En uno de los escasos momentos con tensión dramática en Across the universe, Max discute con su padre acerca de su proyecto en la vida enfrentando dos opciones:. "Qué haces define lo que eres" o "Quien eres define lo que haces". Una reflexión que puede resultar tan vacía como compleja, en función de la riqueza de los argumentos que se aporten. Si nos quedamos en la superficie más epidérmica, Across the universe, y el conjunto de la obra cinematográfica de Julie Taymor constituida también por Titus (1999) y Frida (2002), es vacía. Del mismo modo se puede considerar que esta reciente película es pobre de contenido, en cuanto la trama se reduce a una simple historia de amor, adornada con referencias a la sociedad USA de los sesenta y a Vietnam y simple en su resolución.

Pero puede hacerse otra lectura. Julie Taymor es una directora teatral con gran interés por la plasticidad, la danza y la escenografía. Trabajó Titus como una adaptación teatral voluntariosamente "grand guignol", con grandes juegos de luces y explotando la vertiente sangrienta de la obra shakespearana. En el caso de Frida, también se redujo la trama a los lugares comunes de la apasionante vida de la desafortunada pintora y de su inefable pareja, Diego Rivera, envueltos por el escándalo, los movimientos de izquierdas y los amoríos más o menos desafortunados. Taymor, no obstante, se esforzó y triunfó por recoger tanto la sensibilidad dolorida de la pintora como su plasticidad que exportó de los cuadros a las imágenes de la cinta, tanto en colorido como en referentes visuales.
En el caso de Across the universe, Julie Taymor utiliza la música de los Beatles de modo equivalente a cómo utilizó la pintura de Frida Kahlo. La historia es breve pero el objetivo no es la historia. Taymor asume el reto de reflejar en la pantalla las creaciones del cuarteto británico sin el cuarteto británico. La historia de Jude y Lucy se entrelaza y modifica de acuerdo con las letras de las canciones de los Fabulous Four. De ahí sus nombres, y a partir de ahí Jude se desplaza de la zona obrera de Liverpool a un Manhattan dónde los pijos yanquis se manifiestan contra la guerra. Las alusiones al LSD, al asesinato de Martin Luther King a Janis Joplin y Jimmy Hendrix puntúan la trama de un modo un tanto inocente. Pese a la apariencia endeble de la trama, hay un gran trabajo de creación para encajar el argumento de acuerdo con las canciones. Así hay un gran flashback desde que Jude canta Girl y Lucy se enfrena a la policía a los acordes de Helter Skelter , para lanzar la historia de amor desde las canciones más románticas (Hold me tight, All my loving, I wanna hold your hand) y posteriormente desarrollar el conflicto en paralelo entre los conflictos raciales y sociales (Let it be, Come together, I want you, While my guitar gently weeps, Across the universe, Revolution, Hey Jude). Entremedias hay referencias a la psicodelia (Strawberry fields, Happiness is a warm gun, I'm the walrus, For the benefit of Mr. Kite) y todo culmina, como no podía ser de otro modo, con un emotivo All you need is love. ¿Un resultado pobre? Francamente, no. El ejercicio llevado a cabo por Taymor, el juego si se quiere, alcanza buenos resultados. La coherencia entre las imágenes, el argumento y las letras tiene una coherencia como los mejores musicales, cómo si las canciones hubieran sido escritas ex profeso. ¿Una historia cursi y simple? Tal vez, pero en la misma medida que lo eran los mejores musicales de Minnelli, de The bandwagon a An american in Paris. Puestos a comparar, sin alcanzar el nivel artístico de los clásicos, Across the universe sí puede compararse con los mamotrèticos musicales de finales de los sesenta y los setenta como Oliver, El violinista en el tejado o West Side Story, más fundamentados en la parte dramática y las canciones que en un esfuerzo coreográfico, más anclados en un dueto de cantantes que en un conjunto de baile (el número de With a little help from my friends sería equivalente a muchos de estas cintas, resultando el más setentero, más anticuado, basándose en un conjunto de personajes corriendo en un montaje estructurado en torno a imágenes de comedia tonta).
En general, Julie Taymor apuesta por un esfuerzo en la elaboración de las imágenes recurriendo tanto al montaje de escenas alternadas en montaje paralelo o en sobreimpresión, como a la coreografía combinada con la digitalización. Entre las primeras cabe destacar un Let it be en clave soul que se vincula a la muerte del novio de Lucy y a los conflictos raciales, un Come together en el que aparece el émulo de Hendrix en un largo camino hacia la fama y con el apoyo de la voz de un recuperado Joe Cocker y unos dolientes While my guitar gently weeps y Across the universe, con los dos héroes masculinos en conflicto con sus parejas y consigo mismos, errando al compás de la música que ellos mismos cantan mientras la sociedad se agita a su alrededor. Sin ninguna duda entre los segundos hay que destacar un formidable I want you, en el que el tío Sam se anima desde un cartel y acosa a los reclutas que son examinados en una danza opresiva y con una serie de digitalizaciones ingeniosas, el Happiness is a warm gun y For the benefit of Mr. Kite , que se basan tanto en un empleo psicodélico de los colores como en brillantes escenografías muy acertadamente coreografiadas con la colaboración mínima de bailarines.

De todos modos, si la opción "chico conoce chica, chico pierde chica, chico recupera chica", que Across the universe reproduce a partir del conjunto de musicales clásicos, si la culminación romántica a los compases de All you need is love no resulta estimulante o innovadora al análisis, plantearía la valoración de Strawberry fields como la más emblemática de la cinta. A partir de la psicodélica letra, Julie Taymor lleva la música de los Beatles a una interacción entre la pintura, la performance y la coreografía de unas imágenes que van de la desesperanza por el amor perdido al horror de una guerra impuesta desde un gigante capitalista. Las fresas aplastadas contra el lienzo al compás de Lennon y McCartney se transforman en bombas que arden en los arrozales vietnamitas. Cada vez más, en el análisis del futuro del cine, se debate la interacción de éste con otros ámbitos artísticos. La obra de Taymor, más o menos conseguida, se integra perfectamente en esta correspondencia entre formas creativas. Y si la música es buena, aun mejor.