En El fotógrafo del pánico , una de las obras maestras más turbadoras de toda la Historia del Cine, Mark Lewis hacía de las víctimas forzosos testigos de sus propias muertes, obligándoles a observar sus rostros en el exacto momento en que ponía fin a sus vidas. De igual manera, el espectador se encontraba en esa misma tesitura mediante la utilización de la cámara subjetiva, identificándose con el asesino y asistiendo en primera persona a un acto de inenarrable brutalidad. [REC] retoma el recurso de la subjetivización mediante una fórmula que, si bien sobre el papel puede no tener mucho que ver con el film de Michael Powell, sí mantiene una esencia idéntica: la exigencia de "ver", de entrar en el horror a través de la imagen a través del mismo objeto que comunica al espectador con la realidad filmada, la cámara. En un momento dado del film de Balagueró y Plaza, el único recurso que tienen los dos protagonistas para vislumbrar algo en una absoluta oscuridad es, precisamente, éste objeto que se convierte, así, en el núcleo semántico de todo lo expuesto por los cineastas, en el conducto que comunica a quien contempla el film con la situación que se expone. No asistimos a la disección de una mente desquiciada que tiene una visión trastornada de la realidad, pero sí a una situación que posee características totalmente deformadas que tomamos como la más nítida realidad merced al prisma con el que están expuestas.
[REC] juega constantemente con la fusión entre lo cotidiano y lo excepcional, explotada al máximo a todos sus niveles. Primero que nada, sitúa sus raíces en la filmación de un programa televisivo, concibiendo éste marco como un factor que delimita el aura de veracidad que la película no abandonará a lo largo de su duración. Precisamente, si algo define [REC] y la convierte en un título verdaderamente único es el tratamiento atmosférico, terroríficamente auténtico y cotidiano, del que se vale. Desde la naturalidad en las interpretaciones de todos sus actores (espléndida Manuela Velasco), a la inteligentísima utilización de un buen número de situaciones que vemos a diario en los programas televisivos (las "tomas falsas", la preparación de las entrevistas, las increpaciones para que se apague la cámara), la película tiene la enorme virtud de hacer que la ficción quede transformada en una realidad tan insoportablemente verosímil que el espectador acaba convirtiéndose en otra víctima más del espanto que viven los personajes. Sin necesidad de manipular como se hizo en la ya olvidada El proyecto de la bruja de Blair, es decir, haciendo pasar por verídico lo que no era más que pura invención, Balagueró y Plaza consiguen invertir éstos aspectos y ofrecer un denso soporte de autenticidad a la ficción creada.

[REC], por consiguiente, va mucho más allá de una simple película "de zombis" y de algunas de sus referencias cinematográficas (además de los films citados, también circula por la trama la influencia de Posesión infernal de Sam Raimi). Es un análisis complejo de la esencia del miedo, de su subjetividad, del prisma sensorial con el que éste se presenta. En el film, la presencia de una larguísima escalera significa un factor de angustia decisivo que los cineastas tratan con una contundencia verdaderamente espeluznante, al igual que la utilización del resto de los espacios en los que se desarrolla la película (pasillos, habitaciones, el portal,…) expuestos con una desnudez absoluta, sin recreaciones estéticas, haciendo de ellos un pavoroso elemento claustrofóbico que cierra el film sin ambages ni medias tintas. [REC] tampoco hace concesiones a su concepto del horror. La situación acontece de una forma súbita, subrayando lo imprevisible, la anormalidad yaciente en los recovecos más corrientes de nuestra vida. Sin ningún género de dudas, es éste factor el que más interesa a sus máximos responsables, ya que sus modos y maneras cinematográficas apuntan a una manera de plantear la historia, desprovista de psicología e inmersa, directamente, en la materialización de un horror, por momentos, muy difícil de soportar.
[REC] por todo ello es, como suena, una obra maestra. Llamada a convertirse en un film referencial del cine de terror postmoderno representa la pieza más importante que éste género ha ofrecido en lo que llevamos de década (junto a otra película también española, Los Otros) y la confirmación de sus cineastas (sobretodo de Jaume Balagueró) como dos nombres trascendentales en el rancio panorama cinematográfico de éste país.
Olvídense de insufribles memeces como El orfanato. La gran película de terror de éste año lleva por título [REC].