52 SEMINCI

Por Javier Castro

1. Algunas notas sobre la organización del Festival

«El DVD es el futuro de los festivales». Palabra de Juan Carlos Frugone, director de la Semana Internacional de Cine de Valladolid. ¡Gran noticia para los amantes del cine y los festivales! ¿Quieres montar un festival de prestigio en tu pueblo, ciudad, estado asociado, realidad nacional o país? Pásate por la biblioteca pública más cercana, coge 20 DVDs con una cierta unidad temática (también se los puedes pedir a un amigo, pero en ese caso que te pase una copia a DVD 5, o incluso a DivX, porque no hace falta el DVD 9, ya que puedes permitirte creer que al público le va a dar igual). No te compliques la vida buscando películas raras que no estén editadas en España, que no merece la pena; sólo lo que puedas encontrar en la biblioteca o el centro comercial más cercano. Proyéctalos de cualquier manera (ese proyector que no funcionaba bien en tu instituto o facultad puede servir perfectamente), cobra la entrada a precios entre 2,50 € en las sesiones matinales y 4 € en las de noche, y ya está. Ya tienes un festival con unos ciclos de calidad igual o superior a los de la SEMINCI.

Si necesitas personal para organizar el festival tampoco hace falta que te compliques la vida. La gente que sabe hacerlo bien sale cara y en su mayoría ha sido despedida hace tiempo o está quemada o de baja por depresión, pero no te preocupes porque no es necesario que salga bien. Lo importante es que parezca que ha salido bien. Ya sabes que en las crónicas se va a hablar sobre todo de las películas, como debe ser, y los aspectos organizativos están comentados al final de la crónica (si es que están) y esa parte no se la llega a leer ni el cinéfilo más recalcitrante. Así que no te molestes en buscar gente preparada que podría conseguir hacer un festival digno y acude a la Empresa de Trabajo Temporal de turno. Pide personal joven y no cualificado (que va a intentar hacerlo bien, pero como no les dirigen bien ni tienen experiencia previa no lo podrán hacer). Págales 4 perras (ya sabes, pagas 240 por trabajador a la ETT para que el currante reciba 100, pero como el cacique local quiere que se haga así —sus razones tendrá— y si no no te subvenciona, pues se hace y tan contento), y adelante. Total, las broncas a pie de sala se las van a llevar ellos, y tú como director te limitarás a recibir los agradecimientos y halagos de los premiados y participantes en el festival, y a hacer declaraciones hablando de los bien que se ha organizado y lo bueno que es el DVD.

PD: Quiero expresar mi solidaridad con casi todo el personal que trabaja en el festival; conozco a unos cuantos que son muy válidos y se dejan el alma en ello, pero al igual que la armada invencible, no están en él para luchar contra los elementos.

2. Impresiones generales

La programación oficial este año tenía bastante buena pinta a priori. Sobre todo la selección de cine asiático incluía mucho de lo mejor visto en otros festivales importantes. Es curioso que este es uno de los aspectos que se atacaba de la anterior administración del festival. Cierto es que no se han corrido muchos riesgos, ya que la práctica totalidad de la sección oficial venía con la distribución asegurada, pero hay que reconocer el tirón que tienen Wong Kar-Wai, Ang Lee, Hou Hsiao Hsien y otros. Junto a estas propuestas más mediáticas, un surtido de cine con aspecto interesante, nombres conocidos que pueden dar (de hecho en algunos casos han dado) alegrías, una sorpresa agradable, y un par de películas con aspecto de apuestas personales de alguien de por ahí arriba que podríamos calificar benevolentemente de abyectas. Lo normal si se compara con la media de los últimos años.

Un punto que hay que aclarar es que la calidad de la sección oficial no debe confundirse con la del palmarés. Si aquella fue media con cosas interesantes, aunque nada para entusiasmar, este difícilmente pudo ser más absurdo. Si exceptuamos el Premio de la Crítica Internacional a la hermosísima (aunque vacua) Le voyage du ballon rouge de Hou Hsiao Hsien, el resto de los premios importantes dan autentica grima. 14 Kilómetros de Gerardo Olivares, primera película española en ganar la Espiga de Oro (además de mejor música y fotografía), es una mala película desde todos los puntos de vista, pero el tema que trata te hace empalizar con ella a pesar de todo. Recursos fáciles, búsqueda continua de lagrimeo con muy manidos toques de humor, giros de guión inverosímiles y rayanos en el ridículo y malas interpretaciones jalonan una cinta que se salva por la sincera denuncia que plantea sobre la inmigración, aunque su lucha es más contra el abuso y terribles condiciones a las que se somete a los inmigrantes que respecto al problema de base que la causa y que nunca trata: si la riqueza y los recursos vienen de África hacia Europa, ¿cómo es posible creer que no va a venir la gente detrás?

