El camino del héroe

Por Alicia Albares

De la búsqueda a la renuncia del elixir

Profundizar en la naturaleza de personajes emblemáticos que el cine ha dejado a lo largo de su historia es más difícil de lo que parece: tienen poder por si mismos, tanto que su sola imagen es lo suficientemente elocuente como para despertar en nosotros el recuerdo de lo que fueron y la realidad de lo que todavía son, de las ideas que defenderán siempre como mito popular de nuestra cultura. Contemplar la imagen de Indiana Jones, con el látigo ondeando el aire y su sombrero cubierto de polvo, es mirar directamente el rostro de la aventura. Se ha convertido en el icono moderno del peligro y el romance, del misterio y los triunfos imposibles. Esto es lo que importa de ellos y lo que permanecerá en el imaginario colectivo, engrosando las filas de nuestros arquetipos para servir de semilla a muchos nuevos héroes que vendrán. Cavar en busca de orígenes y significados es un intento de llegar al fondo, de descubrir cuál es el nexo de unión del héroe con los mitos clásicos, los cuentos de hadas y los viajes épicos, originarios de todas y cada una de las historias que contamos. Pero tal objetivo resulta inabarcable, sus ramificaciones pueden prolongarse eternamente. Tan sólo pretendemos aquí un breve esbozo de todo lo que subyace detrás de una trilogía que, básicamente, se ha materializado en tres películas de puro entretenimiento pero que, sin duda, responde, en su estructura y contenido, al esqueleto básico que conforma el camino del héroe.

Cuando Lucas y Spielberg hablan de la gestación de su criatura cinematográfica siempre hacen referencia a los seriales de los años treinta, a cuya estética rinden las tres aventuras de Indy su particular homenaje. También se menciona la influencia del cómic en el carácter y desarrollo de sus personajes. Estudiosos han buscado referencias en otro héroe, de distintos principios pero igualmente chulesco, James Bond.  Javier Ortega dice, hablando de los referentes de Indiana en su biografía de Spielberg: «…de un modo muy especial, la saga 007. Como en ésta, el protagonista se ve aquí envuelto en los más variados percances y avatares, saliendo indemne de todos ellos merced a sus insólitas habilidades». Todo esto es cierto y sirve para entender mejor por qué Indiana Jones, en su primera aparición en la gran pantalla, supo colarse para siempre en nuestras consciencias: está formado por retazos de cosas que, como mínimo, nos sonaban. Su personalidad honesta y valiente, con un punto de arrogancia, resultaba extrañamente familiar. Sus aventuras, que siempre parece imposible que lleguen a buen puerto, remitían al viaje de Ulises en la Odisea o al de Jasón con sus argonautas, a las gestas épicas de Hércules o al peligroso recorrido de Teseo por el laberinto del Minotauro. Indiana Jones, en el complejo mosaico de su génesis, hundía sus raíces en las grandes gestas, aquellas que se repiten en siempre en diferentes lugares del mundo y cuyos puntos en común surgen de la propia mente humana.

Estudiando el corpus mitológico propio de religiones y culturas del mundo, Joseph Campbell dedicó su vida a explorar la importancia de éste en el comportamiento humano. En su estudio, descubrió aquellos temas comunes que iban repitiéndose en todas y cada una de las cosmogonías, tanto en Oriente como en Occidente. Estas coincidencias ya las había localizado y tratado de explicar antes Carl G. Jung: llamándolas arquetipos, Jung afirmó que formaban parte de una especie de memoria en continua gestación, lo que él llamaba inconsciente colectivo. Cuando un mito respondía a esas figuras, independientemente de las variaciones que tomase, algo dentro de nosotros se despertaba, un reconocimiento involuntario de que eso forma parte de nosotros, de que hay algo que se identifica con pilares de nuestro ser. De ahí la repetición de patrones y el hecho de que cada héroe, independientemente del tiempo y la cultura, del lugar geográfico o la coyuntura histórica, pueda ser despojado de particularidades y descubierto en su esencia como reproducción de esa figura que forma parte de nuestro mundo inconsciente, el que nos regala los sueños y del que surge la fantasía (aunque luego la filtremos a través de la razón). Sin librarse de este útero creador de cada historia, Indiana Jones también es representante y personificación del arquetipo. Más allá de su aspecto físico (cuyas referencias son propias de la cultura y moda del momento), sus aventuras y su manera de encararlas se corresponden con el ciclo que localizó Campbell en todo camino heroico: la partida, la iniciación, la apoteosis y el regreso. Estas etapas son esenciales en cualquier aventura y se repiten una y otra vez: existen en los mitos griegos, se pueden reconocer en leyendas africanas o en cuentos de indios americanos, e incluso pueden identificarse algunos de sus rasgos en las religiones actuales.

