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Por Carles Matamoros

Los zombies también tienen talento

Sitges es un lugar tan bello como especial. Emblemático pueblo de veraneo para la burguesía catalana y destino preferente del turismo gay, sus calles, en cambio, parecen transformarse radicalmente durante la primera quincena de cada mes de octubre. Zombies, psicópatas y alienígenas campan a sus anchas. Y, aunque sólo sea por unos días, la playa y el mar dejan de ser los mayores reclamos turísticos. El peregrinaje de cinéfagos y curiosos no tiene fin. Varias generaciones de cinéfilos se dan de la mano y colapsan un pueblo que agradece el irrefrenable crecimiento de un festival que, no lo olvidemos, empezó como la disparatada idea de unos fanáticos del fantástico cuarenta años atrás.

Intentar hacer balance de todo este tiempo es acercarse tanto a épocas oscuras como a años gloriosos. Las influencias políticas, los continuos cambios en la gestión y las inacabables disputas sobre las distintas denominaciones del propio festival darían para numerosos artículos. Y es que, han sido tantos los problemas, que hoy parece un milagro que esto siga en pie. La considerable estabilidad alcanzada con la llegada a la dirección de Àngel Sala en 2001 y el aumento de las inversiones de la Generalitat auguran un buen futuro para un evento que, en los años noventa, había perdido parte de su carácter fantástico que ahora ya ha recuperado. Pero los peligros —como la masificación— están a la vuelta de la esquina y, como si de una cinta de terror se tratase, todo puede irse al garete en el momento menos esperado por culpa del fantasma de turno.

Ajena a las disputas políticas, la selección de películas para este 40 aniversario —en el que se rinde homenaje a Blade Runner con la visita incluida de Rutger (replicante) Hauer y la proyección del último montaje digital del filme— promete ser incluso mejor que la de la magnífica pasada edición, lastrada por el descafeinado tributo a David Lynch. Revisando el programa, son tantas las proyecciones apetecibles que uno no sabe si decantarse por los autores de culto o arriesgarse con los talentos desconocidos que inundan la sección oficial. Y es que, desde tiempos pretéritos, Sitges ha sido un lugar de descubrimientos. Son muchos los cineastas que deben estar agradecidos a un festival que sabe cuidar de sus propios clásicos —este año, sin ir más lejos, se proyectan los nuevos trabajos de Takashi Miike, Johnnie To y Park Chan-wook—, pero que también apuesta, edición tras edición, por nuevos cineastas que, asimismo, se convierten en habituales del festival en los años venideros. Consiguiendo la fidelización de un público que, si no fuese gracias a Sitges, no podría seguir la carrera de sus directores preferidos.

Los premios entregados a trabajos primerizos de David Cronenberg (Vinieron de dentro de...), Dario Argento (Rojo oscuro), Sam Raimi (Evil Dead), Neil Jordan (En compañía de lobos), David Lynch (Terciopelo Azul), Quentin Tarantino (Reservoir Dogs) o Michael Haneke (71 fragmentos de una cronología del azar) son ejemplos de la política de un festival que incluso anticipó la nueva ola de terror asiático al programar (y premiar) a Hideo Nakata —también con película este año— por la fundacional Ringu en 1999. Vista así, la labor de Sitges va mucho más allá del aglutinamiento de los mejores titulos fantásticos del año. El festival es, más bien, un foco de atención que desde la reivindicación del cine de género ha conseguido que numerosos directores talentosos —marginados en eventos mayores en magnitud, pero menores en amplitud de miras— salgan a la luz para que los cinéfilos los descubramos. Y eso lo hace muy diferente de tantos festivales que apenas justifican su razón de ser.

Entrando ya a valorar el dispar interés de los 140 títulos que se proyectarán este año, se descubre un mayor atino de los programadores al colocar cada película en su sección correspondiente. Es decir, la oficial fantàstic no cuenta con títulos como Grimm Love o Requiem, triunfadoras de la pasada edición sin tener apenas nada que ver con el cine fantástico. Mientras que, por ejemplo, en la Noves Visions —dedicada a propuestas transgresoras e innovadoras fuera del ámbito de la fantasía— tampoco se incluye una cinta de terror como se hizo el último año con The Living and the Dead. Estos pequeños cambios confirman el interés de la dirección en seguir potenciando el cine fantástico como motor del festival. Aunque eso no implique que, gracias a las atractivas secciones paralelas, se puedan ver películas de calidad de otros géneros. Alejadas de la fantasía en sus temáticas, pero cercanas en cuanto a su espíritu transgresor. Recordemos que Sitges fue el primer festival de ámbito español en atraverse a programar cintas tan arriesgadas como Grizzly Man o Tropical Malady.