La película polaca Plac zbawiciela (Plaza del Salvador) de Krzysztof Krauze y Joanna Kos-Krauze, que obtuvo la Espiga de Plata y el premio a la mejor interpretación femenina, fue una de las dos o tres peores del festival. Su intento de denuncia de la precariedad laboral y social resulta tremendista, misántropo, delirante y manipulador (el engaño al que somete al espectador con los niños es como mínimo tramposo). Puede justificarse el premio al mejor actor para Kart Markovics por Die fälscher (Los falsificadores) del austriaco Stefan Ruzowitzky, una película sobre el genocidio nazi que aunque no aporta nada al menos no sonroja, y narrativamente resulta ágil y habilidosa. Tampoco son inadecuados, aunque yo hubiera tenido otros candidatos, los galardones obtenidos por el israelí Eran Kolirin al mejor guión y al mejor nuevo director por su película Bikur hatizmoret (La banda nos visita), que comentaré detenidamente más adelante.

La pena es que cuando se recuerde esta edición del festival eso es lo que quedará en el recuero y en los libros, una edición que por lo demás tampoco va a dejar mucho que recordar.

3. Selección de películas

Le voyage du ballon rouge, de Hou Hsiao Hsien (Francia/Tailandia, 2007)

En 1956 el francés Albert Lamorisse dirigió una pequeña gran joya de la historia del cine llamada Le ballon rouge, que también pudimos ver este año en la SEMINCI en la sección Punto de Encuentro. Hou Hsiao Hsien parte de este tierno y divertido relato para homenajearlo explícitamente y, mediante una historia más bien mínima (y sin mucho interés), tratar de conseguir la fascinación de aquel. Y aunque no llega al nivel de esa maravilla, su radical apuesta estética, su cadencia hipnótica, su planificación milimétrica, minimalista, contemplativa, consigue fascinar y emocionar de puro goce sensorial. O al menos lo consiguió conmigo, puesto que a gran parte del público le resultó aburrida y vacía. Se compone a base de planos secuencia rodados mayormente en el interior de un pequeño estudio en el que viven una madre (interpretada por Juliette Binoche) con su hijo y la cuidadora de este. Y es en esos momentos en la casa cuando la película alcanza su mayor refinamiento, independientemente de lo que pase en ese pequeño espacio, con la cámara flotando sugerente y parsimoniosa, como un globo que mirara por la ventana.

Bikur hatizmoret, de Eran Kolirin (Israel/Francia, 2007)

Una película tranquila con sus toques románticos, cómicos, solidarios y multiculturales es lo que nos propone en su opera prima el israelí Eran Kolirin. Se trata de una obra muy bien medida, con sus valores servidos con sumo cuidado y en su justa medida, hasta el punto que resulta a ratos fría y automática. Demasiado preparada, artificiosa. Sin restar por ello méritos a una cinta que entretiene, divierte y emociona. También muestra un punto de vista edulcorado de las relaciones entre israelíes y árabes, aunque ya se sabe que lo que hace la gente normal no tiene mucho que ver con lo que pergeñan los políticos o manipula la prensa. Nos muestra a una banda de músicos del ejército egipcio que van a un pueblo de Israel a dar un concierto en la inauguración de un centro Árabe. Pero se confunden y el día anterior al concierto acaban en una localidad perdida, teniendo que ser alojados por los judíos que la pueblan. Allí se establecerán unas curiosas relaciones entre algunos de los músicos y habitantes del lugar. Sin ser una gran película, se ve con gusto.

