Héroes como Indy

Por Emilio Martínez-Borso

…I wanna be a macho Jones…

Desde el inicio de los tiempos, la figura del héroe ha sido una de las más propagadas, buscadas, agotadas y necesitadas que ha acompañado al hombre. La historia ha maquillado de leyenda acciones y personajes reales y no reales, cuyas hazañas han sido hábilmente modificadas para ensalzar valores y aspectos necesarios en cada momento, siendo así un espejo en el que poder mirarse. El arte no podía quedarse a un lado y la pintura, la escultura y la literatura han recreado, mostrado e imaginado multitud de héroes que se han erigido en ejemplos a seguir e imitar. Y como no podía ser menos, desde el inicio del cine, la persona del héroe ha sido una fuente regular de inspiración para ofrecer multitud de películas acerca del héroe. Héroe que por suerte ha sufrido diversas interpretaciones a lo largo de la existencia del cinematógrafo para ir dando diversos relieves y ofrecer nuevas ideas y concepciones de la simple idea del héroe caballeresco.

Porque realmente ¿Qué es un héroe?, o mejor dicho, ¿Qué es un héroe para el cine? En el sentido estricto y más simple y llano del término, la inevitable imagen el caballero andante valeroso, fuerte, justo, atractivo y valiente que deshace entuertos, vence al villano salva al mundo y se queda con la chica, es la que siempre ha ido de la mano de las películas de aventuras y de evasión pura y dura desde que el cine es cine. Hasta aquí nada que objetar, los más grandes cineastas han cultivado y aprovechado su potencial. Walsh, Curtiz, Siodmak ofrecieron grandes héroes, con la particularidad y el nexo de unión basado en la proveniencia de novelas, poemas, hechos y personajes históricos y comics. Indiana Jones de un latigazo rompió todo eso y creó una nueva jerarquía dentro del cine. Nació la aristocracia heroica, donde a no todos eran iguales a los ojos del espectador. El Dr. Jones estableció una monarquía absolutista donde los demás héroes que le sucedieran, deberían beber de él para intentar salir airosos de las (inevitables) comparaciones. A finales de los 70 el cine estaba cambiando, las películas, los temas, los cineastas… todo se vino abajo, y George Lucas se regocijó en ello al entregar la famosa guerra de las galaxias creando un nuevo estilo, un nuevo género, unos nuevos personajes y haciendo historia. Cuando sus batallas galácticas se destetaron de su padre y caminaban solas, juntose con Spielberg  y crearon un héroe nuevo, a la antigua usanza pero nuevo, tomando las mejores características del espíritu clásico y ofrecérselas a un público demasiado acostumbrado a la continua linealidad de las películas de aventuras y sus ya gastados protagonistas que siempre acaban con un happy end caiga quien caiga.

Por eso, después de 27 años y cuatro películas, con el permiso de James Bond (por longevidad, respeto y carisma), el Dr. Jones se ha convertido en el héroe por antonomasia. Todo el mundo lo conoce, lo respeta  los niños desean convertirse en él. Jones consiguió una proximidad con el público que inmediatamente fue explotado y recreado para generar nuevos personajes igual de carismáticos que consiguieran o por lo menos intentaran hacerle frente en lo económico y en el fervor despertado. Pero ¿qué tiene Jones para generar patrones que lo hayan emulado copiado o simplemente basado en sus hazañas? Las respuestas son obvias, el talento de sus creadores,  la presencia de su protagonista, y la autenticidad de su planteamiento. Con ello me refiero a una voluntaria proximidad a la gente de a pie. En contraposición con los protagonistas de las películas de acción y aventuras (entre los que debo incluir a Bond a pesar que en la última entrega ha resucitado de forma muy atractiva), Indiana Jones suda, sufre, se despeina, lo hieren y le duelen. Ésta vez, el héroe las va a pasar putas para salir vivo. Esta vez, el héroe no lucha por salvar el mundo, lucha por salvar su vida, muchas veces se ve metido en aventuras sin esperarlo ni pretenderlo. No es inmune al dolor, y posee sentimientos, y dentro de un lógico colchón amparado en el género al que pertenece, sus historias suelen tener un halo de realidad, de posibilidad.

Esa es la razón por la cual desde 1981, año en que nació hasta nuestros días tan sólo muy pocos han sido capaces de resistir el paso del tiempo y del olvido, y han sido capaces de ofrecer con éxito más entregas de sus aventuras. Si hacemos un breve repaso al cine de aventuras  y acción puro y duro que no esté basado en los personajes de comic o videojuego, muchas franquicias se han iniciado, pero pocas han salido airosas. Y los que lo han hecho ha sido siguiendo ese patrón que Indy inició. Marty Mcfly sigue teniendo hoy en día un lugar privilegiado en nuestra memoria cinéfila. El personaje que encarnó Michael J. Fox en la famosa trilogía de Regreso al futuro dio mucho más de si de lo que la gente pensaba. Mcfly no es más que un chaval normal como cualquier otro que se ve viajando en el tiempo, y claro a quien no le gustaría. Zemeckis, obsequió una original trilogía con personajes entrañables, situaciones originales y una dosis de aventura genuina que hoy es inconcebible. En el bando contrario, encontramos a un héroe urbano, cuya única aventura es sobrevivir el día a día. Rocky Balboa, el potro italiano es el héroe del pueblo, que aunque no salve el mundo, es como Indy alguien que suda y se deja la piel, aunque a partir de la tercera entrega se le fuera la olla. Y sin abandonar Stallone, encontramos a John Rambo, un héroe que por desgracia se quedó a la mitad perdiéndose entre tiros antes de encontrar su sitio en la industria y buenas historias que contar. Si es que no fue fácil sobrevivir en los 80.

Pero si hay alguien que merece un lugar junto a Indiana en el podio, fue el único superviviente de los 80 que ha sido el único personaje creado en la raíz de Jones que ha despertado patrones propios. Seguro que no hay nadie que no conozca o no hay visto nunca a John Mclane. El poli más chulo que un ocho, vacilón, con su resaca perpetua y su camiseta de tirantes ha sido el ejemplo más claro de lo expuesto anteriormente. Mclane, perfectamente encarnado por Bruce Willis, es un policía que siempre está en el momento equivocado en el lugar oportuno. Pero Mclane lucha por salvar a su mujer, su matrimonio y a si mismo, nada más, y sus situaciones demuestran dentro de lo que cabe, que a pesar de la ficción y la espectacularidad necesaria en este tipo de productos, no chirría ni desentona, pues el personaje es lo bastante cercano y humano como para hacérnoslo creer. Jones y Mclane son héroes de nuestro tiempo. Héroes de hoy, que no llevan espadas (aunque sí látigos) y nunca desean estar donde están, pero gracias a dios que están. En el nuevo milenio, de momento con la esperanza puesta en el nuevo 007, tan solo Jason Bourne ha sido capaz de devolvernos la ilusión de aunar un cine de espectáculo con un espíritu como el de Mclane. Bourne es demasiado humano. Es fuerte y rápido, mata automáticamente, pero siempre huye, lo único que quiere es saber quien es,  Matt Damon lo ejecuta a la perfección. Las secuencias de acción que pueblan la serie, son situaciones exageradas de posibles enfrentamientos reales.

Y es que muchos lo han intentado, pero pocos han sido capaces de conseguir que la  acción no sea un género de videoclub, devorado por bichos raros que no saben apreciar la procedencia de una buena película de aventuras como la de los héroes que acabo de nombrar, héroes que den ganas de continuar viendo, de ser como ellos, héroes que seguirán estando ahí cuando nos hayamos ido… héroes como Indy.