El último justo (Manuel Carballo, 2008)

Por Natalia Ortega*

Existe la creencia de que el orden del mundo está regido por 36 Hombres Justos. Con la destrucción de estos hombres cabe la posibilidad de que surja un nuevo orden. Si un hombre justo muere, otro nacerá en el mismo instante. Pero si es asesinado, desaparecerá. De acuerdo con este dogma, una secta milenaria ha ido matando uno a uno a estos hombres a lo largo de la historia.

Al salir a la luz unas partidas de nacimiento que estaban desaparecidas, se desvelan las identidades de los tres últimos Hombres Justos. Poco después, Teo, Diego Martín, un joven fotógrafo de guerra, se verá envuelto en el asesinato de su amante y editora, Goya Toledo. Estos son los motores de salida de este thriller dirigido por Manuel Carballo y coescrito por Manuel Carballo y Manu Díez.

Otra película de género con la marca de la Filmax que se caracteriza por una cuidada producción y por la apuesta por el director Manuel Carballo, quien ya había trabajado en el equipo de cámara para películas de la casa como Darkness, Second Name, Romasanta y Dagon entre otras.

Una película comercial que tampoco aporta nada nuevo al género. Con un sonido ambiguo que juega bastante con el fuera de campo pero donde hay secuencias, como las de la segunda habitación de hotel de Teo, donde resulta demasiado confuso. Con un guión que se sostiene más o menos haciendo entretenida la trama pero que cuenta con diálogos pobres y en ocasiones poco realistas y que peca de una muy cuestionable dirección de actores. Es aquí donde encontramos el punto más flojo de la película. Los personajes no resultan creíbles en ningún momento. Aunque cuenta con caras tan conocidas como Diego Martín, actor de series televisivas que aquí cambia de registro no con demasiada fortuna y Federico Luppi o Antonio Dechent, actores de prestigio que sorprenden aquí por sus pobres e insulsas interpretaciones.

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Ya muy avanzada la cinta encontramos una secuencia que nos deja boquiabiertos. Teo ya inmerso en una vorágine de persecuciones y de muertes se dirige a una antigua capilla en busca de información, a su paso, aunque no lo vemos, pierde su cámara de fotos. Cuando, poco después, la policía llega al mismo lugar, encuentran la cámara, y en ese momento el director nos sorprende haciendo una reconstrucción de cómo Teo pierde la cámara de fotos, e incluso subraya el fotograma, por si alguno no lo habíamos captado, con una técnica que recuerda a la de los anuncios de cereales en los que marcan en un calendario cuantos días faltan para que disfrutes de una línea perfecta. No hay ninguna necesidad de introducir un plano como este, y mucho menos de subrayarlo, ni la película es tan compleja, ni el dato era incomprensible sin esta pista adicional. ¿Nos encontramos ante algún tipo de alarde técnico o simplemente el director menosprecia a sus futuros espectadores negándoles la oportunidad de dilucidar por sí solos? En cualquiera de los casos este plano resulta molesto y yendo más allá, de la misma forma que nos preguntamos por la necesidad que había de mostrar un plano como éste, deberíamos preguntamos por la necesidad de seguir haciendo películas como estas. Películas de usar y tirar que no dejan mas rastro tras de sí que los miles de euros que se han invertido para su producción.

La película de Manuel Carballo encaja perfectamente con la apuesta de la Filmax , y no hay que olvidar que también con la de Antena 3, muy amiga de trasladar sus estrellas televisivas a la gran pantalla para hacer películas fácilmente programables en su televisión, un grotesco ejemplo sería Los Borgia, donde recuperaba a todos los protagonistas de "Al salir de clase" para disfrazarlos al estilo del S.XV y ponerlos a hablar como si estuviesen en el bar tomándose unas cervezas.

Diego Martín se ha enfrentado a un difícil reto. Salir del encasillamiento de un tipo de personaje, algo muy ligado al actor de televisión, necesita de una buena oportunidad para hacerlo y esto conlleva que haya un buen guión, una buena dirección y un buen trabajo actoral.

(*) Natalia Ortega es alumna de la Diplomatura en Teoría y Crítica de Cine impartida por Observatorio de Cine. Esta crítica forma parte del ciclo de prácticas de la escuela que realizan en colaboración con MIRADAS de CINE.