Centochiodi, de Ermanno Olmi (Italia, 2007)

El director de El empleo, El árbol de los zuecos y de La leyenda del santo bebedor ha presentado una película intrascendente y modesta a la par que divertida y entrañable. Una de esas películas honestas que se ven a gusto, divierten y emocionan, y luego se olvidan, no porque tenga algo malo, sino porque no cuenta nada de especial interés. Aunque lo que cuenta lo cuenta muy bien, casi como un cuento infantil, y con esa cara de alegre perplejidad se queda uno tras verla, aunque por poco tiempo. Lo que comienza siendo una película de misterio con aspecto demoníaco y esotérico, ante la aparición en una biblioteca religiosa de cientos de libros atravesados con grandes clavos, se transforma de pronto en una película costumbrista, casi berlanguiana, ambientada en un pueblo casi místico e intemporal, donde la gente es buena y feliz y ajena a las preocupaciones del mundanal ruido. Allí llega el protagonista buscando sentido a su vida, huyendo de su pasada vida de estudio y consagración. Pero no se piense que encontrará la felicidad y la salvación. Al final la cinta nos deja un gustillo amargo, que no dura mucho, porque al poco de salir del cine uno no recuerda muy bien lo que nos ha contado.

Ensemble, c’est tout, de Claude Berri (Francia, 2007)

En una cosa se diferencia fundamentalmente esta película de la anterior que he comentado. Si aquella era intrascendente, pero honesta y sincera, esta no puede ser más rastrera y manipuladora. En todo lo malo de aquella coincide letra por letra. La típica película comercial hecha para gustar y encandilar a cualquier precio, aunque tenga que recurrir a los trucos más manidos. Clásica comedia romántica de pareja incompatible (él se hace el duro pero es un buenazo, ella es sensible y sincera, y ambos construidos artificiosamente para que te sientas identificados con ellos) pero que por azares del destino y a causa de personajes maravillosos que se meten por medio acaban enamorados y juntos para siempre. ¿A que te suena de algo? Sí, de un millón de películas, casi siempre americanas. En fin, que entusiasmará al público ávido de romanticismo estilo americano, y hará vomitar a quienes estén hartos de tanta sensiblería facilona miles de veces repetida.

Díe fälscher, de Stefan Ruzowitzky (Austria/Alemania, 2007)

Lo mejor que puedo decir de una película de nazis y campos de concentración es que no me indignó. Esta clase de películas suelen recurrir a revolver en las tripas y conciencia del espectador, olvidando que tras las barbaridades en las que se centran había personas (en ambos bandos), y que merecería la pena entrar en el adoctrinamiento que llevó a personas racionales y normales a perpetrar tales atrocidades y no sólo narrarnos cómo se ejecutaban. Si bien esta película cae bastante en lo segundo, tampoco se olvida plenamente de lo primero. Además, aunque la línea entre buenos y malos está perfectamente definida, no pasa por alto las mezquindades de los cautivos (sin llegar a la saña de von Trier con los esclavos de Manderlay). Además hay que reconocerla pulso narrativo, saber mantener el interés durante casi todo el metraje. Los actores también dan la cara muy dignamente. Hasta aquí lo bueno, porque esta historia de judíos en un campo de concentración esclavizados por los nazis para falsificar moneda extranjera tiene algunos fallos y concesiones de guión bastante sonrojantes, y el tratamiento de ciertas situaciones y personajes (la familia del militar alemán, el final de la película, o el judío idealista) cuando menos inverosímiles. En todo caso, se deja ver sin ser ninguna maravilla.

Mogari no mori, de Naomi Kawase (Japón/Francia, 2007)

La directora de Shara no defraudó las expectativas con una de las películas más esperadas del festival, para mi gusto la mejor de la sección oficial. También nos cuenta una historia mínima, pero mucho más desarrollada y epatante que la de Hou Hsiao Hsien, y con la misma intensidad visual. Una enfermera de una residencia de ancianos que ha perdido recientemente a su hijo se encariña con un viudo que no deja de pensar en su mujer fallecida muchos años antes. Un día se lo lleva de excursión y, tras un pequeño accidente con el coche, el anciano enfila decidido hacia el monte y a la joven no le queda otra que seguirlo. Kawase se recrea en los paisajes, en los bosques y los jardines, y deja actuar a los actores siguiéndoles cámara al hombro obteniendo unas magníficas interpretaciones (el anciano, Shigeki Uda, está magnífico en su papel de anciano vital pero obsesivo). Una pequeña joya que tener en cuenta cuando se estrene, pues a pesar de lo que pueda parecer sí tiene distribución en España.

My blueberry nights, de Wong Kar-Way (Hong-Kong/China/Francia 2007).

