Renovarse o morir, eso dicen. Hay gente que no hace mucho caso, pero en esto del cine, hay gente que se lo toma demasiado en serio. Y el carismático detective John Mclane es uno de los damnificados por esta tendencia angustiante que parece arreciar entre los grandes estudios, deseosos y necesitados de explotar sus más exitosas franquicias, añadiendo elementos que acorde con el nuevo milenio y los nuevos gustos, tengan su lugar en la cartelera demostrando (a veces infructuosamente) que no son fruto del pasado, de una época mejor, que los dinosaurios aún están de moda, y que en definitiva, los viejos roqueros nunca mueren.
En un año donde las terceras partes han sido la tónica dominante de los grandes estudios de Hollywood, la meca del cine apuesta ahora por revivir y resucitar sagas que marcaron época y que pueden seguir teniendo su pequeño lugar en lo más alto de las taquillas. Sagas que en los 80 dominaron tanto que dejaron el cine para convertirse en fenómenos sociales, incluso algunos (los mejores) en históricos. Trilogías rodadas en los 80 (en algún caso la última entrega fue en los 90) que reaparecen dos décadas después algunas con verdaderos intereses más entrañables que artísticos, y otras por el mero hecho de rascar cuanto más dinero mejor. Franquicias tan míticas como las de Arma Letal, La Jungla de Cristal, Rambo e Indiana Jones han gozado de rentables beneficios en su desembarco del siglo XXI (A pesar que Rambo e Indy aún no se han estrenado pero visto el panorama, no se le augura un futuro muy oscuro), y John Mclane ha dominado media taquilla con su chulería este verano. Total, para eso se hace.
En el caso particular de esta cuarta entrega de La Jungla de Cristal, los creadores han conseguido un muy digno producto que a pesar que su exageración pierda seriedad en su conjunto final, no desmerece una voluntad por recuperar ese espíritu que parecía olvidado por hacer una película de acción de buenos y malos, de villanos locos y héroes humanos que sudan, corren, se caen y les cuesta unas cuantas canas y huesos rotos acabar salvando al mundo. Por eso, el mayor acierto del film radica en buscar un equilibrio mezclando dos conceptos tan antagónicos como el detective a la antigua John Mclane y el progreso. Dos maneras opuestas que en el choque frontal es donde se consiguen más resultados. No deja de tener cierta gracia que ante una amenaza electrónica a nivel mundial que puede suponer la vuelta a la edad de piedra, un personaje tan pintoresco como Mclane que no sabe utilizar un ordenador, sea el único capaz de hacerle frente. Eso sí, a la antigua usanza, sin medias tintas, a base de hostias, y mala leche. Esa mezcla es la que levanta la película ya que hábilmente se consigue una identificación entre Mclane y el espectador que no entienda de jerga informática ni de procesos cibernéticos. Así pues, la empatía entre el héroe y el público es total desde el primer minuto, ya que los procedimientos utilizados por el singular policía son atractivos para el espectador menos exigentes. Solucionar las cosas a base de tiros es siempre un aliciente para las mentes que busquen un refugio evasivo en las salas de cine.

A todo ello ayuda la motivada interpretación de un Bruce Willis totalmente a gusto con su más mítico personajes, y que necesitado de un gran éxito en su carrera debido a sus erróneas intervenciones durante los últimos años (excepto en la excelente Sin City de Rodríguez y Tarantino), le permite volver al cómodo lugar que disfrutaba en su apogeo. Sin embargo, aún siendo un gran entretenimiento, la película se atasca en su necesidad de ser más grande, más espectacular y más sorprendente que ninguna otra ya que esa grandiosidad (la persecución entre el camión y el avión por ejemplo) anula por completo el hallazgo de intentar buscar un pequeño halo de realidad en la amenaza terrorista y la resolución por parte de nuestro héroe.
Como consecuencia, La Jungla 4.0 es una más que digna película de acción y disfrute que no llega a la altura de sus predecesoras debido a estos puntuales momentos de aparatosidad, pero que es un digno cierre (¿o no?) a una de las hasta este año, trilogías más exitosas, míticas y entrañables de los últimos 20 años.