El Festival Internacional de Cine de Gijón celebra del 22 de noviembre al 1 de diciembre de 2007 una nueva edición que, a priori, se presenta como plenamente coherente con los valientes y desacomplejados planteamientos que ha venido desarrollando en los últimos años de la mano de sus máximos responsables, José Luis Cienfuegos y Fran Gayo. El certamen amplía este año su duración en un día más para poder dar cabida a un amplio muestrario de películas que, sin duda alguna, se inscriben dentro de los caminos entrecruzados de la modernidad cinematográfica y sus derivaciones, pliegues y repliegues. Es muy loable la labor llevada a cabo por el Festival de Gijón no sólo durante los días en los que éste se lleva a cabo, sino también el trabajo que realizan durante todo el año organizando ciclos y proyecciones especialmente destacables en una comunidad como el Principado de Asturias, en la que no existen salas en versión original, en la que el material ofrecido por los multicines (haciendo alarde del insoportable doblaje) que aún no han cerrado sus puertas (como lo han hecho algunos de los pocos que se atrevían a programar alguna cosa fuera de lo convencional) ofrece cada vez una menor variedad, limitándose tan sólo a los blockbusters (o a aquellos productos que los distribuidores piensan que podrán ser un taquillazo, lo cual no es garantía ni mucho menos de que lo terminen siendo), y en la que las tímidas (y escasas) actividades de la Filmoteca resultan ridículamente faltas de rigor, capacidad de riesgo o conexión con la realidad audiovisual contemporánea, más aún si las comparamos con las del Festival.

La Sección Oficial preparada para esta edición se nos antoja como una de las más apetitosas de los últimos tiempos (tal vez la más que puedo recordar). Por las pantallas gijonesas desfilarán, entre otros, títulos tan anhelados por nuestras (un poco cansadas) retinas amateurs como La question humaine, de Nicolas Klotz, precedida de unas excelentes críticas cannoises; Import / Export, nueva aportación del austriaco Ulrich Seidl, uno de los cineastas fetiche del Festival; Fay Grim, del también homenajeado en su día Hal Hartley; la controvertida Help Me Heros, realizada por Lee Kang-sheng, el “muso” de Tsai Ming-liang; The Darjeeling Limited, el flamante último trabajo de Wes Anderson; o las españolas El silencio antes de Bach, anhelado regreso del irreductible Pere Portabella y Unas fotos en la ciudad de Sylvia, el complemento de José Luis Guerín para En la ciudad de Sylvia, la cual se proyectará asimismo (subsanando su vergonzoso no-estreno en Asturias) en otra de las secciones. Las retrospectivas de este año tendrán como protagonistas a cinco realizadores, la mayoría de ellos de carreras aún incipientes: La libanesa Danielle Arbid, de quien se estrenará Un homme perdu, vista en Cannes este año, y la actriz y directora estadounidense Anna Biller, dos presencias que vienen a confirmar el creciente interés del Festival por dar a conocer por estos lares ciertas miradas femeninas, y que unen sus nombres a los de Claire Denis o Pirjo Honkasalo, cuyo cine fue estudiado en ediciones previas. El resto del elenco lo conforman Pawel Pawlikowski, ganador en Gijón en su día con The Last Resort, el mexicano Carlos Reygadas, de quien se podrá ver su premiada La luz silenciosa, y el japonés Shinya Tsukamoto.
Como no sólo de cine contemporáneo vive el aficionado, también podremos seguir recuperando los orígenes cine moderno con la nueva entrega del encomiable proyecto “Nuevos cines”, que el Festival presenta con la colaboración de la Filmoteca Española, la Filmoteca de Valencia y el Centro Galego de Artes da Imaxe. Tras volver la vista hacia el Free Cinema británico, La Nouvelle Vague francesa, el Nuevo Cine Español y la Escola de Barcelona, el Nuevo Cine Americano, el Nuevo Cine Italiano o los Nuevos Cines del Este de Europa, en esta ocasión le toca el turno al Nuevo Cine Alemán, de quien se repasarán algunas de las películas más representativas de las intenciones rompedoras surgidas tras el famoso Manifiesto de Oberhausen, fechado en 1962, en el que un grupo de cineastas germánicos se alzó contra el carácter melifluo y blando del cine institucional alemán de la época. Además de recuperar trabajos iniciales de directores como Werner Herzog, Rainer Werner Fassbinder, Jean-Marie Straub, Wolfgang Petersen, Volker Schlöndorff, Wim Wenders o Margarethe von Trotta, será una buena oportunidad para recuperar el cine de los menos conocidos Hans-Jürgen Syberberg, Alexander Kluge, Reinhard Hauff, Peter Fleischmann, Werner Schroeter, Rosa Von Praunheim o Peter Handkle, entre otros. Una buena oportunidad para que volvamos a darnos cuenta que existen películas del pasado que pueden resultar más modernas, refrescantes y subversivas que la mayoría del cine que se consume en la actualidad.

En cuanto al resto de secciones, continúan los ciclos Desorden y Concierto, que explora una vez más la confluencia entre cine y música; Enfants Terribles, con películas de corte infantil y juvenil (que no infantiles); el seminario Universo Media, dedicado en esta ocasión a las “Poéticas del cine”; Esbilla, en la que se desgranará una selección de prometedores títulos procedentes de otros festivales; Llendes, una de las secciones más arriesgadas y apasionantes del certamen, que casi siempre descubre alguna nueva gema en los límites de la representación fílmica; así como un buen surtido de cortometrajes locales, nacionales e internacionales repartidos en diferentes secciones paralelas. Si hemos de ponerle un pequeño pero a la evolución de un festival como el de Gijón sería tal vez la paulatina desaparición de su programación de películas anteriores a los años de la modernidad cinematográfica. Un servidor atesora el buen recuerdo de haber podido ver dentro del certamen joyas de la talla de Vampyr (Carl Th. Dreyer), Tabú (Friedrich W. Murnau) o El acorazado Potemkin (Sergei M. Eisenstein), y se echa de menos aquella pequeña sección, llamada Secret Cinema, en la que se recreaba la experiencia de un espectador de cine mudo que asiste a un pase acompañado de música tocada en directo (una idea tal vez no tan distinta de lo que pretendía Tarantino en Grindhouse respecto a los programas dobles de los 70). Supongo que la meteórica conversión de internet en un recurso cada vez más potente de cara al acceso a ese cine remoto será una de las posibles causas de que haya ido dejando de ser incluido en la programación. Entre los aspectos más destacables de este año, reseñar la creación de un premio para el cine de “No-ficción y documental”, que viene a llamar la atención definitivamente sobre la existencia de un importante núcleo duro de propuestas que se mueven a caballo del documento, el ensayo fílmico y el cine anarrativo.
De todo esto y mucho más tendrán los lectores de “Miradas de Cine” cumplida información (crítica y subjetiva, por supuesto) en la posterior crónica del Festival, en la que esperamos confirmar, por si había dudas, nuestra impresión de que estamos ante uno de los certámenes cinematográficos más cruciales en el panorama español.