1En varios momentos de este libro me ha referido a ciertas películas como posibles muestras de una nueva forma de entender o afrontar el cine musical. Con 9 Songs (2004), Michael Winterbottom dinamita el concepto, puesto que se trata de una película, en mi opinión, que podría introducirse sin problema alguno dentro de una antología sobre tal género, a pesar de que pueda no presentar muchas de las características que dan a dicho género su consistencia, su definición. No sólo porque en ella se produzcan varias interpretaciones musicales (nueve en concreto, de ahí su título), si no que, además, las escenas de contenido sexual que se producen entre ellas, así como las de otras características, vienen a ser continuaciones de las otras. Es decir, todo posee un sentido musical, incluso cuando no hay música y sólo se escuchan las palabras y los jadeos de los amantes mientras follan, existe una idea de musicalidad nacida por la unión y los movimientos de los cuerpos.
2El origen de 9 Songs se encuentra en la literatura, en concreto, en la novela Plataforma, del escritor francés Michel Houllebecq; la controversia que surge tras su publicación, centrada tanto en sus descripciones del acto sexual como en sus ataques hacia el mundo islámico, llama la atención de Winterbottom, quien decide realizar una película comercial donde se muestre sexo explícito. No es de extrañar que en un momento dado, Lisa (Margo Stilley) lea un fragmento del libro a Matt (Kieran O´Brien) en la cama, momento que precede a uno de lo actos sexuales explícitamente expuestos en pantalla. En la novela, el sexo es presentado mediante unas descripciones claras y directas, sin tapujos, aunque dejando al lector, eso siempre en literatura, un grado de fantasía a la hora de crear una imagen de aquello que lee. Sin embargo, Winterbottom lo hace explícito en la pantalla, de ahí que la polémica y el rechazo sean más abruptos: una cosa es imaginar.

9 Songs se articula a través de un largo flashback de Matt, quien desde la Antártida recuerda la relación que mantuvo con Lisa, una joven americana en Inglaterra. A partir de ahí, Winterbottom adopta en todo momento un estilo en el que se siente particularmente a gusto, como es el de rodar cámara en mano y dando siempre la sensación de jugar con la realidad y la ficción sin quedarse en ninguna de las dos; en este caso, además, de una manera mucho más clara que en otras ocasiones; de hecho, 9 Songs suele considerarse, de modo general, antes un documental que una película de ficción, consideración bastante curiosa si se tiene en cuenta que la película posee trama narrativa, aunque sea leve y en todo caso poco relevante, pero existir, existe. Sin embargo, el tono documental impera en todo momento, quizá por la cámara en mano y el granulado de la imagen (que recuerda, inevitablemente, a los modos del movimiento Dogma), también por el seguimiento que realiza a los amantes y las actuaciones musicales. A Winterbottom le interesa seguirles en sus encuentros, no siempre sexuales, así como la relación que se establecen las imágenes de Matt y Lisa con la de las actuaciones en directo de los grupos. Podría hablarse de documento musical, aunque sería reductor, puesto que no es sólo música aquello que se ve y se escucha en 9 Songs; sin embargo, las imágenes de los conciertos de Black Rebel Motorcycle Club, Von Bondies, Elbow, Primal Scream, Dandy Warhols, Super Furry Animals, Franz Ferdinand y Michael Nyman, poseen todo el aspecto de serlo. Independientemente adquieren importancia, pero la aumentan con la relación que se establece con las imágenes de Matt y Lisa. Así, el conjunto, como decía al comienzo, adopta una cierta forma de cine musical, al menos desde una perspectiva diferente; como poco, pone de relieve la posibilidad de plantearse que los géneros pueden ir adoptando otras formas, violentando sus concepciones clásicas.
3En el cine contemporáneo han sido diversas las películas que han mostrado sexo explícito en la pantalla; algunas de ellas ocuparán las sucesivas páginas; otras, como Batalla en el cielo o Lower City quedan fueran por diversos motivos. Pero ninguna de ella ha planteado lo de que plantea 9 Songs en cuanto a un acercamiento tan directo y fuera, de alguna manera, de la narración. Si todas ellas introducen el sexo en una historia, sea cual sea su planteamiento, Winterbottom, aun haciéndolo de manera leve, prefiere acercarse a él de manera más clara, en bruto. Se conoce a los personajes y sus motivaciones, les vemos conversar y sabemos datos de su vida y su relación; sin embargo, lo que realmente le interesa al director británico es explorar sus cuerpos. A este respecto, podría decirse que la trama argumental, por llamarla convencionalmente, supone un lastre; de no estar todo podría ser más confuso, pero quizá ganaría en pureza.

