Un funeral de muerte (Frank Oz, 2007)

Por Israel Paredes

En la última película dirigida por Frank Oz, Un funeral de muerte (Death at a Funeral, 2007) ningún actor es especialmente conocido. Sus rostros pueden resultar familiares e incluso es posible ubicarlos en alguna película, pero nunca llegan a suponer una presencia determinante en pantalla. Esto, que cara a la taquilla puede resultar perjudicial, acaba siendo uno de los puntos más importantes para que Un funeral de muerte, sin llegar a ser una película redonda, sí resulte una de las mejores comedias de los últimos años. Todos los actores poseen una importancia más o menos similar, otorgando al conjunto un aire coral donde ningún personaje pierde relevancia, pero tampoco la adquiere por encima de otros. Lo anterior tiene su lógica si se tiene en cuenta que en Un funeral de muerte es una familia la protagonista, aquella que se prepara a enterrar al cabeza de la misma, de ahí que el sentido conjunto otorgue mucha más fuerza a la idea de la familia como bloque que, a su vez, se irá descomponiendo según avance la ceremonia.

La familia se ha convertido en los últimos años en el punto de mira de casi todas las comedias; desde diferentes enfoques, casi mejor que cualquier otro género, los nuevos valores que la sociedad actual ha ido extendiendo alrededor del concepto de familia y las complicaciones, cada vez mayores, de formar y mantener una, han ido trazando los argumentos de muchas comedias desde muy diferentes maneras de verlo, siempre dejando la sensación de que hoy en día cada vez resulta más complicado el establecer unos lazos de unión entre las personas. En Un funeral de muerte la mirada se centra en una familia inglesa, además, de marcado corte conservador o tradicional, al menos esa es su apariencia. Una familia disfuncional en todos los sentidos que, sin embargo, apenas lo demuestra de manera externa; sin embargo, a poco que se va conociendo a sus integrantes, se puede apreciar que todos ocultan algo, que hay un pasado que pesa en las espaldas.

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Desde el comienzo, Frank Oz va trazando el caos que va envolviendo a la familia de manera muy elegante y recuperando un sentido de la comedia muy inglés que parecía olvidado, algo que no deja de ser curioso si se tiene en cuenta que Oz es norteamericano; quizá sea porque su guionista, Dean Craig, no lo es y tiene bien aprendido ciertas cosas. Pero lo que está claro es que tanto ellos como el resto del equipo, especialmente los actores, se toman todo tan en serio como en broma, logrando que casi todos los momentos de humor estén controlado y apenas desvirtúen el conjunto, a pesar de que algún instante no logra estar a la altura de los demás. Desde luego que no puede decirse que sea una película perfecta, tampoco busca serlo. En apenas hora y media es capaz de trazar una historia de caos y comedia alrededor de temas muy serios sin que en momento alguno decaiga, asumiendo un estilo tan frenético como la propia situación que se va generando en la historia.