oliver Stone en J.F.K. También Trueba tiene la valentía de incluir en el relato a personajes reales que vivieron aquella insólita experiencia, actuando como ellos mismos y filmados con insólita desnudez.

De este modo, a los habituales guiones de hierro de Trueba, hay que sumar la brillante puesta en escena del film, lo que de cambio de registro que supone y la valentía que conlleva hacer una película como esta, lo cierto es que Soldados de Salamina bien se merece un diez. No quiero decir con esto que esta sea la mejor película que David Trueba vaya a hacer en su vida, estoy seguro de que la gran película de Trueba aún esta por llegar, pero si que resulta sin ningún género de dudas la mejor película que su director a hecho hasta la fecha.

En un momento en el que tanto unos como otro en ese país han empezado a hablar de un hipotético clima pre-bélico, tal vez sea más necesaria que nunca una película como Soldados de Salamina, entre otras razones porque en el film de Trueba no parecen haber buenos ni malos, sino personas acorraladas por unas circunstancias que se ven obligadas a matar, si no quieren que les maten a ellos primeros. Aún así, a veces, el hombre, puede elegir.