Recuerdo Jerzy Kawalerowicz (1922-2007)

Por Moisés H. Delgado

El pasado 27 de diciembre de 2007 fallecía en Varsovia  Jerzy Kawalerowicz a los 85 años de edad y con 17 películas en su haber como director. Nació el 19 de enero de 1922 en Gwoździec (actualmente Ucrania). Durante su vida recogió no pocas muestras de reconocimiento a su trayectoria y obra: fue nombrado doctor honoris causa en la Sorbona en 1998 y en la escuela de Łódź en 2000, de entre los premios que recibió merece la pena recordar el premio especial del jurado en el Festival de Cannes de 1961 conseguido por Madre Juana de los Ángeles y la nominación al Oscar en 1967 en la categoría de mejor película extranjera por Faraón.

Aunque la importancia de Kawalerowicz dentro de la cinematografía polaca no debe reducirse a su propia obra. Desde 1955 estuvo a la cabeza de la unidad de producción “Kadr”, formación que inseparablemente ha de citarse al hablar de “escuela polaca”. Es dentro de “Kadr” donde rodaron sus más emblemáticas (y primeras) películas a mediados de los cincuenta Andrzej Wajda (Kanal (1957) y Cenizas y diamantes (1958)), Andrzej Munk (Un hombre en la vía (1957)y Eroica (1958))y Kazimierz Kutz (La cruz de los valientes (1959)), entre otros. No es sólo porque la situación lo requiera cuando Wajda dice, durante el entierro de Kawalerowicz, que fue el “amparo durante los duros años de la República Popular de Polonia, como jefe de la unidad «Kadr», donde me fue concedido realizar mis dos más importantes películas” [1], es decir, Kanal y Cenizas y diamantes.

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Kawalerowicz fue uno de los encargados de hacer resurgir la cinematografía polaca tras la Segunda Guerra Mundial. Antes de rodar su primera película en 1951 La colectividad, dentro ya de las convenciones del realismo socialista, su nombre aparece como ayudante de dirección en los títulos de crédito de dos películas emblemáticas de la más inmediata posguerra: Zakazane piosenki (1946) de Leonard Buczkowski y Ostatni etap (1948) de Wanda Jakubowska. Dos obras de muy diferente talla e importancia. La primera es, literalmente, la primera película polaca tras la liberación y recoge las “canciones prohibidas” que en Varsovia se cantaba mientras los nazis ocuparon la capital polaca (exaltación y memoria). La película de Jakubowska fue la primera película polaca premiada en el extranjero al conseguir en Karlovy Vary el Globo de Cristal en 1948 y expone la vida de las presas en Auschwitz II-Bierkenau. La directora, comprometida ya durante los años treinta con el cine artístico, estuvo presa en este campo de concentración durante dos semanas y cuenta como nada más cruzar la verja de Bierkenau sintió la necesidad de rodar esta película: tras ser trasladada a un campo de concentración “hermano” y junto a otra prisionera Gerda Schneider, en base a lo que escuchaban sucedía en Bierkenau, el guión fue tomando forma y tras la liberación del mismo estaba ya listo para ser rodado. Esta experiencia en el set de rodaje ha de complementarse con la formación adquirida en Cracovia tanto en la Academia de Bellas Artes como en los “Taller cinematográfico para jóvenes”, directo “antecedente” de la escuela de cine de Łódź, donde también Wojciech Jerzy Has fue estudiante. Fue en 1946 cuando pudo Kawalerowicz recuperar el tiempo perdido y comenzar sus clases en esta ciudad donde llegara ya en 1944 junto a su hermano para no volver nunca más a Gwoździec, su ciudad natal: explica el director como en alguna ocasión trató de visitar su antigua casa pero la respuesta de las autoridades ucranianas fue incuestionable: “¡Imposible!”.

En sus memorias, Kawalerowicz recuerda Gwoździec como un lugar donde la simbiosis entre judíos, ucranianos y polacos (estos últimos los menos numerosos en la localidad) era posible y donde aprendió este a tolerar. Años mas tarde trataría de salvar del olvido este mundo perdido en La posada (1982), su última gran película: en ella recoge las tradiciones del judaísmo jasidista. Es cierto que Kawalerowicz no había nacido aún durante el tiempo histórico representado en la cinta, que se desarrolla durante el primer día de la Primera Guerra Mundial, pero en base a lo que vivió en la Galicja de los años veinte y treinta, las historias que de su familia esuchó y, sobre todo, el relato de Julian Stryjkowski este proyecto se fue gestando en la cabeza del director durante mucho tiempo.

No fue esta la única adaptación que llevó Jerzy Kawalerowicz a la pantalla. Su última película Quo vadis? (2001) está basada en la emblemática novela del premio Nobel polaco Henryk Sienkiewicz. Con un estilo hollywoodiense y respondiendo a una extravagante moda que parece haber hecho mella dentro de los directores más longevos de la cinematografía polaca consistente en llevar de nuevo a la pantalla los clásicos de la literatura nacional [2], desgraciadamente esta película no tiene nada que ver con el Kawalerowicz de antaño. A decir verdad la mayor parte de las películas de Kawalerowicz tienen su referente literario, no solamente las fallidas películas de los ochenta (¿Por qué? (1995), Los hijos de Bronstein (1995) y El rehén de Europa (1989)) sino también otras de sus obras como el díptico formado por Celulosa y Bajo la estrella frígia, basadas en “Recuerdos de la Celulosa” de Igor Newerly: si bien estas películas fueron creadas bajo los dictámenes del realismo socialista, tienen algo de especial y novedoso dentro de la producción de la época que remite al neorrealismo italiano (Kawalerowicz en repetidas ocasiones cita a Fellini y de Santis como a sus referentes).

