Al parecer esta fiera y desigual película, repleta de aciertos y de tiempos muertos, es anterior a otros de los grandes frescos con los que los alemanes retrataron como el virus del nacionalismo se iba colando en la sociedad: me refiero a Heimat (1984) de Edgar Reitz y a Berlin Alexanderplatz (1980) de Fassbinder.
Volker Schlöndorf no lo tuvo fácil para reducir la barroquísima novela de Grass a un guión, con ayuda del autor y de Jean- Claude Carrière. Para recrear ese realismo mágico expresionista a la europea, autobiográfico y expresionista, que al parecer también representaron autores como el hace poco finado Hugo Claus, Bohumil Hrabal, Gombrowycz… Digamos que hay dos líneas de realismo mágico: esta y la de uno eudemonista, que habla de soledad y la llena de ángeles benévolos, fantasmas compasivos y sortilegios trémulos, y que exponen El cielo sobre Berlín y la deliciosa La chica del puente de Patrice Leconte. Frente al horror de la familia, la esperanza de la providencia.
Otras películas que blasonan este primer tipo de realismo mágico habría que rastrearlas: ahora me viene a la cabeza Contracorriente (The butcher boy) de Neil Jordan. Las diferencias entre Francie Brady y Oskar Matzerath es que aquel es un niño irlandés vapuleado por la adversidad de un padre alcohólico y desabrido, una sociedad clasista, un clero depravado, y Oskar en cambio es un arquetipo del alemán medio que permanece en la infancia hasta los veinte años, acrítico, como un freak circense entre la sociedad bélica, sólo enfrentado a sus complejos de inferioridad sexuales, a su edipismo, a su propio chillido y su propio tambor. El niño víctima (Francie) frente al niño verdugo (Oskar), que manipula, deja preñada a su madrastra, mata a su padre… hasta que la pedrada de otro niño, su propio hijo, pueda vencerlo. El niño que puede ser un dios maléfico.
Los niños crueles tienen una vieja tradición en el cine: Our mother’s house y otras de Jack Clayton, High Wind in Jamaica y otras de Alexander Mackendrick (ver nuestro excelente estudio), The Beguiled de Don Siegel… El egoísmo emocional de los niños que quieren mantener su imagen del mundo frente a cualquier intervención de los intereses adultos. Ando a la busca de ensayos sobre este tema (se agradecen sugerencias), en cine, literatura y que se tercie: recomiendo el de Steiner sobre las imitaciones del habla y el pensamiento infantiles en varios escritores americanos (Henry James, Mark Twain, Salinger…).
Schlöndorff se inspira en los pintores del expresionismo alemán, tales como George Grosz y Otto Dix, para recrear las figuras de los diversos arquetipos de la película: el padre cornudo, filisteo y filofascista, el estilizado galán polaco, el juguetero judío… Los enanos, que siempre proponen una visión en clave de farsa de la sociedad, como en otras películas de este mismo aroma guerramundialista (se me ocurren El silencio de Bergman y alguna de Herzog…), y crean una hermandad con los niños.
En fin hay que revisar la obra de Schlöndorff (mi favorita, El tiro de gracia). Y la de Werner Schroeter, Syberberg, Khittl y otros.