En una década llena de obras maestras como fue la de los 50, no es sorprendente que muchas de ellas sean ignoradas repetidamente. Uno de los motivos es que no constituyeran, por sí mismas, obras seminales, esto és, fuente de la que brotara un nuevo estilo o un conjunto de películas que las tomaran como punto de partida. Otro motivo es la ignorancia por parte de la crítica de las obras de género, muy especialmente, de la comedia, el musical o el fantástico. Sería el caso de clásicos como Mon oncle.
Tampoco se puede olvidar que Jacques Tati ha sido frecuentemente ignorado, o menospreciado, tachándole de ingenuo o pasado de moda. Quizás Tati y Hulot, este tío nuestro y alter ego del director, esté pasado de moda según determinados criterios. Por que a la inteligencia visual y a la reivindicación de determinadas normas de conducta se las considera pasadas de moda.
¿Hulot es un personaje anticuado? Si planteamos la educación, la civilidad, como un valor anticuado, tal vez lo sea. Si planteamos la imaginación como un valor anticuado, lo es posiblemente. Si pensamos que la espontaneidad es un valor pasado de moda, Hulot es, sin duda, un personaje de otro siglo. Por que Hulot, a imagen y semejanza de Tati, es un individuo naif, que no estúpido; sencillo, que no simple, y, sobretodo, espontáneo. Y el cine de Tati es, por ello, eternamente espontáneo.
Mon oncle, como Jour de Fete y Las vacaciones de M. Hulot, son cintas que se mantienen frescas, vivas. Algo que ya no sucede con otra obra magistral como Playtime, más pensada, más ambiciosa y menos espontánea. Y es que el cine de Tati tiene el vigor que tienen sus personajes. La fuerza de la sinceridad de este tío que se desplaza del barrio sencillo a la zona urbanizada dónde viven los Arpel, como lo hace su sobrino en sus correrías y como hace la banda de perros callejeros a la que se une felizmente el mimado perro de los barrios altos. Hulot es la inocencia y se puede tumbar a echar la siesta, sin el disimulo con que la hacen sin embargo todos los trabajadores de Arpel, expertos en el escaqueo como determinan los patrones sociales. Y es que la sinceridad de Tati no se limita a añorar la felicidad del pueblo llano o la nostalgia del barrio obrero, sino que denuncia de modo sutil pero con energía los vicios de los alcohólicos y los vagos como la estupidez o la soberbia de los burgueses,
Para conseguir este efecto, Tati emplea su habilidad en brillantes gag visuales o sonoros. En determinada secuencia, el grupo de pillos sale de la escuela dispuesto a arrasar. En su primer asalto, los niños golpean el parachoques posterior de un vehiculo y una tapa metálica en el momento en que se acerca otro auto. El primer conductor interpreta indignado (pero sin perder la compostura) que el otro le ha embestido. Éste no comprende nada. La tercera conductora sonríe estúpidamente (“ah, les enfants…”), convencida que los niños han sacudido su vehículo, cuando su coche es embestido por otro. Tati recurre tanto al off visual como a los efectos sonoros y refuerza la puesta de escena mediante un casting exquisitamente seleccionado consiguiendo un gag de efectividad asegurada. En su segundo ataque los taimados cachorros se dedican a lanzar un silbido en el momento que un transeúnte se acerca a una farola, apostando sobre la posibilidad que se golpee con ella. En determinado momento uno de los niños se pone a barrer la calle para “reconducir” al paseante hacia el poste. Así construye Tati su cine. Basándose en lo más simple, reelaborandolo con una mirada pícara y recurriendo a la habilidad de un observador cotidiana y de un cineasta brillante.
Y, antes de pasar página, un breve repaso a algunas estratagemas que Tati utiliza para construir un conjunto de escenas magistrales:
1. La coreografía interna de la escena. Imprescindible tanto para adornar poéticamente a un Hulot que asciende parsimoniosamente por la laberíntica escalera de su viejo caserón y recogida en plano frontal y tiempo real, como para reflejar la ridiculez burguesa de los Arpel y sus invitados dando vueltas absurdas según las pautas que su propio jardín de diseño les determina.
2. La contemplación irónica de los avances tecnológicos y el diseño: la cocina moderna, el sofá que Tati tumba para utilizarlo como cama, la célula electrónica que encierra a los Arpel en el garage y ante la cual la criada teme pasar.
3. La reelaboración del objeto como ser vivo. De los tubos de Arpel que avanzan sinuosamente, a su casa que en la oscuridad parece un rostro humano animado por sus propios amos. Del reflejo de luz en la ventana que anima un pájaro invisible al pescado metálico cuyo gorgoteo avisa de la llegada de visitantes…
Quizás Tati no fue el cineasta más prolífico. Una lástima. Pero, afortunadamente, su cine puede verse con placer una y mil veces. Y Hulot acaba siendo un familiar lejano pero muy, muy, querido.