The Proposition (John Hillcoat, 2005)

Por Carlos Aguilar Sambricio

El ser humano y el mono

La redención. La culpa. El perdón. El pecado. La justicia. El infierno. Todos ellos son conceptos que se repiten en la discografía del genial compositor y cantante Nick Cave. El universo del artista australiano flirtea con grandes temas humanos, haciéndolo inmensamente atractivo para el cine.

Atendiendo a los puentes clásicos que podemos rastrear en otros artículos de este estudio, un cineasta seducido por ese mundo abordaría la cuestión normalmente con un biopic, sea este más o menos libre. Afortunadamente, existen diferentes tipos de sinergias. Cave escribió un guión que se transformaría en The Proposition (aún sin estrenar en nuestro país), que dirigió su compatriota John Hillcoat. Una relación satisfactoria tanto por su resultado como por abogar por una visión integrada de las artes y no por meras representaciones.

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Conocemos poco de la Historia de Australia, por lo que se hace extraño contemplar un western con esta denominación de origen. Sí hemos disfrutado de relatos que han abordado la temática aborigen. Desde La última ola (Peter Weir, 1977) a Jindabyne (Ray Lawrence, 2006) hemos tenido un leve acceso a las relaciones culturales, sociales y espirituales entre conquistados y conquistadores en estas tierras.

El guión de Cave, sin embargo, hace hincapié en la idea de civilización, esa que el invasor ha impuesto siempre al nativo. Una civilización que conlleva, según sus portadores, un superior nivel de desarrollo, de evolución. El compositor juega aquí con nosotros y nos conduce a una borrosa línea donde no se distingue dónde está el animal y dónde está el hombre.

El hombre blanco, pagado de sí mismo, el que se ríe de los estudios de un Darwin que equipara evolutivamente al aborigen con él y que lo encadena con el mono, demuestra durante todo el metraje lo paradójico de esa creída superioridad.

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Hillcoat y Cave escenifican una tierra feliz, un paraíso mítico que vemos convertido en realidad infernal por una cruenta aplicación de la violencia sin piedad, de la sinrazón animal. Su cuadro puede entonces dialogar en el mismo lenguaje con los de Terrence Malick, un cineasta comprometido moral y estéticamente con el choque cultural, la dualidad paraíso-infierno, las superficies áridas o la naturaleza y ética del ser humano.

En esa crisis provocada por el fallecimiento de la polarización Bien vs Mal,  en ese mundo brutal y cruel, las consecuencias del pecado se solucionan mediante la expiación  y la justicia. La expiación, la que pretende conseguir el protagonista interpretado brillantemente por Guy Pearce y la que persigue la propuesta a la que se alude en el título del film, es entendida como el asesinato que cubre otro asesinato; y la justicia, la que dictamina un pueblo que quiere sangre, es la que sentencia —incluso sin juicio ni presunción de inocencia— a un posible violador a morir a latigazos.

La obra de Hillcoat es salpicada por el lirismo de unas canciones de Cave que remiten a ese paisaje mítico que se recorta en la barbarie de las imágenes. Su cruda representación me hace pensar también en Los tres entierros de Melquíades Estrada (Tommy Lee Jones, 2005), otro renovador western que, partiendo del crepúsculo de Sin Perdón (Clint Eastwood, 1992), ahonda en el lado más básico y primitivo del ser humano.

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Ambientada irónicamente durante Navidad, The Proposition presenta a unos personajes en lucha con la idea de ser humano forjada, sobre todo, desde la Revolución Francesa. Una lucha que sus instigadores niegan. "¿Somos misántropos?", pregunta un personaje joven. "No, somos una familia", responde uno de sus hermanos mayores".

Cave, sin embargo, no puede cerrar el relato con esperanza. Abre un abismo de incertidumbre. Así, el capitán interpretado por Ray Winstone reconoce: “Tenía una idea de justicia para la ciudad, para el país, para ti… Ahora no lo sé”; y al forajido de Pearce su hermano le espeta: “¿Y qué vas a hacer ahora?”. Ahora. Entonces. ¿Evolución?