1 Al ver de nuevo Expiación (Atonement, 2007) de Joe Wright, tres meses después del primer visionado, he tenido la extraña sensación de que entonces la versión era diferente, que le faltaban escenas en comparación a la versión que he tenido ocasión de revisar. Por supuesto, se trata de algo apreciativo por mi parte, pues es posible que aquel día no me resultaran algunos momentos llamativos y, en cambio, al verla de nuevo, todo lo contrario. Del mismo modo, si entonces me gustó, la segunda vez me ha gustado mucho más, porque aquellos huecos que intuí entonces y que me hicieron poner reparos a la película ahora se han rellenado y entiendo mejor lo que en su momento se me pasó desapercibido o bien no alcancé a comprender en su totalidad. Esto viene a demostrar que en ocasiones es el detalle el que da sentido a un todo que aun pudiéndose apreciar también puede perder fuerza cuando se disipan ciertas piezas que la enriquecen. Algo así es también lo que pone de relieve la segunda película de Wright, escrita por Christopher Hampton a partir de la novela de Ian McEwan, posiblemente, y paradójicamente, una de sus peores obras y, casi sin duda, la más farragosa pero que, sin embargo, ha dado pie a una de las mejores películas del año.

Que McEwan en su novela estableciera un juego literario con la historia para mostrar el poder y, también, el peligro de la creación, así como dejar claro que cualquier narración, ficticia o real, posee un alto contenido subjetivo que al final es el que la compone, rellenando el marco creado por la objetividad, resulta menos extraño; al fin y al cabo en literatura parece más sencillo el crear una historia épica y romántica bajo la que subyagan otros planteamientos y no en una producción como Expiación. Sin embargo, Wright y Hampton han sido capaces de pulir la novela de McEwan dejando de lado o reduciendo pasajes que la alargaban en exceso para crear una película que muestra lo mismo que su base literaria pero usando excelentemente los recursos cinematográficos para ello, lo que cual aleja a Wright de la etiqueta que muchos le colocaron tras su debut en la magnífica Orgullo y prejuicio (Pride and Prejudice, 2005), viendo en él al clásico cineasta británico capaz de entregar cualquier tipo de película con gran pulcritud formal pero sin atisbo alguno de personalidad. Desde luego, ya en ella fue capaz de mostrar cualidades que en Expiación son una constatación. Sin ir más lejos, ha mostrado que sabe que hay una gran diferencia entre adaptar a Austen o a McEwan y que cada historia y aquello que subyace en su interior debe de poseer un estilo concreto.
Ya en su comienzo, con el sonido de las teclas de la máquina de escribir unidas a la banda sonora, queda claro que Expiación es una película que se va escribiendo según avanza y que la mirada de la joven Briony Tallis (Salirse Ronan / Romota Garai) será la que marque el desarrollo de la misma. Sin embargo, Wright no tiene interés en jugar con el espectador, aunque al final se descubra que no todo lo que se ha visto es real, sino que busca el mostrar cómo una historia depende de quien la escriba, de quien la vea, de la manera en que se enfoque en todo momento. El destino de Celina (Keira Knightley) y Robbie (James McAvoy) viene marcado por la imaginación de Briony, y a partir de ahí nada pueden hacer, porque de alguna manera ella ha creado algo que nunca podrá arreglar. o sí, como se demuestra al final de la película. Habrá quienes hablen de Expiación como la negación del relato, de la imposibilidad hoy en día de contar una historia. A mí desde luego me parece más bien lo contrario, porque Expiación celebra el poder de la creación de una historia, de cómo hoy en día, por mucho que se diga, se puede narrar. Otra cosa es que se cuestionen los mecanismos internos, que se haga pensar al espectador sobre lo que está viendo, sobre cómo toda historia puede ser relativa; y que incluso es preferible que así lo sea. Pero, lo mejor de todo, es que lo hace sin entrar en un discurso claro, sino dejando que todas las cuestiones que puedan surgir lo hagan a partir de la historia.

2La Segunda Guerra Mundial afectó a toda Europa, pero en Inglaterra dejó un extraño sentimiento que aún pervive, una cierto halo de incomprensión, de pérdida absoluta. Al fin y al cabo, con ella cayeron muchas estructuras sociales del pasado y quizá fue algo tan atroz como una guerra de esas magnitudes la que hizo que Inglaterra tomara otro rumbo como nación; también, por supuesto, la paulatina pérdida de las colonias en África y en Asia. A este respecto, Expiación se adentra en su primera parte, la que transcurre en la casa de la familia Tallis hasta el momento del arresto de Robbie por un crimen que no ha cometido, en la confrontación clasista así en cómo la clase alta inglesa sucumbió ante una realidad como la Segunda Guerra Mundial, algo más patente, a partir de detalles, a través de la segunda parte, desarrollada durante el conflicto. Lo interesante es cómo el drama individual acaba introduciéndose en uno colectivo y mucho más amplio para poseer, de alguna manera, una relación más estrecha de lo que parece a primera vista. El daño inflingido por Briony, inocente y fantasioso por otra parte, es en cierta forma el mismo que ciertas capas sociales imprimieron a los que tenían por debajo, teniendo al final que esperar a una barbarie para que acabaran reducidos todos a la misma miseria. Una miseria que queda reflejada en ese plano secuencia en la playa de Dunkirk que no brilla sólo por su resolución formal y el excelente acompañamiento musical, sino también porque en él se muestra, a través de la mirada de James McAvoy lo que puede ser una guerra, en cómo afecta a los seres humanos.
3En un determinado momento, Robbie expresa que "la historia puede continuar", anhelando su regreso a casa para poder emprender el romance con Celina que su hermana impidió condenándole a la cárcel primero y a la guerra después. Su historia quedó truncada, sin embargo, él cree que puede comenzarse, rescribirse, de nuevo. No hay historia cerrada cuando la creación entra en juego, sin embargo, sí en la vida real. Y en esa disyuntiva nos deja el final de Expiación, porque hemos podido ver como el poder de la creación puede cambiar las cosas, ilusoriamente, pero lo suficiente como para seguir creyendo en ella antes que entrar en discursos yermos sobre su defunción. Porque aún se puede contar una historia que emocione, que nos haga pensar, como Expiación, una excelente película que muestra que Joe Wright tiene un futuro como director a seguir.