redacted (Brian De Palma, 2007)

Por Emilio Martínez-Borso

La verdad está ahí fuera

Mucho se ha venido hablando de la última película de De Palma, y con razón. Ya sea para bien o para mal, la inusual propuesta de un cineasta tan consagrado no deja indiferente a nadie…ni siquiera lo pretende. En esta ocasión, el director de Los Intocables (The Untochables, 1987) descarga una violenta y certera ráfaga, que no va solamente dirigida al gobierno estadounidense acerca de cuestionar su situación en Iraq, sino que se autoerige en una patada en los huevos a cualquier espectador con un mínimo de escrúpulos y conciencia, consiguiendo lo que hacía mucho que no nos brindaba el cine: La reflexión.

Y es que la mayor baza conseguida por el cineasta, es la inteligente conjunción entre fondo y forma. Para un director tan dado al exceso como De Palma, con este proyecto caminaba en la cuerda floja, pues es muy fácil caer en el maniqueísmo y explotar ciertos tópicos manidos capaces de sonsacar una lágrima cualquiera de un espectador de lo más manipulable (A pesar de su epílogo y créditos finales sobre fotos reales de las víctimas de la guerra, totalmente fuera de lugar, como el Von Trier de Dogville). En lugar de eso, De Palma muestra aquí una convicción, una fuerza y un control ejemplar otorgando una verdadera reflexión acerca de la condición humana sin importar fronteras, banderas o creencias. De hecho, el cineasta está muy cerca de conseguir una recreación de la realidad total, si no fuera quizás por las excesivas muestras de garrulismo que denotan dos de los protagonistas, pero que sin embargo no chirrían, porque peores muestras de estos casos han visto la luz pública y mediática.

Tal como hiciera a finales de los 80 con su aproximación a la guerra de Vietnam en concreto con Corazones de Hierro (Casualties of war), 1988), en esta ocasión nos ofrece una actualización más verídica de las tragedias de la guerra. Ambas películas se hermanan perfectamente ya que ambas no solamente abordan hechos verídicos que giran en torno a la violación por parte de un comando, de una chica local, sinó que ambas profundizan en las razones, las motivaciones y las creencias que una guerra puede provocar en un hombre para poder auto justificar un acto así. De hecho, el mayor mérito de De Palma en ambas películas, es que el conflicto bélico sirve como base de localización y punto geográfico de la historia, así mismo como recreación de la realidad sucedida, pero relegando el conflicto bélico en sí a un segundo plano. Y es que en ambos largometrajes, la historia sirve como excusa para tejer unos personajes cargados de (desgraciadamente) humanidad, una humanidad brutal…y pura, una humanidad que para vergüenza nuestra, somos capaces de reconocer en nuestros semejantes, y que como bien nos recuerda el cineasta, lo mismo viene ocurriendo año tras año, guerra tras guerra. La polémica que se ha generado en torno a la última película del director de La Dalia Negra (The Black Dalia, 2005) no viene dada únicamente por el tema, sino por la reflexión, y equívoca interpretación que muchos han hecho de su mensaje.

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De ello es culpable la forma en que está narrada la sucesión de hechos (más que secuencias) que preceden y suceden a la violación y asesinato de la joven de 15 años. De Palma se esfuerza por alejarse completamente de los cánones cinematográficos establecidos para, con un nuevo lenguaje, adentrarse en la mayor aproximación a la realidad posible. A pesar de contar con actores, medios de producción, localizaciones y un guión (escrito por él mismo), los diferentes puntos de vista, y sobretodo los diferentes formatos que coexisten en la película, dotan al largometraje de un aura de verismo, difícilmente aceptable para espectadores muy sensibles. Huyendo voluntariamente de la construcción y filmación de secuencias al uso, la historia se nos muestra a través de la cámara de vídeo de uno de los soldados, las videocámaras de seguridad de la base norteamericana, el documental que ruedan unos franceses acerca de los puestos de vigilancia (y que De Palma utiliza muy inteligentemente para presentarnos el espacio común de los soldados y su trabajo en Iraq), las noticias de televisión, e incluso vídeos en Internet, tanto americanos como Iiraquíes. De ese modo, De Palma nos brinda un alud de información de los mismos hechos desde diferentes puntos de vista, y sobretodo, informados desde medios distintos, acercándose al drama desde las perspectivas tan opuestas como las americanas y las iraquíes, para que sea el espectador quien saque sus propias conclusiones. Como si de un reportaje televisivo de hora y media se tratara, el público debe analizar y decidir, debe tomar partido ante una de las barbaries más comunes en las guerras.

Ante esa sinceridad y veracidad, han surgido comentarios culpando a De Palma por incentivar el odio a los americanos y la presencia en Iraq, y demás. La verdad es que la película habla por sí sola, y no ha sido él quien ha fomentado el odio, sino los propios hombres que violaron y mataron a la niña. Quizás deberíamos pensar antes en quien mandamos a luchar, saber si están preparados psicológicamente, quizás deberíamos plantearnos si es necesaria una guerra, cualquiera. Quizás no deberíamos culpar a un director de cine que hace una película, por muy cruda y real que sea, acerca de algo que se podría haber evitado, y es que al fin y al cabo, Redacted es sólo una película.