A falta de grandes historias en esta SEMINCI, lo que hemos disfrutado como ya se ha comentado son algunas películas visualmente deslumbrantes. Y Kar-Wai es un maestro en este campo. Su historia de amor a distancia entre una cliente habitual de una cafetería que se marcha para encontrarse a si misma, y el dueño del local, es inocente, amanerada y maniquea, pero gusta como un bombón por su envoltorio y dulzor. La galería de personajes variopintos que se encuentra en su viaje la protagonista (una Norah Jones que ni canta ni actúa tan mal) son un compendio de tópicos románticos tan inverosímiles como encantadores, tan trágicos como patéticos. Todos ellos interpretados por actores de primera fila que, ante la poquita cosa que representa Norah Jones, esta casi desaparece de los planos que con ellos comparte. Al cabo de unos minutos de visionado uno deja de plantearse la verosimilitud del relato y se abandona al puro goce estético y pueril, dejando de lado la memoria de las grandes obras que atesora este director.

Razzle Dazzle, de Darren Ashton (Australia, 2006)

La película que tenía peor pinta de toda la sección oficial al leer su argumento en el catálogo de la SEMINCI, y una de las pocas que no cuentan con distribución en nuestro territorio, se convirtió en la sorpresa más grata y divertida del festival. La cinta trata del mundo de las escuelas de danza infantil y los concursos entre ellas. Se centra en una de ellas, en la que un profesor “alternativo” compite con otras de corte clásico. Rodada en tono de falso documental, al estilo de Zelig de Woody Allen, con desternillantes entrevistas a los protagonistas de los hechos, nos va mostrando las esperpénticas sesiones del profesor chiflado, los delirios de los padres y madres de las niñas, la rigidez obsesiva de las escuelas clásicas, y la absurda competitividad y chabacanería del mundo en que se mueven. Y lo hace de un modo jocoso e incorrecto, dando por igual a concursos, profesores, padres, niños, y a la sociedad que permite sinsentidos de este calibre, con algunas salidas de auténtico humor negro que se prolongan hasta acabados los títulos de crédito. Una catarsis humorística entre la sobredosis de esteticismo y drama de la sección oficial. Lástima que no parece que se vaya a estrenar por aquí.

XXY, de Lucía Puenzo (Argentina/España/Francia, 2007)

Harto como está uno de ver una y otra vez la misma película argentina (con mínimas variaciones) en plan comedia romántica de trasfondo social, se agradece un producto distinto como este que nos presentó la directora Lucía Puenzo. Se trata de un original y bien llevado drama en torno a una adolescente hermafrodita y las consecuencias que ello tiene para su familia y entorno social. Ni ella sabe realmente lo que quiere ser, ni sus padres son capaces de afrontar la situación, por lo que llaman a un cirujano plástico conocido suyo que acude a su casa con su mujer y su hijo adolescente. La película adolece de cierta descompensación en algunos momentos, centrados estos puntos negativos en las apariciones del cirujano y su mujer, así como los momentos en los que pretende ser cómica. Además los diálogos no están bien escritos en general. Sin embargo alcanza grandes momentos cuando el silencio se impone, y es la fisicidad de los personajes y la puesta en imágenes la que domina. Sobre todo hay un par de secuencias, como el encuentro sexual entre la chica y el hijo del cirujano (muy sorprendente por otra parte), y el asalto que sufre la chica en la playa, que realmente arrastran al espectador. Demuestra maneras de buena directora Lucía Puenzo; en los siguientes trabajos tendrá que trabajar más los guiones.

Se, jie, de Ang Lee (EEUU/China/Taiwán, 2007)

El cine de Ang Lee ha alcanzado su apogeo con esta milimétrica y arrebatada historia de espías, sexo y traición en la China invadida por Japón durante la Segunda Guerra Mundial. Allí, un grupo de jóvenes actores decide intentar acabar con un importante colaboracionista tratando de sacarle de su ambiente con un atractivo cebo, una de las actrices. El golpe se frustra, sin embargo años después la joven vuelve a ser requerida, esta vez por la resistencia organizada, para continuar con el trabajo. Lo que al comienzo es poco más que una chiquillería bravucona tratada como una película de aventuras, se transforma en la segunda parte en un intenso thriller en el que Lee regula la tensión, sirve la información en dosis mínimas, y se apoya en la sutileza y maestría de unos actores, el gran Tony Leung a la cabeza, que se mimetizan con los personajes. El resultado es una película de corte clásico en el planteamiento pero muy moderna en las formas y la construcción de los personajes. Tras ganar la última edición del festival de Venecia, acudía fuera de concurso para clausurar el festival, y esta crónica.