Juno (Jason Reitman, 2007)

Por J.A. Souto Pacheco

Diario de una rebelde

Juno viene a recoger el testigo dejado el año pasado, en estas fechas previas a la ceremonia de entrega de los premios Oscar, por Pequeña Miss Sunshine. Ambas películas se sitúan en ese desdibujado espacio que pretende dar forma a ese cuerpo difuso llamado cine independiente y asientan el punto de vista de la narración en las vicisitudes de los niños y jóvenes, aunque el calado de las dos historias sea eminentemente adulto. Hoy en día, cualquier cosa cabe en el ajado saco de lo indie. A fin de cuentas, los ecos lejanos del cine de Rainer Werner Fassbinder o John Cassavetes parecen cumplir mejor los preceptos de la independencia cinematográfica que esta producción de una filial de la Fox. Es cierto que Juno prima la ficción de raíz humanística frente a los efectos especiales o las caras de actores semi-desconocidos versus a las estrellas hollywoodenses consagradas; sin embargo, el discurso del cine independiente se ha adocenado, fagocitado por la maquinaria de las grandes productoras que parecen haber transformado el serpenteante río del Festival de Sundance en una provechosa piscifactoría de activismo cinematográfico.

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Atrás quedan títulos como Gracias por fumar —del propio Jason Reitman—, Alta fidelidad, American Splendor —los títulos de crédito de Juno nos remiten a esta película— o Entre copas. Y de todas ellas, se pueden escribir frases parecidas. Entrando más en materia, Juno saca partido de instalar a sus personajes en situaciones de cierta complejidad, donde los silencios se convierten en trances incómodos y las interacciones sociales se tornan en algo notablemente tenso. El guión de Diablo Cody exprime, en estas circunstancias, la comicidad de un material que apunta, más bien, a la tragedia y lo melodramático. La historia de Juno (inconmensurable Ellen Page), esta joven de 16 años que decide entregar en adopción al bebé que está engendrando, se deja ver, en un principio, como una comedia adolescente (la habitación de Juno y su amiga  está rebosante de pósters y todo tipo de gadgets; asimismo, constantemente veremos a chicos corriendo con la equipación deportiva del instituto y a cheerleaders entrenando sus destrezas mientras piensan en el próximo baile de fin de curso) hasta que ésta conoce a los futuros padres adoptivos del pequeño. A partir del momento en el que Juno determina a quién cederá su bebé, las aristas del relato comienzan a revelarse. Juno congenia con Mark (Jason Bateman), se identifica con él, hasta que la imagen idealizada de éste se diluye para dar paso a otra mucho más desengañada, presa de la inmadurez de un Peter Pan que no quiere crecer. A su lado, Vanesa (Jennifer Garner) parece ser una mujer que desea colmar su vacío existencial con cierta rigidez en sus relaciones diarias y, sobre todo, con una maternidad a estrenar.

Sin alcanzar el grado de hieratismo de los personajes que Wes Anderson mima en su excelente Viaje a Darjeeling ni la excentricidad de los de Pequeña Miss Sunshine, y que suele ser tan común en este tipo de producciones, el catálogo de sujetos que pueblan la película es de lo más variopinto. Partiendo de la propia Juno, que se muestra como una adolescente alejada de cualquier corriente actual. Sus frases, vacías de lisonjas, que rechinan hasta casi parecer increíbles —y más si tenemos en cuenta que fuma en pipa— por su mordacidad e inteligencia, son las que van desgranando la hipocresía y el fariseísmo de los adultos que la rodean y de sus compañeros y compañeras de clase. Ante la disyuntiva de dos caminos a seguir y pudiendo llevar la contraria, mejor escoger la opción del medio —son diversos los planos en los que, de espaldas a la cámara, Juno se abre camino ante una ingente masa de adolescentes que transitan en sentido contrario al suyo—, aunque ésta no sea, precisamente, un atajo. Así, el modo deseable de insubordinarse no es abortar con autorización paterna o sin ella, sino teniendo a su hijo y dándolo en adopción a una pareja lo más cool posible.

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Puede ser que como le sucediera a Pequeña Miss Sunshine o Entre copas, esta película acabe siendo un tanto sobrevalorada por público y crítica. No obstante, de lo que no cabe duda es que Juno cuenta una historia que nos va atrapando poco a poco y que deja un excelente sabor de boca, quizás por ese magnifico travelling en retroceso con el que Reitman cierra la película. Bleeker (Michael Cera) y Juno cantan una canción con sus guitarras y acaban besándose mientras un grupo de atletas de instituto pasan corriendo por delante suyo. Definitivamente, eso no va con ellos.