Caramel (Nadine Labaki, 2007)

Por Javier Bernal

Belles" es el nombre del salón de belleza en el que transcurre gran parte de la acción de la ópera prima de Nadine Labaki, directora, guionista y actriz de Caramel. Toda una declaración de intenciones abalada por el fallo del último festival de San Sebastián en el que logró el Premio del Público y el Premio de la Juventud.

En 1929 G .W. Pabst dirigió Lulú o la caja de Pandora película muda interpretada por Louise Brooks en el papel de Lulú, personaje que marcó un hito y que creó moda a finales de los locos años 20. Pabst nos presentaba una mujer liberada, dueña de sí misma y con una moral que suponía un silogismo irresoluble para los demás. El estreno de la película conllevó su esperada dosis de escándalo pero sobre todo a gran parte del público femenino, en su mayoría jóvenes inconformistas, a pedir cita urgente con su salón de belleza. Todas querían parecerse a Louise Brooks/Lulú y para ello nada más fácil y rápido que imitar lo más supérfluo de su personalidad: el corte de pelo, melena por debajo de la oreja y flequillo cuadrado enmarcando la mirada.

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Fue Jean-Pierre Jeunet, en el año 2001, quien recuperó este look tan característico para Amelie. El personaje interpretado por Audrey Tautou y que da nombre a la película, mostraba una Lulú descafeinada y maniática con algún que otro brote esquizo perdida en un París irreal saturado de color. Si bien la película de Jeunet era del color de la esperanza, en la película de Labaki es el color del caramelo el que tiñe una imagen tras otra de un naranja y amarillo que quieren destilar dulzura y sensualidad. Tras este envoltorio se nos intenta mostrar la realidad de seis mujeres que comparten amistad y experiencias. A diferencia de la suerte que corrieron Louise Brooks y Audrey Tautou, que se vieron ensombrecidas por la trascendencia que lograron sus personajes en el inconsciente colectivo del público, es aquí la propia creadora del personaje quién se reserva para ella misma la interpretación del rol principal del film. Tal estrategia junto con un elenco de actores no profesionales tiene como fin extraer el máximo de veracidad de las situaciones filmadas intentando captar la vida real de una sociedad y los conflictos internos de cada uno de los personajes, algo realmente difícil cuando es la propia directora la que impone la barrera en la forma, logrando que finalmente los actores se vean encorsetados y arrastrados hacia un universo que lo que les pide es fabular. Los seis personajes principales que presenta terminan por responder a un estereotipo delimitando así la riqueza de matices: la amante, la lesbiana, la prometida, la mujer madura que se niega a afrontar la pérdida de la juventud, la mujer mayor resignada a su soledad y la anciana abandonada a los caprichos de una irrealidad reconfortante. Todas ellas hablan entre sí pero parecen no lograr comunicarse.

La intención de Nadine Labaki, aún resultando en parte fallida, destila cierta honestidad y valentía. Teniendo en cuenta la nacionalidad de la película, un país cuyo balance de producción cinematográfica anual es de cinco películas en este momento, la directora intenta abordar temas tabú como la homosexualidad o la virginidad antes del matrimonio, abrir una grieta para que Occidente observe que los problemas se intentan superar de manera similar como en cualquier otra sociedad. El precio a pagar supone cierta pérdida de identidad, ya que más que el esfuerzo por encontrar un código propio la película destila ciertas influencias como por ejemplo del cine de Almodóvar. La sensación final es placentera ya que hemos asistido a una fábula sobre el amor y sus vicisitudes con ciertas dosis de humor, imágenes agradables aderezadas con un diálogo fácil de digerir pero que no muestran la realidad compleja que pretende. ¿Quién dirigía la película? ¿Ferzan Ozpetek?, ¿Lasse Hallström?

El letrero que corona el centro de belleza tiene la inicial inclinada a punto de caer. "Belles"/ "Elles". Ellas, un universo femenino que se nos muestra encerrado en sí mismo, ensimismado, habitando un microcosmos en el que los personajes hacen un vano intento por alzar la voz por la igualdad de la mujer y que rebotan contra un colorido decorado.