
La fama cuesta y aquí es donde vais a empezar a sudar. La guerra es algo parecido: Hemos visto mucho que normalmente empieza (y termina) antes de llegar al campo de batalla. Cuando un soldado haciendo el tonto cae al agua, y sus compañeros se burlan de él, aún es un juego de niños. Cuando alguien informa a los demás que nadie se va a parar a recogerle, todos comprenden que lo que ponía en los folletos era mentira. Que ellos son sólo carne de cañón, cañón. Carne.
Manuel Ortega
Los protagonistas apenas se conocen, pero aunque poco, algo sí saben el uno del otro: Él arregla aspiradoras y toca la guitarra. Ella tiene la aspiradora estropeada y toca el piano. Entran en la tienda donde ella acostumbra a ensayar por la patilla a la hora del almuerzo y una vez se sientan delante del piano, lo demás es magia. No sé si me habrá gustado este momento como músico aficionado o porque soy un sentimental (me inclino más por la primera opción), el caso es que me llegó. El acto de aprender a tocar una canción de oído (y de vista) y su acertada representación en la pantalla. En el vídeo falta la parte previa en que él le enseña a ella la canción, pero al menos el tema está completo.
Sergio Vargas
En una película cuya puesta en escena posee una urgencia textual planteada en beneficio de la fisicidad y comicidad de sus situaciones, la imagen de los amigos siendo separados visual y físicamente por unas escaleras mecánicas —empujados literalmente en direcciones opuestas— en los instantes finales del filme (y, probablemente, de su relación), reverbera en el recuerdo por su sencillez y efectividad, sin necesidad alguna de recurrir a subrayados. Este breve instante arroja una mirada melancólica pero de pulso firme sobre lo que supone el final de la adolescencia y dota a la película de un recorrido mayor del que a priori se le podría suponer...
Ángel Santos Touza
El tema de Menina você que tem, interpretado por Toni Garrido en Fados desprende un fulgor visual especial. Aunque pertenece a un musical, destacan los elementos visuales por encima de los sonoros: la fotografía, la plasticidad del baile, el decorado, el vestuario y, sobretodo, el color. Componen así, una impresionante pieza en este irregular, pero apasionado, documento sobre el fado.
Arantxa Bolaños de Miguel

La aparición de un gallo en el pasillo de la casa en la que el siempre jovial e incombustible Manoel de Oliveira reúne de nuevo a los personajes de Belle de Jour, de Buñuel. Un inolvidable detalle surrealista que corona la minimalista y lúdica propuesta que el director portugués plantea con Belle toujours.
Alejandro Díaz
Una pareja compartiendo una pastilla de toffee en un edificio semiderruido. A través de un agujero en la pared vemos los restos de la ciudad de Fengjie… Siempre me ha fascinado la capacidad de emocionar que tiene el cine y, sobre todo, que los modos para lograr dicho fin puedan ser tan diferentes. Así, me dejo seducir por maestros como Alfred Hitchcock —pienso en el largo travelling de Frenesí en la secuencia del asesinato que el genial director no nos permite ver— o John Ford —considero ahora el plano en el que éste clava la cámara para mostrarnos el dolor del personaje de John Wayne en el cementerio—. Mover o no mover la cámara: esta no es la cuestión. El interrogante hay que situarlo en cómo, en qué, hacer para que el espectador sienta y/o comprenda lo que los personajes experimentan y en cómo el director transmite su discurso. Un plano estático, un encuadre perfecto, dos personajes y una conversación banal... es así como Jia Zhang-ke nos sitúa delante del vacío existencial.
J.A. Souto Pacheco

Un film como este se diría que camina por derroteros que solo importan a su autor y los cuales surgen, parece, de otro lugar y otro tiempo. Una propuesta radical que personalmente me resulto mucho más irritante que atrayente. Sin embargo su arranque, un travelling que sigue el desplazamiento armónico de una pianola que está interpretando una pieza del famoso compositor alemán en una amplia estancia de paredes y vigas blancas, logra un asombroso vínculo entre imagen y música (en movimiento), componiendo una de las escenas más bellas y bizarras del pasado año.
José David Cáceres

En los últimos días es posible verle en una mesa de la concurrida terraza, sentado horas y horas con la única compañía de una cerveza, dejando a medio terminar sus retratos porque teme que, si fija la atención en el cuaderno durante mucho tiempo, pueda escapar la mirada que tanto ha buscado.
Jaime Natche
La conversación entre Meredith y su perro Paris antes de que éste, a pasos acompasados con la música de Strauss, se lance al ataque en Bratz. La película. Momento insuperable.
Israel Paredes

Pocas cineastas sienten tanta debilidad por la corrupción del alma como Mel Gibson. En esta secuencia, el realizador disecciona con notable poderío visual la decadencia de una civilización devorada por los gusanos del misticismo, la superstición y la ambición. Como el gesto incrédulo de Martin Sheen en el infierno de Kurtz, la mirada horrorizada de Jaguar Paw delata que el eclipse de la locura humana nunca abandonará el corazón de las tinieblas.
Raúl Álvarez
(El momento entre el 1'30'' y 1'59'')
Beatriz Martínez
Emilio Martínez-Borso

El hombre escindido entre el deseo y el deber nos ha legado dos planos finales de amplias resonancias. Los antihéroes de Promesas del este y de Deseo, peligro se exponen a la soledad de su cometido, al desplazamiento fuera del orden de sus emociones. Sin embargo, donde Cronenberg y Lee no llegan los Farrelly se pasan, llevando esta tesis al extremo, planteándonos a la sociedad como herramienta de neutralización del libre albedrío y al individuo como un ser sumiso, incapaz de rebelarse no sólo contra dicha jerarquía sino contra sus propios instintos. La mirada final de Ben Stiller y ese infructuoso “fuck” revelan una temible realidad: el macho como su propio Lobo, y el estado del ¿bienestar? como la Caperucita (con escote) que sigue alimentando al animal.
Roberto Alcover Oti

He llegado hasta aquí. ¿Me ha seguido el espectador? ¿Es todo una ilusión? Alguien se me acerca. Es una mujer. Llega el horror. Grito, pero todas huyen. ¿Son los otros el infierno?. Se fijan en mí, pero ignoran lo que siento. Estoy en el suelo, rodeada. Hablan de un autobús. ¿O es de una prostituta?. Me muero. Ya no sirvo para nada. ¿Acaban todas las estrellas rutilantes así?. ¿Morimos siempre solos?. Una música se incorpora a la escena. ¿Tiene banda sonora mi desfallecimiento?. La luz se apaga. ¿Es la cámara la que ha acabado conmigo?. Parece una representación, pero yo sé que ha sido real. He experimentado mi muerte.
Carles Matamoros