Las etapas del camino heroico

El camino puede desglosarse en varias sub-etapas que conforman la historia y que van dando forma al ciclo. Si excavamos, nos daremos cuenta que las aventuras de Indy en la búsqueda de los objetos mágicos que requieren sus habilidades (y por los que experimenta peligros humanos y sobrenaturales, amoríos, fracasos, torturas, descubrimientos, decepciones…), no son más que reproducciones de los estadios de este viaje heroico. Además de puntos de giro (que, por supuesto, están enmarcados dentro de un guión cinematográfico que sigue sus propias reglas), responden al proceso mítico que hallamos en los cuentos nacidos en la cuna de cada civilización. Los puntos que seguirá la travesía del héroe y enunciados por Campbell son los siguientes:

  1. El mundo corriente: conocemos al héroe en lo que es su rutina normal, antes de que comience la historia.
  2. El reclamo de la aventura: Al héroe se le presenta un desafío o un problema a resolver.
  3. Reticencia del héroe o rechazo del reclamo: el héroe rechaza la aventura, normalmente por el miedo al cambio.
  4. Encuentro con el mentor o ayuda sobrenatural: El héroe se topa con un consejero que le lleva  a aceptar el llamado y lo entrena para su aventura.
  5. Cruce del primer umbral: El héroe abandona el mundo ordinario para llegar al mundo especial, el mundo de los peligros.
  6. Pruebas, amigos y enemigos: El héroe deberá hacer frente a pruebas, en las cuales contará con la ayuda de aliados, pero a través de las cuales también encarará a los enemigos y se irá familiarizando con las reglas que impone el mundo especial de la aventura.
  7. Acercamiento: El héroe logra victorias durante las pruebas.
  8. Prueba difícil o traumática: La crisis más grande vivida por el héroe, en la que pondrá en riesgo su propia vida.
  9. Recompensa: Al haber hecho frente a su miedo, logra la victoria y recibe una gratificación.
  10. El camino de vuelta: El héroe debe volver al mundo ordinario.
  11. Resurrección del héroe: Otra prueba donde el héroe enfrenta la muerte, y debe poner en práctica todo lo que ha aprendido.
  12. Regreso con el elixir: El héroe vuelve a casa con el objeto mágico y lo usa para ayudar a los demás.

En busca del arca perdida: el elixir es abandonado

Encontramos quizá en la primera película de la trilogía la adhesión más fiel a esta estructura mítica de la que hemos hablado. Estamos ante una historia de aventuras clásica, cuyos recovecos y giros se corresponden con las etapas del viaje de manera precisa.

El héroe se presenta de manera atípica: le encontramos en plena acción, enfrentándose a problemas y peligros, en el punto álgido de  una aventura anterior. Busca un objeto, un ídolo de oro procedente de alguna región ignota de América del Sur. Sorprendentemente y, una vez más, el argumento nos asombra: aunque conocemos su astucia fuera de lo normal y sus habilidades, le vemos fracasar. Logra el elixir (en este caso, el ídolo precolombino), pero le es arrebatado por el villano, Belloq, que será presentado con antelación, dejándonos averiguar lo que le espera al héroe. En esta aventura, experimenta también la primera traición: el guía que le acompañaba y a quien salva la vida durante los peligros del viaje, intentará arrebatarle el objeto mágico y abandonarle a su suerte. Por tanto, descubrimos con este prólogo que la aventura es parte esencial en la vida de Indiana Jones, pero no hemos conocido todavía el mundo ordinario de su rutina.

Esta vida corriente la veremos en la siguiente secuencia, cuando contemplemos a Indy impartiendo clases de arqueología en la universidad. Curiosamente, durante la lección, les habla a sus alumnos del lugar donde supuestamente se encuentra el objeto mágico que deberá encontrar en la aventura que le espera: el Arca de la Alianza.

La segunda etapa del viaje se produce cuando la aventura le reclama: el Servicio de Inteligencia del ejército le requiere para encargarle la búsqueda del Arca, que supuestamente está siendo rastreada por los nazis a raíz de cierto descubrimiento que hizo un antiguo profesor de nuestro héroe Avner Ravenwood. Indy, en principio no podrá negarse.

