Somos muchos los que pensamos que la primera película de Jaime Rosales, Las horas del día, fue la mejor película española de 2003. Por eso se ha hecho larga esta espera de cuatro años, aunque haya merecido la pena. En La soledad, Rosales sigue apostando por el cine como instrumento de reflexión, de profundización en el misterio del ser humano, y no de seducción y propaganda (como asevera en la entrevista que incluye el DVD) y lo hace a caballo entre el Kaurismäki más crudo y el Monteiro más meticuloso, con la cámara fija, sin una música que no se echa en falta y aplicando la polivisión como una poderosa herramienta de trabajo para describir/retratar la realidad distanciándose lo suficiente del espectador como para que la cinta incite a la buscada reflexión sin necesidad ni intención de tocar demasiado la fibra sensible tanto como de remover la conciencia, aunque finalmente la deje tocada y bien tocada merced al naturalismo de las interpretaciones y a una historia tan cercana a nuestra cotidianeidad en la que es imposible no implicarse o identificarse. Y a pesar de las comparaciones previas, se trata de un cine personal (y radical) que consigue remontar por encima del "ruido de fondo" y unirnos un poco en su soledad, que es la nuestra, la de todos.
Estrenada este verano junto con Desmembrados en un programa doble que sin ser un "grindhouse" tenía el mismo espíritu de sana diversión, esta cinta de Jonathan King es un gore australiano que rememora, salvando las distancias, la grandeza del mejor trabajo del siempre interesante Peter Jackson: Braindead. Como en aquella, un ambiente rural, una historia de familia con un pasado tortuoso, y una extraña "enfermedad" que, y en esto difiere un poco de aquella, convierte a las ovejas en temibles furias asesinas dispuestas a atacar y "convertir" a todo humano que se interponga en su camino. Mucho humor, macabro, por descontado, mucha sangre, roja, ni que decir tiene, y muchas ovejas descarriadas en busca de nuevos pastos que llevarse a la boca. Paralelamente, también se alquila estos días la citada Desmembrados, donde un grupo de ejecutivos de una importante empresa armamentística disfruta de unos días de descanso en una casa rural. No tardarán en descubrir que no todo el monte es orégano y que los verdugos también pueden llegar a ser víctimas. Aunque venderán cara su derrota, pues recordemos que no trabajan en una juguetería. Este doblete es la solución perfecta a una noche lluviosa en que apetezca quedarse en casa.

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Don Siegel, realizador de temperamento, genial en pocas ocasiones, aplicado la mayoría y olvidable a veces, firma esta adaptación del relato corto de Ernest Hemingway "The Killers", que anteriormente llevaran a la pantalla Robert Siodmak y Andrei Tarkovski. Código del hampa, título del film en España, es un relato seco, enérgico e hiperrealista conducido por los márgenes fácilmente identificables del género noir, cuyo trasfondo acusa una curiosa filiación con el western, para ser más precisos con determinados iconos del western: el uso mayestático del color, la construcción de algunas escenas (cfr. el asesinato de Johnny North en el arranque de la película), la caracterización de Angie Dickinson (una mujer fatal que remite a tiempos más lejanos que la Ley Seca), el carácter hosco (y nada positivo) de los personajes... Código del hampa es en todo caso un libro abierto que no aporta nada especialmente reseñable y cuyo mayor disfrute se encuentra en su electrizante vaivén formal, a medio camino entre la acumulación (de símbolos y citas: cfr. el desenlace que apunta directamente al film de Stanley Kubrick, Atraco perfecto) y la superficialidad (de figuras y paisajes: cfr. el convencional dibujo del villano). Se presenta ahora una buena ocasión de disfrutar con este sugerente entretenimiento, cuyo mejor extra probablemente no esté generado con unos y ceros: un libreto de 32 páginas con comentarios y fotografías sobre la película.
Mientras la distribución de nuestro país sigue en babia, y nos regala las aventuras de una abeja “nacida para molar” y refritos de la ya de por sí mediocre Shrek mal llamados cervantinos (si Don Miguel levantara la cabeza), en Japón se toman la animación un poquito más en serio, incluyendo la enfocada al público infantil (los nipones suelen constatar el hecho de que una película pensada para los niños puede tomarse en serio), aunque en este caso no sean los menores los destinatarios de esta película de Satoshi Kon, que ya pudo verse en el festival de Sitges de 2006 o en el Scifi de Madrid de 2007. El DVD y el Blu-Ray salvan esta inoperancia de las distribuidoras y nos ofrecen la oportunidad de disfrutar con esta gran joya del cine de animación. Una película de aventuras urbanas que nos pierde y nos confunde entre la realidad y la ficción, a veces unidas en los sueños. En ellos, en los de mucha gente, aparece sembrando el caos casi sin quererlo Paprika, una misteriosa joven que terminará por convertirse en un peligro para la humanidad, inmersa en una pesadilla colectiva. Las libertades narrativas que permiten los pasajes oníricos convierten Paprika en un festín visual que derrocha imaginación y que remite indirectamente a Paranoia Agent (la serie de trece capítulos que también dirige Kon) o a los megalomaníacos finales del Akira de Otomo o la Metropolis de Rin Târo.