Papá está en viaje de negocios (Emir Kusturica, 1985)

Por Ramón Alfonso

Desde los tiempos de Dusan Makavejev, prácticamente ningún cineasta yugoslavo había conseguido traspasar las fronteras de su país. Yugoslavia al igual que muchos otros países continua siendo una gran desconocida ¿Cuántos escritores o cineastas, artistas en definitiva, yugoslavos contemporáneos o no podríamos citar? por supuesto si estas líneas las estuviese redactando un yugoslavo a propósito de un estudio, pongamos por caso, sobre la obra de Almodóvar (¿Quién si no? ¿A cuántos directores españoles puede conocer un crítico de los Balcanes?), imagino que llegaría a la misma conclusión: ¿a cuantos realizadores españoles puedo recordar?; por eso al hablar de directores o cinematografías de países digamos exóticos, aunque pertenezcan a la Unión Europea, me vienen a la memoria siempre unas palabras de Richard Lester, quien  muy acertadamente sugería que el gran problema del cine Europeo era la distribución; asumimos que cualquier film norteamericano podrán verlo en Portugal, Japón o Brasil, sin embargo, casi parece un milagro que un título sueco llegue a España o uno español a Rumania. Por todo esto que a mediados de los ochenta, Emir Kusturica consiguiera con su Papa está en viaje de negocios un importante éxito crítico y de público hasta el punto de consagrarle como uno de los realizadores europeos más importantes del momento me resulta tan importante como emocionante.

Cuando Kusturica filmaba esta fábula en torno a Malik y su familia, ya había realizado la que creo es su mejor obra, ¿Te acuerdas de Dolly Bell?(Sjecas li se Dolly Bell, 1981), su primer largometraje, una tan nostálgica como obvia recreación de la adolescencia en los años sesenta, bajo el régimen comunista del Mariscal Tito, que sin embargo consigue de, precisamente, sus limitaciones, sus mayores virtudes; pese a la sensación continua del ya visto y a cierta irregularidad del conjunto, cierto encanto e incluso ingenuidad, en la propuesta convierte esta opera prima en el trabajo menos ambicioso pero paradójicamente para mí mas conseguido, mas próximo, de su autor. Aún quedaba lejos la que objetivamente puede que sea su mejor película, la excesiva Underground (1995), que siendo el film mas reconocido y reconocible del yugoslavo marcaría el inicio de su declive; con este trabajo, el barroquismo que ya había perjudicado notablemente a la mediocre El sueño de Arizona (Arizona dream, 1993) se convertiría en su principal seña de identidad narrativa  y poco a poco esta elección estética que tan bien había resultado en  las desventuras de Marko y Blaky en el sótano, se convertiría en fórmula hasta el punto de caer en sus posteriores películas en una repetición cada vez mas banal. Lo reconozco, no encuentro interesante la obra de Emir Kusturica, he intentado una y otra vez dar una oportunidad a sus trabajos y creo que soy capaz de recocerle cierto virtuosismo estético, una innegable visión política y en definitiva un dominio del arte cinematográfico; sin embargo, no consigo entrar del todo en su mirada, me siento frente a sus películas como un extranjero en una tierra misteriosa, casi hermética, habitada por gente que habla un idioma incomprensible y que tiene unas costumbres que no llego a entender que son paradójicamente muy sencillas de descifrar. En mi opinión siempre es fundamental que voces de países que tienen muchas dificultades para acceder a una distribución normalizada sean apoyadas; ahora bien, un primer logro, desde luego, se encuentra en que esta propuesta consiga distribuirse, sin embargo como críticos debemos dejar de lado cierto snobismo y no valorar simplemente una nacionalidad; una película iraquí que consiga entrenarse entre nosotros no es necesariamente una buena película por que se haya realizado en Irak. Con toda esta palabrería, en definitiva y regresando a Papa esta en viaje de negocios, creo que en su momento y como ha pasado en realidad con toda la obra de su autor fue muy sobrevalorada; indudablemente la película está bien realizada, los posteriores excesos de su autor todavía no están demasiado presentes, el tono de la historia, casi de  cuento desencantado, está bien conseguido y la visión política es lo suficientemente interesante…ahora bien, ¿es eso todo? sí, la película es correcta, pero al igual que sucedía con Dolly Bell en todo momento no dejo de pensar en el Ya visto (y además mejor contado), la voz en off del niño me resulta obvia, la relación de los diferentes personajes poco interesante, el desarrollo de la historia incluso aburrida, por no hablar de una poesía bastante barata que cubre todo el metraje. Creo que es estupendo que Kusturica consiguiera que su voz se escuchara en todo el mundo, ahora bien creo que el mundo, siempre tan injusto, esta vez se excedió.