La reticencia propia de toda historia ante la llegada del desafío también existe en la película, pero de manera muy sutil: cuando Marcus Brody conduce a Indy ante la presencia de los hombres que solicitan su consejo, él expresa su miedo a que eso pueda significar que se ha metido en algún lío. También vemos esa reticencia inicial cuando los miembros del servicio de Inteligencia le consideran el mayor experto en el Arca de la Alianza y él lo niega, alegando que es Avner la verdadera autoridad en la materia, pues el Arca ha sido su principal obsesión.

La cuarta etapa que atraviesa Indy la encontramos duplicada: por un lado, el poder sobrenatural del Arca, lo que su descubrimiento puede suponer, es uno de los motivos que le hace descartar su rechazo inicial. Por otro lado, Indy cuenta con un mentor que le aconseja y entrena para aquello que va enfrentar: Marcus Brody, personaje contradictorio que en la última entrega de la saga se convertirá en un reclamo cómico, pero que en la presente adoctrina a Indy sobre el significado del Arca y las precauciones que tendrá que tomar cuando llegue a ella.

El héroe emprende la quinta etapa del viaje, cruza el primer umbral, cuando toma un vuelo al Nepal, tras la pista de Avner Ravenwood y del cabezal que éste posee. Seguido por los nazis, se alejará de su mundo cotidiano.

La sexta etapa, la más larga, coincide con el fin del primer nudo de la trama y se prolonga durante gran parte del desarrollo de la película. Durante la misma, Indiana encontrará aliados y enemigos: Marion, quien en un principio se niega a ayudarle, se convertirá en su primer apoyo al darle el cabezal. Tras la pelea en el bar, Indy viajará al Cairo, donde encontrará a su amigo Sallah, su otro gran aliado, que le pondrá en antecedentes sobre el trabajo nazi en las excavaciones y fijará las normas del enfrentamiento en este nuevo mundo de aventura. A partir de entonces, el héroe no dejará de enfrentarse a enemigos y situaciones extremas: la escena en el mercado, momento en el que tendrá que encarar la supuesta muerte de la mujer que ama; el envenenamiento de su comida, que por poco no acaba con su vida; la dura prueba de abandonar a Marion cuando descubre que está viva para no poner en peligro la misión, tendrá que superar su miedo a las serpientes para llegar hasta el objetivo…

Sin embargo, a pesar de los avatares que rodean su búsqueda, Indiana tiene éxito: consigue utilizar el cabezal para descubrir la ubicación del Arca en la sala de mapas y logra encontrar el lugar exacto para excavar y llegar al Pozo de Almas. Lo logra y junto con Sallah, sacan el Arca del que ha sido su refugio durante siglos. Este será el séptimo punto de su viaje, en el que nuestro héroe encontrará la victoria, aunque sea transitoria.

En la octava etapa de su viaje, Indy deberá encarar la prueba más traumática hasta el momento: los nazis les descubren y se llevan el Arca, encerrándole junto con Marion en el Pozo de Almas, para que mueran de una mordedura de áspid. Gracias a su ingenio, consiguen escapar y vivirán peligrosos momentos juntos, que culminarán en la siguiente etapa del viaje.

Tras dar esquinazo a los nazis en una persecución suicida a caballo, Indiana logra hacerse con el control del camión en el que transportan el objeto. Se produce entonces la llegada a la novena etapa: el héroe obtiene su recompensa, después de haberse jugado la vida.

Esta victoria llevará a Indiana  y a sus amigos al décimo punto de su travesía: la vuelta a casa. Con el Arca a salvo, el héroe y Marion se montan en un barco que les llevará al hogar, a salvo de todo peligro.

Será entonces cuando se inicie el desenlace de la película, tras el segundo punto de giro que coincide, en este caso, con el undécimo paso en el viaje heroico: los enemigos han dado con Indiana y con el Arca, secuestran su barco y requisan el preciado objeto, además de secuestrar de nuevo a la chica. La prueba final espera a Indy. Tendrá que utilizar todos sus conocimientos para superarla, ya que los nazis abren en Arca. Ésta, consciente del mal que existe en los individuos que la portan, destapa su terrible poder, acabando con la vida de todos. Para salir airoso, Indy recurre a aquella lección que Marcus le dio en su casa antes de emprender la aventura: el Arca no es cualquier reliquia, su poder exige responsabilidad y respeto. Conociendo las intenciones terribles del objeto, Indiana supera su curiosidad y avaricia y cierra los ojos, junto con Marion, a su fuerza letal, saliendo ileso de este último desafío.

