Dentro de su colección Far West, Suevia nos ofrece la oportunidad de poder disfrutar en nuestros hogares con uno de los trabajos más destacables de Fritz Lang, y también de su protagonista, Marlene Dietrich. En Encubridora, el director alemán, ya exiliado en Hollywood, nos narra la venganza de Vern (Arthur Kennedy), que va en la busca del asesino de su prometida, al que tendrá que desenmascarar entre otros muchos delincuentes (haciéndose pasar por uno de ellos) en el rancho de Altar Keane (Dietrich), donde se esconden los fugitivos de la zona. En su mejor western, Lang nos regala secuencias para la galería como la carrera de “caballos” de Altar o el épico y tenso desenlace y por supuesto, el filme no escatima en crudeza a la hora de mostrar la violencia. Si por algo destaca Encubridora aparte de una tremenda agilidad narrativa es por la construcción y la interpretación de unos personajes ambiguos donde hay cabida para el amor y la compasión, pero también para la mentira, la traición y el odio más terrible. Personajes que más parecen personas, de las de carne y hueso, y también de las de armas tomar.
El universo Fellini en dos horas de reloj. En Mastroianni encontramos a su alter ego, precursor por igual de Indiana Jones y de modernos anuncios de Martini, enfrentado al vértigo y a la náusea de la propia obra aún por concebir, y el tiempo en su contra, y todos dependiendo de él, y él pensando en sus cosas, en su infancia, en sus mujeres, y las walquirias sonando, y él soñando, y Fellini rodando. Tal vez el único lugar donde se debería ver esta jodida maravilla hecha con las tripas y con dos cojones, y donde poder sentirse identificados con todo ese carrousel de individuos que al final descienden de la aeronave, es en una sala de cine decente, pues el cine no deja de ser sueños en pantalla gigante, y estos de verdad que parecen muy reales, tanto, que da miedo pensar que los personajes de las películas de Fellini fuesen un vivo reflejo de su realidad diaria. Como es poco probable que programen Ocho y medio en algún cine cercano, la segunda opción es esta excelente edición de lujo editada por Cameo. El paquete consta de dos DVD's, el primero con la película en sí, y el segundo con pequeñas entrevistas (Sandra Milo, Lina Wertmüller y Vittorio Storaro), una introducción a cargo de Terry Gilliam y el documental de hora y media Fellini, soy un gran mentiroso, todo ello complementado con el libro Mostrar y demostrar de Horacio Vázquez-Rial. Una edición en condiciones para una película que es todas las películas.
Vista por primera vez en España en el otoño de 2005 en Sitges, la última pieza de la trilogía sobre la venganza de su director, el coreano Park Chan-wook, pudo verse durante el verano de 2007 en cines, si bien solamente en determinadas ciudades y por un tiempo limitado. Manga Films saca ahora al mercado doméstico esta espléndida edición especial compuesta de dos discos que permite recuperar un título capital en la trayectoria del director de I'm a cyborg but that's ok (2006) e indagar en sus secretos. El primer disco presenta la película en su versión original incluido el ratio de 2:35 y el formato panorámico de la pantalla. El segundo por su parte es una gozada para cualquier seguidor de Park y/o de la película: making of, un extenso documental alrededor de los padres con sed de venganza, varias aproximaciones al estilo del film (destacando el fragmento sobre la creación de los efectos visuales), una interesante entrevista realizada el pasado año en Sitges por Quim Crusellas, y el montaje del director con su correspondiente complemento en el que director y actores comentan las escenas añadidas. Prefiero la ligereza y frenesí de Old boy (2003) sobretodo en relación a la gravedad, más bien impostada, de este relato desigual, contradictorio en su plasmación de la violencia y bastante discutible en su posicionamiento ante la venganza. No obstante, siendo justos, y sobretodo a partir de su segunda hora, Symptathy for Lady Vengeance es un film vibrante y visualmente impactante.