Quitando los nombres más llamativos de esta edición —hasta Woody Allen y Brian de Palma tienen nuevos filmes—, la película estrella del festival será con, casi toda seguridad, El orfanato de Juan Antonio Bayona. Con esta prometedora ópera prima, apadrinada por Guillermo del Toro y candidata española para los Oscar, se abrirá un certamen repleto de cintas de zombies —uno de los grandes homenajeados es George A. Romero, también con un título bajo el brazo—, de propuestas vinculadas con las nuevas tecnologías y reality shows (Rec, Senseless, Redacted) y de cintas que parecen beber del cine de terror norteamericano de los 70 —también con mucho peso en el festival con la retrospectiva American Gothic. Todo para satisfacer a un público ávido de cine que, pese al mal tiempo —en Sitges, siempre llueve durante el festival— y a los ya tradicionales problemas de transporte en los buses nocturnos, intentará ver el máximo número de películas en el Auditori, el Retiro, el Prado y en la nueva sala Tramuntana, preparada para esta edición.

Miradas de Cine volverá a estar presente en un certamen que promete muchas sorpresas y para el que, como guía ante tantos títulos, os sugerimos cinco buenas propuestas a devorar. ¡Bon appétit!

Boarding Gate de Olivier Assayas (Francia, 2007)

Incluida en la sección Seven chances de la crítica, esta debería ser una de las películas más sugerentes de todo el festival. Tras Demonlover y Clean, el director francés da un nuevo paso en su deconstrucción de los géneros cinematográficos. Aquí, el objeto de estudio es Asia Argento, en la ficción una bella italiana que deberá escapar a Hong Kong tras una turbulenta relación en Londres con un magnante de los negocios interpretado por Michael Madsen. Promete ser una reformulación de los thrillers de serie B de alto contenido erótico. Veremos.

Brand upon the brain! de Guy Maddin (Canadá, 2006)

También en la sección de la crítica, el nuevo trabajo de uno de los directores preferidos del festival —ganó en 2002 con Dracula: page's from a Virgin's Diary— que basa su estilo en la reutilización de la estética del cine mudo. Sus películas son ágiles, divertidas y muy originales. Esta historia autobiográfica —el protagonista es un niño llamado Guy Maddin— promete ser más reflexiva que sus anteriores, pero igual de fascinante.

Halloween de Rob Zombie (EE.UU., 2007)

Tras consolidarse con dos trabajos bestiales, el músico de heavy metal se dispone a versionar el clásico de John Carpenter. La película, una de las más esperadas del festival, se incluye en la sección oficial fantàstic y promete ser cruda, rápida y con mucha sangre. Jugársela con un remake de un clásico es arriesgado, pero si le ha salido bien será uno de los títulos de la temporada.

It Is fine! Everything is fine! de Crispin Glover (EE.UU., 2007)

El lunático actor presenta su segundo trabajo tras ganar el año pasado la sección Midnight extreme con la inclasificable What is it?. Aquí los protagonistas no son ni actores con síndrome de down ni caracoles que hablan. Toda la atención se centra en el propio guionista de la película, Steven C. Stewart, afectado de parálisis cerebral que exterioriza en la pantalla sus deseos sexuales en compañía de todas las mujeres con las que es capaz de soñar. La rareza de un festival de rarezas.

Grindhouse de Robert Rodríguez y Quentin Tarantino (EE.UU., 2007)

Excelente —y casi única— ocasión para ver los dos segmentos juntos en su versión original americana. Es decir, Planet Terror y Death Proof reducidas y enganchadas en sesión contínua con los falsos trailers en la parte central. La película se programa sólo de madrugada con lo que el ambiente entre los aficionados puede estar caldeado y recordar al de los cines de barrio que tanto reivindica Tarantino.