El amor en los tiempos del cólera (Mike Newell, 2007)

Por Emilio Martínez-Borso

Locura de amor

Difícil lo tenía Mike Newell (por no decir muy difícil) para salir airoso de su traslado a la gran pantalla de la inmortal novela de García Márquez. No solamente debido a la muy peligrosa capacidad de trasladar en imágenes el cuidado mundo creado por el escritor colombiano y que sin duda pierde significados matices y profundidad cuando deja el papel (y nuestra visualización) para convertirse en realidad cinematográfica, capaz de tirar por los suelos nuestras más devotas esperanzas, sino por la historia en si misma. García Márquez ha demostrado una y otra vez que de una simple historia que en manos de cualquiera puede resultar tópica, aburrida y panfletaria, él sabe sacarle jugo. De ahí que la enfermiza y pura obsesión que mueve la existencia de Florentino Ariza corriera el peligro de acabar en una película de amor, víctima de su propio romanticismo perdiéndose en los fáciles caminos de la cursilería.

Por suerte, Newell ha optado por realizar una película propia que se abre camino destetándose de su madre para obtener una definición propia, aunque las comparaciones son inevitables. El director de Donnie Brasco, condensa toda la historia, los personajes y tramas de la película (el amor, la guerra, la situación del país en ese momento.) en un drama romántico, donde el amor intenso, enfermizo que siente Florentino Ariza desde su juventud hasta su muerte, marcando sus movimientos y su vida. A pesar de contener pasajes excesivamente edulcorados y momentos demasiado irreales sobretodo en la juventud de Ariza, Newell consigue un interesante fresco histórico sobre la cultura y sociedad colombiana del siglo XIX. Así pues, personajes como la madre de Ariza o el padre de su amada ejemplifican muy bien el pensamiento conservador que impiden la consecución de ese amor imposible. Por otra parte, la gran interpretación de Javier Bardem, le permite cargar con la película a cuestas haciendo creíble y humana la transformación que sufre el personaje principal.

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Newell dosifica hábilmente los rasgos más conocibles de García Marquez, intrduciéndolos dosificadamente, como notas de humor tragicómicas que restan una pizca de drama a la tragedia. Detalles como la viuda que hace el amor hablando de su marido muerto, o la colección de amantes de Ariza que supera las 622 las va apuntando en una lista, desmarcan la película de la típica entrega romántica victoriana. Rodada con lujo de medios haciendo gala de un diseño de producción, vestuario, maquillaje y puesta en escena excelentes, la película adolece de un casting inapropiado que no hace justicia al magnífico trabajo de Bardem. Frente a la también excelente Fernanda Montenegro como madre de Ariza, la interpretción de Giovanna Mezzogiorno como la amada Fermina Daza resulta inadecuada puesto que jamás comprendemos la pasión que desata en Ariza, a esa mujer le falta garra, y pasión para que comprendamos la obsesión de Ariza, lo mismo ocurre con su padre, Lorenzo, del que John Leguizamo ofrece una interpretación demasiado histérica que resta credibilidad a la mente práctica del señor Daza.

Como consecuencia, el amor en los tiempos del cólera es una buena película romántica, mucho más interesante que las adaptaciones inglesas actuales que tienen a Keira Knightley como bandera, pero que necesita de independencia y autoestima para volar sola y encontrar su camino a pesar de cargar con la cruz del apellido familiar y recordársele siempre ser hija de quien es.