Llegamos al final del viaje: el héroe vuelve a casa indemne, con el elixir. Sin embargo, este no es empleado para ayudar a las personas en el mundo ordinario. Curiosamente y en un sutil homenaje a Ciudadano Kane, Spielberg termina la película dejando el Arca olvidada en un almacén lleno de otros muchos descubrimientos…¿viaje infructuoso o decisión prudente? No sabemos qué ha sido del Arca, aunque muy probablemente la cuarta aventura del héroe la haga reaparecer en escena.

Indiana Jones y el templo maldito: el elixir escapa

Aunque los vericuetos de su argumento también se adscriben a las etapas que caracterizan el viaje del héroe, esto no quita que se trate de la película más extraña de la trilogía: mucho más oscura, la nueva aventura de Indy no da tregua. Los ritos satánicos que practican los villanos, lo crudo de las muertes y el secuestro de los niños hacen que el filme sea el menos accesible para todos los públicos, pero no por ello nos encontramos ante una obra que haya perdido su capacidad de entretener, definiendo el término “aventura” de forma más certera que el filme que la precede y el que la seguirá.

Como ocurría en la primera película, encontramos a Indiana sumido en el desenlace de una búsqueda anterior: quiere hacer un trueque con el primer villano que conocemos, Lao Che, para recuperar un diamante a cambio de las cenizas de Nurashi. Esto forja un prólogo adrenalínico, durante el cual Indy sufre la pérdida de un aliado, es envenenado, tendrá que hacerse con el antídoto y acabará escapando en avión gracias a su fiel amigo Tapón y junto a la cantante Willie Scott. Glorioso principio donde se obvia el primer punto del viaje, pues no contemplamos el mundo ordinario del héroe esta vez. Sabemos ya que es profesor de arqueología, pero también que los peligros son una parte esencial de su vida, por lo que no deja de ser hasta cierto punto este comienzo un acercamiento al personaje y una hábil declaración de intenciones: nuestro héroe es más un hombre de acción que un profesor. Este comienzo rompe en cierta medida el devenir clásico de la travesía heroica.

Perdidos en una barca hinchable en medio de ninguna parte después de que su avión fuera abandonado por sus pilotos (leales a Lao Che), tiene lugar el reclamo de la aventura: el chamán de una aldea en la India les encuentra y los conduce hasta un pueblo devastado por el robo de la piedra sagrada que lo protegía del mal: han muerto los animales y las cosechas, y todos los niños han sido secuestrados. El mago cree que Indiana ha llegado hasta allí como una ayuda divina, para recuperar el objeto.

Sin embargo, Indiana no estará de acuerdo. Su intención es conseguir viajar a Delhi para salir del país y volver a casa. Creerá que las ideas del chamán son supersticiones falsas y no se mostrará decidido a llegar hasta el palacio de Pankot para averiguar qué está ocurriendo en él y recuperar el elixir. Será esta la reticencia que componga la tercera etapa en el camino.

Nuevamente, Indiana se topará con varias ayudas para tomar la decisión de embarcarse en la aventura: por un lado, un mentor poderoso, el mago de la aldea, convencido de que su destino ha sido encontrar este lugar para ayudar a su pueblo. Por otro, la llegada esa noche de un niño escuálido y enfermo, que ha conseguido escapar del palacio y que porta consigo un documento que relaciona la piedra de la aldea con una de las tres piedras sagradas de Sankara. Esto anima a Indiana a buscar un objeto que conoce y que promete fortuna y gloria, pero también supone un mensaje de los dioses, un empuje sobrenatural para que inicie el camino.

Por eso, cuando Indiana, junto con sus aliados Willie y Tapón, se suban en los elefantes que les llevarán a Pankot, habrán cruzado el primer umbral y cubierto la quinta etapa del viaje heroico.

Empezará entonces el desarrollo del filme, que coincide con la sexta etapa de la travesía, durante la cual Indy deberá enfrentarse a duras pruebas: alguien tratará de asesinarle, lo cual le lleva a descubrir un pasadizo secreto. Siguiéndolo, Tapón y él caerán en una trampa que casi les cuesta la vida, pero logran salir ilesos con la ayuda de Willie. Esto les lleva a toparse con los horrores que oculta el subterráneo del palacio: se práctica en ellos el culto “Thuggee” a la diosa Khali, durante el cual se realizan sacrificios humanos.

Tras este nuevo impacto, Indiana llega a la séptima etapa, el acercamiento: conseguirá las tres piedras Sankara, de gran poder, y se dispondrá a huir del lugar.

