Crónica de Anna Magdalena... (J. M. Straub & D. Huillet, 1968)

Por Alejandro Díaz

Imágenes que no bloquean la imaginación

Tras un parón de más de una década, el cineasta catalán Pere Portabella estrenó en 2007 un nuevo largometraje, titulado El silencio antes de Bach (Die Stille vor Bach), en el que rendía su particular homenaje a la figura del autor de las "Variaciones Goldberg". Su propuesta, concebida desde una perspectiva puramente intuitiva, entremezclaba imágenes del presente con reconstrucciones históricas del tiempo en el que vivió Bach, así como todo tipo de descontextualizaciones de su música, música que Portabella identifica con el inicio de la modernidad y cuya capacidad de resultar vigente en toda época o situación se proponía demostrar. El film concluye con un plano que recorre una fila de partituras originales del compositor, algo que termina por fuerza enlazando de algún modo su propuesta con la llevada a cabo más de medio siglo antes por Jean-Marie Straub y Danièlle Huillet, quienes, con Crónica de Anna Magdalena Bach, se acercaron también a la vida y obra del artista en cuestión. Sin embargo, el enfoque tomado por el matrimonio de cineastas resulta, en primera instancia, muy diferente, pues se trata en su caso de un encadenado de recreaciones de diversos episodios, narrada por una voz en off casi didáctica que se identifica con la segunda esposa de Bach, Anna Magdalena Wilcke, probable autora y narradora de hecho de la crónica escrita de la que parte el trabajo de Straub y Huillet. A propósito de la relación entre ambos films, Santos Zunzunegui asegura que, con su trabajo, Portabella «responde fílmicamente a Straub-Huillet, estableciendo un diálogo a través del tiempo entre dos obras que se miran entre sí y que se reconocen en su radicalidad compartida»  [1]. Uno de los elementos que más llaman la atención del film de Portabella es la escasa presencia de iconos tecnológicos propios de la contemporaneidad, como si el cineasta tratase de encontrar imágenes de hoy lo más cercanas posible a un mundo pasado que yace enterrado bajo los flamantes monumentos que jalonan la imposición global del capitalismo como modelo sociopolítico. Huillet y Straub, por su parte, ya había empujado hasta el límite esta premisa en su película, en la que únicamente ofrecen imágenes, situaciones, caracteres y comportamientos perfectamente identificables con los de dicha realidad pasada, la cual reconstruyen con un verismo y rigor admirables.

Aunque es muy difícil añadir comentario alguno que acompañe a un proyecto tan elocuente, conciso y meditado como Crónica., es inevitable que haga surgir multitud de cuestiones y fugas mentales en el espectador, pues se trata de materiales que abonan el terreno para la reflexión entorno a aspectos tan importantes como son el papel del arte en la vida humana, las dificultades a las que han de enfrentarse sus creadores, y la precariedad que, en muchos sentidos, sufren, como cualquier otra persona que ha de sobrevivir percibiendo dinero por su trabajo. Haciendo alarde de una gramática totalmente despojada y esencial, la película recrea todo un mundo a través de elementos mínimos, entre los que destacan un buen número de composiciones del cineasta, interpretadas en escenarios auténticos y con vestuario e instrumentos similares a los de la época. La extraordinaria fertilidad artística de Bach, directamente relacionada con las necesidades materiales que le reportaba su condición de hombre al frente de familia numerosa (tuvo siete hijos con Maria Barbara, su primera mujer, y otros trece con la propia Anna Magdalena), queda reflejada en el film, así como, sobre todo en la parte final, algunas imágenes se identifican con instantes de lo que fue su vida, siempre libres de cualquier retórica innecesaria, de todo sensacionalismo o sensiblería. Asimismo, se incluyen grabados que muestran estampas y estructuras arquitectónicas de la época, partituras y otros documentos escritos. Una forma sencilla pero extraordinariamente efectiva de recuperar para el presente (¿para el futuro?) los reflejos del pasado.

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En una entrevista publicada por Cahiers du cinéma en 1990, Huillet declara, a propósito de su film Moses und Aaron, que deseaban plantear la cuestión de que «no hay que permitir que las imágenes bloqueen la imaginación». Eso mismo cabe decir de su película de 1968. El minimalismo refuerza la verosimilitud de la reconstrucción, pero también es una elección de raíz fundamental en el planteamiento apriorístico de los cineastas, porque se desea denodadamente que las imágenes permitan el pensamiento, no se impongan al espectador ni a aquello que pretenden reflejar, no «maten al documental», que diría el propio Straub en otro momento de la mencionada entrevista. Uno de los planos más hermosos de Crónica. muestra un trozo de cielo que se vislumbra sobre las copas de unos árboles mecidos por el viento, con las nubes pasando hacia el lado izquierdo del encuadre mientras de fondo suena la cantata titulada Wamm kommst du. El instante en cuestión se postula como un ejemplo inmejorable de la estrategia seguida por los cineastas en el film. Evidentemente, la arboleda y el cielo que podemos ver no pertenecen al siglo XVIII, sino al momento del rodaje, pero se trata de una imagen muy similar a la que podría haber sido recogida entonces de haber existido medios para ello. Una imagen que muestra elementos que han estado ahí "desde siempre" y que relaciona presente y pasado de manera directa. Un documento de hoy que sirve como documento del ayer, pero que a su vez anula de facto cualquier tentación de recubrir lo orgánico mediante un manto de ficción impostada, revelando la condición de indagación documental de la propuesta, su pretensión de alcanzar el estatus de espejo fantasmal de quienes transitaron la faz de la tierra en tiempos pretéritos, así como de aquello que podía ser visto o escuchado por entonces.

En una breve pero fértil antología de Crónica de Anna Magdalena Bach publicada en la revista "Contrapicado"  [2], Enrique Aguilar considera que «el diálogo entre imagen y sonido, en manos de los Straub, transmuta la música en cine». Y el cine de nuevo en música, nos atrevemos a apostillar. Estamos, sin ningún lugar a dudas, ante una película que, pese a su notable trabajo de construcción formal, aparentemente sin fisuras, consigue respirar en todo momento y ofrece estampas de gran frescura y fisicidad. Supone, además, una liberación de cualquier corsé academicista, de todo cliché narrativo, así como una obra mayor sobre los misterios e incertidumbres de la creación artística y la vida de quienes a ella se dedican.

[1] Artículo publicado en " Cahiers du cinéma - España ", nº 7, Diciembre de 2007.

[2] http://www.contrapicado.net/panoramica.php?id=101