J.D. Cáceres
El nacimiento hace poco más de un año de la serie televisiva “Masters of Horror” fue uno de los acontecimientos más aplaudidos por los aficionados al género de terror, primero por el regreso de uno de sus iconos más representativos (además de uno de los mejores directores vivos), John Carpenter, el cual dicho sea de paso entregó el mejor capítulo (“Cigarette Burns”) de la temporada, y segundo por el notable nivel general de las propuestas, las cuales recuperaban a cineastas que siempre habían dado lo mejor de sí en los márgenes del género (entregando, en algunos casos, sus mejores trabajos en años): Tobe Hooper, John Landis, Joe Dante, John McNaughton, Mick Garris, Don Coscarelli, Larry Cohen. Para la segunda temporada, de la que Manga Films nos trae los primeros tres episodios en una cuidada edición en 2 discos con numerosos extras de interés, han repetido directores (entre ellos el propio Carpenter, bastante menos inspirado) y se han incorporado otros nuevos. El bagaje, aun siendo menos impactante que la primera temporada, es de momento positivo, por cuanto la serie sigue caminando por el mismo sendero donde destacan la muerte, la sangre, el humor, la crítica, y en definitiva la pasión por extraer pura diversión de las historias menos amables y retorcidas. Por el momento va ganando un John Landis que con su “Family” ofrece una nueva visión de su concepto del género siempre muy ligado a la parodia y el humor. Pero atención a los otros dos capítulos, donde la curiosidad por la muerte presente en “V de Vampiro” (Ernest B. Dickerson) y la devastadora presencia de lo monstruoso en “La cosa maldita” (Tobe Hooper) provocan no pocos sobresaltos.
J.D. Cáceres
Durante el pasado festival de Gijón me entristeció comprobar entre las nuevas hornadas de críticos y cinéfilos había muchos que no sabían quién era Hal Hartley ni habían visto ninguna de sus películas. Supongo que todo va tan deprisa que a veces parece que no haya tiempo (y a veces ni siquiera curiosidad) para descubrir más allá de la inabarcable oferta que nos ofrece el cine actual. Hal Hartley pertenece a una generación perdida, la de los independientes americanos que no fueron absorbidos por la industria para realizar una carrera a expensas de Hollywood. Los verdaderos hijos de Sundace. Sin embargo, muchos de los logros de esa generación han sido cruciales a la hora de reescribir la modernidad cinematográfica. Ahora que se habla tanto de la idea de “cine transnacional” nadie menciona que uno de los que primero adaptaron esa premisa a sus películas fue precisamente Hal Hartley en Flirt, llevando más allá la misma idea en la reciente Fay Grim. Hartley siempre fue un cineasta atípico, con unos rasgos muy marcados que podían conducir a la irritación o a la fascinación. Pensaba que su cine podría haberse quedado antiguo, pero hace poco volví a revisar Trust y me dejó igual de impresionada que cuando la vi por primera vez. Y es que hay pocos directores que hayan firmado diálogos sobre las dudas que provoca el sentimiento amoroso, de la fuerza y la sinceridad que les lograba imprimir Hartley.
-Quiero que me digas si lo nuestro tiene futuro
-¿Cómo puedo responder a eso?
-Sí o no.
-No veo el futuro
-No hace falta verlo si sabes que está ahí.
Alrededor de estas frases y de unas líneas de guión casi idénticas Hartley construye tres historias simétricas que se desarrollan en diferentes continentes. Pero da igual que los personajes se encuentren en América, Europa o Asia porque los conflictos y las incertidumbres humanas son universales. El pack que ahora nos presenta Avalon a través de la Filmoteca Fnac nos da la oportunidad de recuperar este clásico de Hartley y de disfrutar de una de las películas más especiales realizadas en los últimos años y que lamentablemente no ha recibido la repercusión que merecía (a mi entender a la altura de prodigios como Demonlover de Olivier Assayas). The girl from Monday es una fábula en torno a una sociedad hipotéticamente futura en la que todas las voluntades se encuentran dominadas por un gobierno despótico que rige los destinos de la gente. Hasta el sexo se ha convertido en un valor de incremento económico y no se puede practicar por placer puesto que cualquier forma de individualismo se considera subversiva y un acto de rebelión frente a la sociedad. Al fin y al cabo Hartley realiza una lúcida reflexión en torno a la política del terror del gobierno estadounidense post- 11 de septiembre, pero siempre desde su particular sensibilidad a la hora de reflejar las relaciones humanas que es al fin y al cabo lo que más le interesa de todo. El pack se completa con dos de sus trabajos en formato cortometraje que realizó al principio de su carrera, entre Trust y Survive Desire. Se trata de Ambition y Theory of Achivement, esta última protagonizada por la fascinante Elina Lowënson, una de las musas del director. La edición de este díptico de Hartley supone un acontecimiento en sí mismo ya que parte de la filmografía del director se encuentra descatalogada. El propio Hal se encuentra embarcado en la tarea de conseguir poco a poco los derechos de autor de sus películas para poder rescatarlas a través del sello Fortissimo Films. Esperemos que muy pronto podamos disfrutar de piezas maestras como Amateur o Simple Men.
Beatriz Martínez