Ocurre entonces la prueba más difícil: Indiana y sus amigos son capturados. Después de golpearle, sus enemigos le hechizan obligándole a beber un veneno que le priva de su cordura. Convertido en uno de ellos, el héroe se dispone a acabar con la vida de Willie. Pero Tapón le ayuda, le libera del influjo de la bebida y recuperan las piedras. Una dura huida del palacio les enfrenta a nuevas aventuras: tendrán que superar el paseo por la mina, liberar a los niños que mantenían esclavizados y librarse del torrente de agua que casi acaba con ellos.

Como recompensa a los peligros encarados, tiene lugar la novena etapa del viaje. Indiana y sus amigos salen ilesos y con el objeto mágico en su poder.

La décima etapa es iniciada entonces: los tres reemprenden el camino de regreso a la aldea. Sin embargo, durará poco, porque pronto tendrán que enfrentarse de nuevo a la muerte: sus enemigos contraatacan. Se producirá entonces el undécimo momento del viaje, concretado en la secuencia en el puente, durante la cual Indiana se enfrentará cara a cara al villano, Mola Ram, que trata de acabar con su vida y de quitarle las piedras. Ahora Indiana hará uso de lo que ha aprendido durante el viaje: sabe que las piedras tienen poder, ahora es consciente de que las palabras del mentor eran ciertas, por lo que invoca el poder del dios Shiva y consigue que estas salgan ardiendo, acabando con la vida del villano. Dos de las piedras escapan, perdiéndose en el río. Indiana sólo podrá acceder a la tercera, aquella que pertenece a la aldea que debía ayudar. Una vez más, el héroe tendrá que renunciar al poder del objeto que ha encontrado. Como buen héroe, el beneficio no será para él, sino para aquellos que le rodean.

El duodécimo punto de su viaje así lo demuestra: Indiana regresa con la piedra a la aldea, trayendo consigo a los niños y devolviendo al lugar la felicidad perdida. A diferencia de lo que ocurría con el Arca, esta vez el elixir si cumple su objetivo y ayuda a los demás.

Indiana Jones y la última cruzada: la renuncia al elixir

La tercera y última (hasta la fecha) entrega de las aventuras de nuestro héroe, recupera en parte el clasicismo que habíamos visto en la primera película y establece muchos puntos coincidentes con ella: se recuperan personajes (Marcus Brody y Sallah), enemigos (nuevamente los nazis), escenarios (el desierto) y naturaleza del objeto perseguido (el Santo Grial, al igual que el Arca de la Alianza, son dos elementos de clara simbología cristiana). Pero también hay novedades: conocemos el pasado de Indy y cómo llego a convertirse en lo que es, nos encontramos con su padre, uno de los personajes más entrañables de la trilogía y capaz de eclipsar al protagonista y, sobre todo, hallamos al Indiana más maduro y sereno, sus prioridades son ahora las de un verdadero héroe: se acabaron los tiempos de buscar fortuna y gloria. Más predispuesto para creer lo que no puede verse y tocarse, Indiana es profundo y sensato, mucho más que antes. Se trata de la más redonda de las tres películas y también de la más trascendental: la reflexión acerca de la fe que esconde su final revela el espíritu de su director, un Spielberg que se superó a sí mismo en la acción y la aventura en las tres películas, pero del que extrañábamos sus constantes.

Encontramos a un Indiana adolescente, en su primera hazaña intentando arrebatar de las manos de un aventurero la Cruz del Coronado. Lo logra, aunque luego pierda la reliquia a manos de un viejo enemigo que conservará al crecer. Será entonces cuando consiga su sombrero, icono de su presencia. De vuelta al presente, volvemos a encontrar al héroe finalizando una aventura, al igual que sucede en todas las películas. En ella, ajustará cuentas con el villano que habíamos conocido en el flashback y recuperará, después de tanto tiempo, la Cruz del Coronado.

Pero ésta vez y como sucedía en la primera, si contemplamos a Indiana desenvolviéndose en su mundo cotidiano: le vemos dando clases en la universidad, precisamente negando un suceso que le ocurrirá a él durante el metraje: nunca una x marca el lugar. Y observamos también que su faceta académica no es la que más le apasiona: ante su despacho lleno de alumnos que quieren entrevistarse con él, opta por escabullirse por una ventana. Será entonces cuando le llame la aventura. Los secuaces de Walter Donovan le ofrecen que les acompañe. En la mansión de éste, a Indiana se le ofrece el mayor desafío que podía imaginar: concluir una búsqueda que la Humanidad ha emprendido hace milenios mediante el descubrimiento de la ubicación del Santo Grial. Se ha hallado una tablilla con información precisa de dónde puede encontrarse el objeto, que debe ser completada mediante el rastreo de una segunda pista que complete esa información.