A primera vista, las imágenes remiten al cine porno en su concepción, aunque tan sólo en apariencia. Winterbottom va dejando claro en el transcurso de la película que le interesa acercarse a las escenas, si no de una manera novedosa, sí con otra forma de mirar. La cámara no se centra, como haría una película porno al uso, tan sólo en los genitales, si no que se mueve constantemente por los cuerpos, mostrando diversos puntos, buscando los suspiros y jadeos, constatando los movimientos y documentando la corporeidad de los actores. En cierta medida, parece la película de alguien que desea comprender algo y se adentra en su búsqueda, optando por mostrarlo y no añadir comentario alguno, dejando que sean las imágenes quienes hablen por sí mismas.
4Las secuencias donde Matt y Lisa conversan, viajan o visitan clubs de striptease, si bien pueden verse de alguna manera como un lastre para lo que podría haber sido 9 Songs, también es cierto que suponen un contrapunto para las secuencias de sexo, también una manera de hacerlas más comprensibles en su desarrollo. Así, Matt y Lisa no sólo se configuran como personas a través de lo que se deduce de su comportamiento fuera de la cama, si no que se sabe más de ellos a través de lo que hacen en ella. Los cuerpos hablan por ellos y se convierten en partes esenciales de la relación, máxime teniendo en cuenta la breve duración que posee, un año, durante el cual la pasión se encuentra en estado puro. Lisa es mucho más directa, busca más la satisfacción que Matt, quien siempre se muestra más tímido e inseguro, al menos ante ella. No sólo ocurre en las conversaciones, si no que mientras follan dejan claro quien es quien en la cama. Los propios movimientos de ambos lo dejan claro, siendo Lisa siempre la que parece desear o necesitar más del contacto carnal que Matt, quien poco a poco se ve más influido por el componente emocional que por el físico.

Winterbottom parece querer poner en relieve que es tan importante lo que sucede fuera de la cama como aquello que acontece fuera de ella, que nunca pueden separarse ambos estados. Mostrando el sexo de manera explícita, además, consigue que los actores-personajes se desnuden en todos los ámbitos. Es necesario mostrar la intimidad en su grado más puro para conocerlos, puesto que sus cuerpos son tan importantes como sus pensamientos y sentimientos expresados fuera del coito.
5En más de una ocasión se ha hablado de 9 Songs como una película que se adecua al famoso grito de sexo, drogas y Rock & Roll; y en cierta manera, así es. Matt y Lisa follan constantemente, de manera casual toman drogas y asisten con regularidad a conciertos. De hecho, todas las actuaciones musicales los tienen a ellos como espectadores, de ahí que éstas se introduzcan dentro de la propia relación de los amantes, como un complemento a la misma; de hecho, es durante una de ellas cuando se conocen. A parte del componente narrativo (en cuanto a la película) y del sentimental (en cuanto a los personajes), las actuaciones musicales pueden verse, en su conjunto y en relación a lo anterior, como todo un documento, no sólo ya de la escena musical actual (los grupos elegidos son de lo mejor de la misma en la actualidad) si no que también se presenta como un documento (relativo y discutible, por supuesto) de la propia vida actual, de cómo la música afecta a las personas. Ya en 24 hour people party, partiendo de la década de 1980 y del Mad Manchester a partir del surgimiento del sello musical Factory y los grupos Joy Division y Happy Mondays, así como su desarrollo y conversación en otras bandas, especialmente New Order, Winterbottom había elaborado una gran película sobre la importancia de la música como elemento social, como elemento ya indisociable de la vida actual. Esta característica no sólo aparece en estas dos películas, donde la música surge de manera explícita dentro de la narración, si no que otras películas ya se aprecia el interés de Winterbottom por introducir música actual, no de manera caprichosa, si no como un elemento más dentro de la concepción, muy precisa, del momento y como manera de convertir la música en algo más que un mero acompañamiento de la puesta en escena; así, en Wonderland (…),Código 46 (Code 46; 2003) finalizaba con la canción Warning Sing de Coldplay, sin olvidar que la propia banda sonora estaba compuesta por The Free Association, de David Homes; Contigo o sin ti se basaba para su título en una canción del grupo U2 o I want you (1998) por una de Elvis Costello.
Pero el caso de 9 Songs es especial con respecto al resto por esa relación entre la música y el movimiento de los cuerpos y el sonido de los amantes. Hay una armonía en el conjunto que transmite esa sensación de estar ante una película musical, eso sí, de unas coordenadas muy especiales y unos planteamientos muy concretos. Es ante todo una exploración, una búsqueda, a través de los cuerpos y su colisión, de su relación entre sus movimientos y la música, de la propia naturaleza del cine y hasta donde ésta puede llegar a la hora de constatar algo más allá de una historia y unos personajes.
© Israel Paredes. Publicado originalmente como parte del libro "Imágenes del cuerpo", Asociación Cinéfila Re Bross, Cáceres, 2007, pp. 189- 194.