Posiblemente, El Knack… y cómo conseguirlo no hubiera destacado especialmente dentro de la “rompedora” oferta cinematográfica de los años sesenta de no ser, concretamente, por el premio logrado en el Festival de Cannes. La Palma de Oro, en efecto, convirtió el film de Lester en un paradigma de la mentalidad dominante en el nuevo cine británico y asentó el prestigio de su director que, sólo un año antes, había alcanzado cierta relevancia con la dirección del primer (y espléndido) film de los Beatles ¡Qué noche la de aquel día!. Sin embargo, el transcurso de los años ha sido implacable con ésta película, al igual que con otras muchas premiadas en el evento (Un hombre y una mujer, If…) que se valían de una realidad social concreta con el fin de hacer pasar por vanguardista y comprometido un discurso fútil y vacío que el tiempo ha acabado por evidenciar.
Porque El Knack… y cómo conseguirlo es, precisamente, eso: la nada. Un conato de comedia que intenta seguir las estimulantes bases en las que se sustentaba el anterior producto de los Beatles (a saber: inexistencia argumental, unos diálogos enloquecidos cercanos, en ocasiones, al surrealismo, tentativa de espontaneidad interpretativa y conceptual) con el fin de ir más allá en la identificación con la mentalidad de la juventud dominante y plantear un ejercicio en el que se vieran reflejadas las personalidades e inquietudes de una parte de la sociedad del momento. Empero, en estos días, El Knack apenas representa nada de lo que, otrora, fue ya que ni tan siquiera el núcleo a quien iba dirigida puede asimilar completamente un film en el que las secuencias se encuentran alargadas hasta la desesperación, los personajes no son tales sino un simple muestrario de conductas gratuítamente excéntricas e incomprensibles y la misma dirección de Richard Lester acaba por engrandecer los problemas intrínsecos del film mediante una planificación que confunde la frescura con la falta de preparación y el ritmo personal con el discurrir comatoso e inerte de una producción que se hace cuesta arriba desde el primer minuto.
El Knack… y cómo conseguirlo, por consiguiente, es una película que no se puede asimilar bajo ningún concepto. Estamos ante un film que, indefectiblemente, ha nacido viejo y construye sus intencionalidades sobre la estructura de la moda efímera. El tiempo siempre acaba por poner en su sitio todas las propuestas, asentando las que resisten y relegando al ostracismo las que aprovechan el concepto del “todo vale” con el fin de hacer pasar por arte transgresor lo que únicamente es la exposición de la incapacidad narrativa y cinematográfica. Quede claro que ello no afecta no afecta, en absoluto, al resto de la obra de Lester que, si bien en algunos aspectos puede parecer que se haya sobrevalorado su importancia (Robin y Marian, por ejemplo, buen film aunque para nada esa maravilla defendida a ultranza), se trata de una filmografía interesante en la que El Knack… y cómo conseguirlo aparece como un irritante tributo a los aspectos más manidos de la “década prodigiosa”.