En un primer momento, vemos que Indy se muestra dudoso: su padre es el verdadero experto en la historia del Grial. Esa búsqueda ha dado sentido a su vida, él debería ser quien la continuara. Sin embargo, su padre ha sido el investigador encargado del proyecto que ha desaparecido. Esto le aleja de la aceptación inmediata del llamado de este nuevo reto, pues busca a su padre en su casa, descubriendo que ha sido saqueada.

Pero entonces, Indiana llegará a la cuarta etapa de su viaje. Su padre, actuando como un mentor no presente, le ha mandado el diario sobre el Grial que ha escrito a medida que ha ido realizando descubrimientos. Cuando él se da cuenta, descubre que Henry le está pidiendo ayuda. Esta llamada y el poder del Grial, que Indiana se plantea junto a Marcus Brody en el destartalado salón de la casa de su padre, son responsables de que Indiana se embarque en la aventura.

Por tanto, Indiana llega a la sexta etapa del camino: toma un avión a Venecia para retomar la investigación en el punto en que la dejó su padre, para poder dar con su ubicación. A partir de entonces, se irán encadenando toda una serie de sucesos en la vida del protagonista que le llevarán a enfrentarse a nuevas aventuras. Se encontrará con Elsa Schneider, antigua colaboradora de su padre, deberá salvar la vida ante los intentos de asesinato de una secta que quiere defender el Grial…Pero el héroe enfrenta los peligros y esto le trae beneficios: descubre dónde se esconde la segunda parte de la tablilla del Grial, lo cual lo acerca más a él. Y también averigua dónde se halla retenido su padre. Estos hechos supondrán los primeros éxitos en su cruzada.

Tras esto, irá a buscar a Henry, rescatándolo de los nazis. Allí sufrirá la traición de Elsa, de la que se había enamorado, y perderá el diario de su padre, fundamental para encontrar el santo objeto. Conseguirán escapar, pero a partir de entonces vivirán toda una serie de situaciones críticas, donde deberán plantar cara a los nazis, al mismo tiempo que se acercan al lugar donde se halla el Grial. Después de la persecución con los tanques que casi le cuesta la vida a Indiana, llegarán al templo situado en el Cañón de la Media Luna, lugar de reposo final del elixir.

Será entonces cuando el héroe haya llegado a la octava etapa de su viaje: Donovan dispara a su padre, obligándole a atravesar las tres pruebas que le separan del Grial para conseguir salvarle la vida. Este será el momento más difícil al que deberá enfrentarse. Su fe y valentía le permiten salir ileso del desafío, lo cual le proporciona una recompensa: consigue llegar al lugar donde el Grial es custodiado por un caballero inmortal y escoge sabiamente la copa verdadera, bebiendo de ella y evitando su muerte. Aquí Indiana bebe del Grial, y así Spielberg convierte a su héroe en inmortal, de forma simbólica. También como recompensa a su arrojo, Indiana salva la vida de su padre, haciéndole beber de la copa y derramando el elixir de su líquido sobre su herida.

Entonces deberán emprender el camino de regreso. Pero la avaricia de Elsa, que no ha aprendido la lección, la lleva a intentar cruzar el sello,  intentando llevarse con ella el Grial, por lo que provoca el derrumbamiento del Templo. Ella muere y, en sus intentos por salvarla, el héroe acabará en su misma situación: tentado por el ansia de poseer el Grial, Indiana trata de cogerlo, haciendo que su padre apenas pueda sostenerle para que no caiga al abismo. Será la resurrección del héroe, la última prueba donde tendrá que recurrir a toda su sabiduría para evitar la muerte. Un Indiana mucho más sabio, aconsejado por su mentor, renuncia a hacerse con un objeto demasiado poderoso para caer en manos humanas. Al igual que ocurría con el Arca, su poder divino no está destinado a satisfacer los placeres de los hombres. Indiana lo sabe, lo ha aprendido durante sus aventuras, y será esta decisión prudente la que le salve la vida.

Los aventureros abandonan el templo en ruinas. Se marchan sin el objeto, abandonan el elixir. Pero no se van con las manos vacías: todo lo vivido, los descubrimientos de toda una vida que se han visto culminados con al visión de la Copa les han proporcionado un elixir aún más valioso: la iluminación.