En el tren de Wes Anderson sólo faltan los Beatles tocando Sgt. Pepper's. Sería la pieza que redondearía este entrañable puzzle-homenaje al pop trascendental que es Viaje a Darjeeling. Los temas básicos de la obra capital del cuarteto de Liverpool planean en todos los frentes argumentales de la película. La poética del viaje catártico, la búsqueda de la espiritualidad y la ruptura con el pasado saltan de la música al cine para impulsar la odisea de los hermanos Whitman, tres 'peterpanes' con déficit emocional que se reencuentran en la India tras la muerte de su padre. Francis, Jack y Peter persiguen a su Dr. Robert particular —la madre ausente, magnífica Anjelica Huston—, en medio de una geografía humana colorista que parece la animación en celuloide de la portada del Sgt. Pepper's.

Con estos lápices Anderson dibuja un viaje alucinado y alucinante que tiene su punto de inflexión en la muerte del niño indio, cuando la forzada espiritualidad de los Whitman, la de los templos y oraciones, capitula ante la espiritualidad real, la del recuerdo sentido a aquellos que se han ido. Esta toma de contacto con la muerte cierra un ciclo vital que completan el futuro nacimiento del hijo de Peter y las ansias de vivir (sentir) de Francis y Jack; el primero a través del misticismo y el segundo a través de sus relaciones amorosas. Hotel Chevalier, el corto que se proyecta antes de la película, es clave para entender las cicatrices de Jack, sin duda el personaje más complejo de la cinta.
El director de Life Aquatic lleva entonces la narración a su clímax final, el reencuentro con la madre, el cordón umbilical de los tres hermanos con el mundo afectivo. Ella representa la seguridad perdida y su papel es determinante para entender el discurso de Anderson: es necesario asumir quiénes somos para mirar sin ira al pasado (aceptar la muerte del padre) y esperanzados al futuro (aceptar las responsabilidades de cada edad). «Quizá podamos entendernos mejor si prescindimos de las palabras», les dice. Un cariñoso bofetón que el realizador ilustra con un maravilloso travelling lateral en el tren que demuestra que la forma, bien aplicada, no está reñida con la sustancia. El pop puede tocar muy dentro sin renunciar a su alegre y melancólico envoltorio.