Un corazón Invencible (Michael Winterbottom, 2007)

Por Israel Paredes

Se ha dado mucha importancia a la presencia en Un corazón invencible (A Mighty Heart, 2007) de Angelina Jolie en el papel de Mariane Pearl, esposa del reportero Daniel Pearl (Dan Futterman), secuestrado en Kariachi, Pakistán, y posteriormente decapitado, y autora del libro que sirve de base a la nueva película de Michael Winterbottom. También se ha dado mucha relevancia a que Brad Pitt, pareja de la Jolie, esté a cargo de parte de la producción. Algo así parece quitarle valor a la propuesta, seguramente porque Winterbottom suele trabajar con actores sin demasiado renombre cuando no completamente desconocidos. Por supuesto, la pareja acaba eclipsando el proyecto y, a pesar de las buenas intenciones, las cuales ahora se extienden por Hollywood, hay quien acaba sintiendo que hay algo artificial en la propuesta. Algo así demuestra como el poder mediático que se concede en la actualidad a los actores o el seguimiento de sus vidas acaba influyendo en nuestra manera de acercarnos a una película determinada. La mirada acaba alejándose de la pantalla y ya no son personajes los que vemos en pantalla, sino unos actores cuya vida personal/pública acaba anteponiéndose entre nosotros y lo que vemos.

Por otro lado parece que actores como Angelina Jolie, Brad Pitt, Sean Penn o George Clooney no tengan derecho a intentar desde su posición hacer o decir algo en contra de aquello que piensan que debe de cambiarse, como si por su condición de estrellas se asumiera que deben de poseer la superficialidad que muchos espectadores en realidad les piden, porque algo así les da una mayor humanidad. En determinados momentos se exige a los actores, con bastante buen criterio, que simplemente actúen, pues al fin y al cabo, es su profesión, aunque después aquello que dicen en las entrevistas o sus apariciones públicas gusten de ser comentadas por los mismos que les atacan cuando realizan algún tipo de campaña, porque en ella no se ve más que un intento de conseguir publicidad por un medio bien cotizado en la actualidad.

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A pesar del condicionante, Angelina Jolie tampoco desentona en el papel, aunque está claro que un rostro desconocido, o menos mediático, habría podido darle un cariz diferente al personaje; pero también es cierto que le habría restado repercusión a la propuesta. Aunque haya momentos donde es patente que se ha buscado el regalarle de momentos de impacto dramático, dentro de la propia narración acaban resultando más o menos consecuentes, aunque por todo lo anterior se reciban como meros vehículos de lucimiento de la actriz (algo normal en muchas películas y que suele dársele menos importancia).

Quien haya seguido la carrera de Michael Winterbottom puede comprobar que Un corazón invencible no se aleja demasiado de ella. Aunque se trate hasta el momento de la única película visiblemente más adherida al cine americano en cuanto a la producción, las bases son muy similares a gran parte de su cine. El estilo que adopta, aun sin ser el mismo de películas como En este mundo, Welcome to Sarajevo o Camino de Guantánamo, por citar aquellas que de alguna manera tienen en común con Un corazón invencible un acercamiento a problemas actuales, no deja lugar a dudas de quien está detrás de la cámara. Winterbottom nunca ha mostrado una idea demasiado precisa acerca de lo que es la realidad dentro del cine, de ahí que todas sus ficciones puras posean algo de visión documental y todas las películas de cariz más documental no dejen de lado la manipulación del mundo de la ficción. Esto hace que pocas de sus películas posean un núcleo concreto y oscilen de un punto a otro. También que el discurso de sus películas en ocasiones no sea claro y sí bastante ambiguo, algo que puede llegar a incomodar, sobre todo cuando los temas tratados son de esos que requieren (o se exigen) un posicionamiento claro. Con motivo del estreno de Camino de Guantánamo fue algo que se le echo en cara, no sin falta de razón; de ahí que Un corazón invencible pueda verse de alguna manera como la respuesta, el intento de acercarse a la realidad del terrorismo internacional desde otra postura. Una no anula la otra, acaso se complementan, porque si en aquella se acercaba a la encarcelación de tres personas inocentes y la consecuente muestra del operativo antiterrorista, en su última película su mirada se dirige al drama de una mujer que ve como su marido es secuestrado en el momento en que ella está embarazada y tiene que enfrentarse a los aparatos políticos que rodean el asunto así como lidiar con todo en un país extranjero lleno de problemáticas y a una situación sumamente delicada. Hay pues un acercamiento en ambos casos al componente humano del conflicto, algo que siempre supone ser reductor, aunque la complejidad del tema lo imponga.

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La mirada que imprime a la historia a través de un estilo directo y en muchos momentos de gran verisimilitud, queda empañada por un discurso demasiado claro contra los políticos, algo que por saberse acaba resultando a la larga redundante, sobre todo porque su visión del drama personal adoptan momentos de gran intensidad. El centrarse en lo vivido por Mariane Pearl (al fin y al cabo se basa en su libro y sus propias experiencias) hace que deje de lado una parte de lo sucedido y que supone lo más cruento, algo que se echará de menos para muchos pero que supone en realidad un intento de apartarse de ese sensacionalismo que surge cuando todo sucede. Una manera de dejar claro que tras aquello que se ve en los telediarios o se lee en los periódicos existen cosas, aunque en muchas ocasiones se ignoren. Cada vez más, nuestra mirada ante el mundo y la realidad pasa por aquella información que se nos transmite desde diferentes medios y que en muchas ocasiones viene manipulada de alguna manera, o como poco reducida. Del mismo modo que cuando una película se acerca a dicha realidad se espera encontrarse con más de lo mismo, porque eso supone salir de la sala con el convencimiento de conocer qué sucede en el mundo.

Un corazón invencible no intenta dar una visión diferente, pero tampoco acomodarse, sino a partir de una situación personal y real acercarse al tema desde una perspectiva muy concreta de la que sacar unas conclusiones o replantearse ciertas cuestiones. Winterbottom nunca ha intentado dar ideas claras y concisas, prefiriendo siempre que su mirada sea lateral antes que frontal, aunque su estilo apunte en más de una ocasión a lo segundo antes que a lo primero. Algo así hace que sus películas, como le sucede a Un corazón invencible , pierdan cierta fuerza, pero la ambigüedad que acaban poseyendo le da una amplitud mayor, porque debe de ser el espectador quien asuma una postura concreta, ya que en muchos momentos no la encuentra en pantalla.