Mods, rockers, punkies … los diferentes estilos culturales y musicales han tenido diversas opciones de representación en el cine, de Quadrophenia a Absolute Beginners, de Syd y Nancy a 24 hour party people . Hasta este momento el movimiento skin no se había lucido demasiado en el cine, quedando relegado a su intervención como malos, muy malos, en diversas cintas. Shane Meadows, que pasa por ser una de las esperanzas del nuevo cine británico, reivindica los skin originales, presentados como un grupo juvenil, afín al ska y las drogas light y con gran densidad humana. En realidad, sin embargo, This is England no es una película sobre los skin sino sobre Shaun, un niño solitario y triste, al que acoge una pandilla de edad mayor a la suya que le permite sentirse integrado en un grupo, en una familia. La historia real del propio Meadows se redefine en la historia del joven protagonista. Huérfano de un padre fallecido en las ignotas Malvinas, en una guerra desarrollada en tierras de pingüinos, menos breve y más sangrienta de lo previsto por un dictador alcohólico y una dama de hierro, el solitario chaval está condenado a utilizar ropa pasada de moda que le lleva a ser objeto de mofa y agresiones. Cuando Shaun conoce un grupo skin encuentra simultáneamente protección y un nuevo sentido a su vida. La amistad protectora de Woody, el cariño y el sexo con Smell le llevan a una madurez que sin embargo está dibujada en un mundo idílico. Hasta que irrumpe, brutal, dictatorial, un antiguo miembro de la banda. Combo, que ahora aparece como ex convicto con clara tendencia racista y neonazi, Con inteligencia y bastante mala leche pero con menor intensidad cinematográfica, Meadows recoge la evolución de niño a adulto del joven skin. Tras una iniciación bastante inocente bajo la tutela de Woody, basada en los aspectos más formales y en juegos de resonancias infantiles, observa y aprende en la estela de Combo unas normas que le fascinan al acercarle a un mundo militarista próximo al de su difunto padre. Si él murió en una lejana guerra defendiendo el territorio patria, Shaun puede ahora colaborar a limpiar su ciudad de extranjeros que están invadiendo sus calles y desplazando a los habitantes nativos. Fascinado, no dudará en colaborar en la limpieza de “pakis” del barrio, en una senda violenta que se inicia con las pintadas, sigue con amenazas y palizas y culmina con alcohol y otras drogas. De este modo, el director realza cómo los violentos ritos de paso tienen una capacidad de seducción muy superior.

Desafortunadamente, una apuesta tan interesante no se acompaña en imágenes de los resultados deseables. La película se inicia de modo brillante, cumple bien en toda su primera mitad, pero hace aguas con la aparición de un malvado que carece de la categoría de villano para transmitir en el espectador la fascinación que sin duda ejerce en el niño. Su auge y declive están demasiado próximos y tanto narrativa como visualmente son demasiado toscos, apresurados. Por supuesto que Meadows sabe muy bien de qué habla y de que evita plantear fascinación en el espectador. La objetividad con la que presenta a un infeliz patológico como el nuevo jefe de la banda no deja lugar a dudas. No obstante, el cine requiere en ocasiones crear esta fascinación para que el espectador no se sienta fuera del relato. Y Meadows evita esta atracción sin, por otro lado, estimularnos con la sorpresa o la indignación. Las andanzas de la banda suenan descafeinadas, como si sus acciones fueran esperables, de manual neonazi. Tal vez por ello, las imágenes cotidianas de pobreza y marginalidad que Meadows recoge en el prólogo, salpicadas muy adecuadamente de documentales televisivos, resultan mucho más potentes que la historia consecuente. Más que una cinta sobre filonazis, más que una historia de skins, efectua una (auto)biografía tan sentida que éste aspecto devora y desequilibra el resto de la trama. This is England, como reflexión sobre la violencia neonazi, es limitada si se la compara con la irregular pero intensa American History X y recuerda en sus limitados resultados a aquella Rebeldes del swing en la que se enfrentaban los tópicos idealistas de un grupo de jóvenes alemanes a la fascinación generada por el partido nazi. Por otro lado, como crónica de una época, de un movimiento cultural, está muy lejos del excelente fresco que Winterbottom elaboró en 24 hour party people acerca de un movimiento musical y social que no estaba lejos en el tiempo ni el espacio de los escenarios de esta cinta. Queda, eso sí, una dolorosa historia de crecimiento. El de un chaval que cree madurar en el lado salvaje de la vida para acabar descubriendo la banalidad de una guerra salvaje entre dos estados y la arbitrariedad de la violencia, tenga ésta lugar en las Faulkland o en los suburbios ingleses. La realidad suele ser más simple de lo que creemos. Aunque no sea, habitualmente, mejor de lo que imaginamos cuando éramos niños.
Un apunte a pie de página. La pasada semana, antes de su estreno, This is England y Shane Meadows lucían sus mejores galas en la mayoría de las revistas de tendencias y los suplementos de los periódicos. Se hablaba de una gran crónica de la época de Thatcher y de una reivindicación del original movimiento skin. Poco hay de ello, pues, en las imágenes que vemos en la cinta. Añoro la época en que El País de las Tentaciones se reservaba unas páginas, unas líneas, para hablar con inteligencia y un punto de vista crítico de las nuevas obras, en cine, literatura o música. Ahora, en todas las publicaciones habituales, prima el adocenamiento: la globalización de los gustos se confunde con la propaganda comercial. Y, sin desmerecer el indiscutible interés de esta nueva propuesta de Shane Meadows, cabe plantearse si muchos medios de comunicación dejan de lado a Ken Loach por considerarle un intelectual panfletario de discurso repetitivo que ya no está de moda o simplemente porque dirige para y sobre working class heroes. Y, si fuera así, ¿A quién dirige sus historias Shane Meadows?, ¿A gente real como sus propios personajes o a consumidores de revistas de modas?