Un chant d'amour (Jean Genet, 1950)

Por Nicole Brenez

Igual que Film, obra quince años posterior de Samuel Beckett, Un chant d’amour  es la única realización cinematográfica de su autor. Igual que el Film de Beckett, Un chant d’amour representa una investigación fundamental sobre las potencias de la imagen —el cine parece tener una necesidad vital de escritores que le hagan decir lo que es y lo que puede. Pero, mientras Film intenta agotar las imágenes de la percepción, Un chant d’amour  totaliza las imágenes del cuerpo. Un guardia, un preso enamorado, los demás presos como otros tantos iconos del deseo: intercambios de miradas, de golpes y, sobre todo, de fantasías: la cárcel libera las imágenes.

El cuerpo masculino multiplica sus modos de aparición, a veces silueta escultural, a veces detalle anatómico (hermosura o fisiología en decadencia) realista u onírico, violento e idílico. Ya sea en su concreción material, ya en la abstracción de su contorno ideal, es ídolo y blasfemia visual.

“Cuando dibujas un desnudo”, decía Leonardo da Vinci, “procura hacerlo por entero”. Genet, por su parte, trabaja sobre la integridad de registros de la presencia corporal en pantalla. El guardia sale de una celda, sueña, vuelta a la realidad, que le mete el revólver en la boca al preso que deja en la celda, y muy despacio, con los ojos cerrados de placer, expulsa del cuadro la cara de la víctima en primer plano. Mediante una crisis de montaje (co-presencia indebida de los cuerpos), el proyecto figurativo del film se remata en una erotización intensa de la desaparición.

Aquí se afirma el carácter experimental de Un chant d’amour: agotar las propiedades de la imagen cinematográfica en relación al deseo figurativo. Quizás por eso, como escribe Edmund White,  Un chant d’amour “desvela, en su forma pura, las técnicas que usaba Genet en sus novelas y obras de teatro”.

© Traducción del francés de Juan Luis Paredes