Beowulf (Robert Zemeckis, 2007)

Por Emilio Martínez-Borso

Game Over

Parece ser que Robert Zemeckis le ha cogido demasiado el gusto a rodar películas mediante el sistema del motion-capture (para aquellos que no lo sepan, se trata de rodar a los actores reales rodeados de un traje especial, sobre un croma, para luego digitalizarlos) tras su anterior Polar Express por allá en el 2004, y ésta vez ha querido ir más lejos ofreciéndonos una película épica de honor y coraje, de buenos y malos, de valientes y cobardes. De héroes y monstruos en definitiva.

Tomando como premisa el poema anglosajón más antiguo que se conoce, y que lleva el mismo nombre, y del mismo modo que Wolfgang Petersen hizo con su adaptación de la Ilíada de Homero en Troya, Zemeckis ofrece una singular adaptación del poema limando los pasajes más densos y oscuros par ofrecernos una lisa capa de épica simple, pura y dura…pero demasiado simple. En la adaptación llevada a cabo por el ex colaborador de Tarantino Roger Avary, y Neil Gaiman, éstos han optado por una reducción extrema del material original a fin de adaptarlo al público, los gustos y las posibilidades comerciales actuales, transformando un documento histórico sobre las hazañas del héroe Danés del siglo VI d.c. en un tebeo para toda la familia, que será disfrutada y olvidada con la misma rapidez.La primera pregunta que a uno le envuelve tras el primer visionado de Beowulf es… ¿Por qué? Normalmente este tipo de adaptaciones suele tener un propósito, un fin, mostrar una cara oculta de la historia, rendir a un personaje demasiado tiempo vilipendiado, u ofrecer una recreación lo más exacta de ese momento histórico, para invitar al espectador a ser parte de esa historia. En el caso que nos ocupa, Zemeckis ha obviado todas las posibilidades dramáticas (por no mencionar las históricas) para centrarse en una simple sucesión de secuencias espectaculares amparadas en la infinidad de posibilidades que los efectos digitales pueden ofrecer hoy en día. Si uno se fija en la carrera de Zemeckis como cineasta, se dará cuenta que este señor sabe dirigir películas, él nos trajo la fantástica trilogía de los viajes en el tiempo de Marty Mcfly y el Doc. Brown, nos regaló a Forrest Gump, y nos dijo quien engañó al pobre Roger Rabbit, por consiguiente, suponiéndole un cierto y mínimo criterio, ¿Cuál ha sido el error aquí?

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La culpa no es sólo del propio Zemeckis, quien demuestra que en efecto sí sabe dirigir una película, la tensión y el ritmo son intachables, las secuencias de acción están francamente bien dirigidas, y los momentos íntimos, consigue dotarlos de un aire cercano y acorde al tono que se le exige, incluso se permite momentos brillantes como la pelea entre un desnudo Beowulf y el gigante Graendel, o la seducción del héroe por parte de la madre de Graendel, pero el problema radica en su génesis, en su origen. La historia queda reducida a un trazo, y los personajes a una broma. Beowulf no es más que un patán que sólo busca camorra y gloria, el personaje que encarna John Malkovich, de no ser por él no se aguantaría derecho, incluso el gran Anthony Hopkins no puede con una caricatura de rey premedieval. En algunos casos, las situaciones y diálogos son irrisorios, tanto que no pueden ser ni disculpados por las costumbres de los hombres en el siglo V. El guión hace aguas por todas partes, estableciendo una elipsis en medio del relato, totalmente innecesaria, sólo para conducirnos a una catarsis final del héroe que no es creíble porque no ha dado tiempo ha ser desarrollada previamente.

El hecho que el largometraje, sea todo digital y animado, provoca sentimientos encontrados. Por una parte sorprende lo que es capaz de conseguir Zemeckis, alardes visuales completamente impresionantes, y secuencias de acción muy estimulantes, que como contrapunto, uno tiene la sensación de estar delante de un videojuego de la Play Station (De hecho, si no me equivoco, ya lo están vendiendo en los grandes almacenes más cercanos). Ante esta fallida y simplista traslación al cine (familiar) del original Beowulf, uno tan solo puede preguntarse ¿Por qué?