Hasta ahora parecía que la adaptación cinematográfica de los superhéroes de la Casa de las Ideas, como llaman a la editorial Marvel, respondía a una política de jerarquización. Los personajes clásicos, la mayoría creados por el guionista Stan Lee en la década de los sesenta, recibían un trato de distinción: superproducciones con directores más que solventes y guionistas con ideas frescas que respetaban la idiosincrasia característica de cada superhombre. Ese fue el caso de la Patrulla X (o X-Men), Spiderman, Daredevil y Hulk. Paralelamente, las figuras menores de la editorial, las que no se ajustaban al patrón clásico de superhéroe, tenían películas más ramplonas. Elektra, el Castigador y el Motorista Fantasma tuvieron adaptaciones de este tipo.
Es indudable que los 4 Fantásticos, el grupo de superhéroes creado por Lee y el dibujante Jack Kirby en 1961, pertenece al primer grupo. No es para menos. Fue el primer tebeo exitoso de la compañía e inició la llamada Edad de Plata del cómic norteamericano. Una época en la que los superhéroes se hicieron más humanos e identificables. Pero Los 4 fantásticos y Silver Surf er (4F: Rise of the Silver Surfer, 2007), segunda película sobre el grupo, ha puesto de manifiesto que ahora ya no hay héroes mejores y peores. El poco respeto demostrado hacia los 4 Fantásticos da a entender que Marvel cotiza a la baja. La Casa debe haberse quedado sin ideas.
Y es que es difícil hacerlo peor. Un guión plano y totalmente previsible, basado para más inri en una de las sagas más importantes e imaginativas del cómic, es llevado a la gran pantalla de manera grotesca y lineal, para dar lugar a lo que puede ser una de las peores películas del 2007. Si la primera parte, Los 4 Fantásticos (The Fantastic Four, 2005) ya exhibía una nula preocupación por el desarrollo psicológico de unos personajes con más de 40 años de historias a sus espaldas, pero al menos tenía algún aliciente como película para el entretenimiento de usar y tirar, su continuación no es sino una repetición de clichés acompañados de diálogos surrealistas.

Por supuesto los actores contribuyen de manera notable al desastre, en especial Cris Evans y Jessica Alba, que hacen de Johnny y Sue Storm. Los mejores momentos de Evans son en los que usa los poderes de la antorcha humana, y todo su cuerpo está cubierto de llamas digitales. El resto del tiempo se dedica a soltar comentarios chistosos como para demostrar que es un error dar a su personaje tantas líneas de guión como desgraciadamente tiene. Alba no lo hace mucho mejor, aunque también es verdad que la mujer invisible ha pasado de ser una científica reputada e independiente a una mujer que prefiere preparar su boda a salvar el mundo. Más excusable son las actuaciones de Michael Chiklis como la Cosa , que no puede hacer mucho con tanto ladrillo encima, y Ioan Gruffudd como el brillante científico y hombre elástico, quizás el único al que le va como un guante su personaje, pero que no puede hacer nada ante el trato infantil que dan los guionistas al que se supone debe ser el líder del cuarteto. Julian McMahon intenta salvar el tipo como el Doctor Muerte poniendo la misma cara de malo en todos los planos, pero su intervención en la historia es tan artificial como absurda, ya que resucita sin mediar palabra para aparecer como aliado del general del ejército que persigue a Silver Surfer. Este último es, precisamente, la gran novedad del film. Un extraterrestre plateado que surca el espacio en lo que parece una tabla de surf, para servir el plato calentito a su patrón, el devorador de planetas Galactus. Para no variar, Estela Plateada (el nombre dado en España al personaje) tiene un desarrollo nulo y encima los efectos especiales son algo toscos con Doug Jones (que le pone físico pero no voz).
Para rematar la faena, el desenlace es de una inocencia tal, que destroza completamente el ya de por sí flojo conflicto que actúa como motor de la película. Un final que deja bien claro que la mayor amenaza para un superhéroe es un mal guionista.