Pero de entre las adaptaciones literarias de Kawalerowicz dos películas se desmarcan del resto. Se trata de Madre Juana de los Ángeles (1960), según un relato de Jarosław Iwaszkiewicz y Faraón (1966), basada en la novela del mismo título de Bolesław Prus. Solamente hace falta nombrar Tren de noche (1959) para entender por qué Jerzy Kawalerowicz tiene un merecido lugar dentro de la cinematografía mundial.

Tanto Madre Juana de los Ángeles como Tren de noche figuran entre las más representativas películas de la llamada “escuela polaca”. Una de las posiciones que el historiador del cine puede tomar en cuanto a este fenómeno es distinguir dos corrientes principales dentro del movimiento, una romántica con Wajda como máximo exponente y la otra “plebeya” representada por Kutz entre otros: Kawalerowicz permanece inclasificado. No está esto condicionado solamente porque no haya estudiado en Łódź sino que, sobre todo, sus obras no tratan de saldar deudas con la historia reciente ni tratan del destino del país. Ambas películas tienen una carga psicológica muy elevada y sorprenden por su refinamiento y simplicidad.

Faraón, en cambio, fue creada durante un período de mayor represión política en el que las costosas adaptaciones literarias parecían ser el único camino. Se trata de una película con un aire muy diferente a las películas históricas hollywoodienses de la época tanto en la puesta en escena como en el contenido de la misma, se temía tanto de Faraón como de Cenizas (1965) de Andrzej Wajda que sus creadores pudieran caer en el espectáculo (por suerte no fue así). Los conflictos de Ramsés XIII con la clase sacerdotal fue interpretada por sus contemporáneos como una alusión a la situación de la Polonia de la época, cuando las tensiones entre los dirigentes del partido y los representantes de la Iglesia católica eran abrumadoras.

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Se suele llamar a Kawalerowicz “virtuoso de la cámara”, los estudios sobre su cine suelen centrarse en la “forma”: montaje y composición de la imagen siempre estaban presentes en todo detalle ya en las primeras fases del guión. Como mayor exponente de su maestría detrás de la cámara suele considerarse El juego (1968), donde Kawalerowicz no acaba de identificarse con ninguno de los dos protagonistas sino que la cámara es quien tiene verdaderamente personalidad propia. Recordemos que Kawalerowicz estudió Bellas Artes, en concreto pintura, de ahí su sensibilidad plástica y necesidad de controlar todo detalle de lo que en la pantalla se presente. Muestras de esta sensibilidad y maestría son, sin lugar a dudas, Madre Juana de los Ángeles y Tren de noche (ambas fotografiadas por Jerzy Wójcik) donde no hay sitio para lo casual dentro de la composición de cada encuadre.

No es este el lugar para analizar con más detenimiento cada una de las obras de este “faraón” de la cinematografía en general. Desgraciadamente el motivo de este artículo es el fallecimiento de este autor que, según solía decir: «En la vida, siendo adulto, se me ha pasado por la cabeza que no pudiera hacer más películas. Por supuesto, no es una cuestión de edad sino que en algún momento se ha de terminar. Pese a ello, siempre que he pensado normalmente he sido incapaz de encontrar un lugar que no fuera trabajar como cineasta…» [3]

Filmografía

[La traducción de los títulos al español la tomo de: C. Losilla y J. E. Monterde (Ed.): Vientos del Este. Los nuevos cines en los países socialistas europeos, Valencia 2006.]

  • 2001 - Quo vadis [Quo vadis?]
  • 1995 - Za co? [¿Por qué?]
  • 1990 - Bronsteins Kinder [Los hijos de Bronstein]
  • 1989 - Jeniec Europy [El ren de Europa]
  • 1982 - Austeria [La posada]
  • 1980 - Encuentro en el Atlántico (Spotkanie na Atlantyku)
  • 1977 - Śmierć prezydenta [Muerte de un presidente]
  • 1971 - Magdalena [Magdalena]
  • 1968 - Gra [El juego]
  • 1965 - Faraón (Faraon)
  • 1960 - Madre Juana de los Ángeles (Matka Joanna od Aniołów)
  • 1959 - Pociąg [Tren de noche]
  • 1957 - Prawdziwy koniec wielkiej wojny [El verdadero fin de la guerra]
  • 1956 - Cień [La sombra]
  • 1954 - Pod gwiazdą frygijską [Bajo la estrella frigia]
  • 1953 - Celulosa [Celuloza]
  • 1951 - Gromada [La colectividad]

Bibliografía

  • Hatlof, Marek: Kino polskie, Gdańsk 2004.
  • Kawalerowicz, Jerzy: Więcej niż kino, Warszawa 2001.
  • Losilla, Carlos y Monterde, José Enrique (Ed.): Vientos del este. Los nuevos cines en los países socialistas europeos 1955-1975, Valencia 2006.
  • Nurczyńska-Fidelska, Ewelina (Ed.): Kino polskie w trzynastu sekwencjach, Kraków 2005.

[1] Traduzco de http://miasta.gazeta.pl/warszawa/1,87090,4816345.html

[2] Andrzej Wajda dirije en 1999 la adaptación de Pan Tadeusz, epopeya nacional escrita por el romántico Adam Mickiewicz, y Jerzy Hoffman lleva  A sangre y fuego de Sienkiewicz a la pantalla ese mismo año (completando así la trilogía que empezara a adaptar en 1969 con El señor Wolodyjowski).

[3] J. Kawalerowicz: Więcej niż kino, Warszawa 2001, p. 9.