Una Larga Ausencia (Une aussi longue absence. Henri Colpi, 1961)

Por Santiago y Andrés Rubín de Celis

En 1962, a través de las páginas de The New York Times, el crítico Bosley Crowther alababa la simplicidad de Une aussi longue absence, debút en la dirección, de la mano de la escritora Marguerite Duras, responsable del guión de la misma, del editor Henri Colpi, distinguido gracias a su trabajo junto a realizadores como Henri-Georges Clouzot, Georges Franju, Agnès Varda y, sobre todo, Alain Resnais. Elogiaba también su sencillez formal y su aparente poca profundidad. En ella no había nada —escribía— de los artefactos pretenciosos y demasiado artísticos, a la moda, estériles técnica y dramáticamente, producidos por los caníbales cinéfagos de la nouvelle vague. Pero lo que aún le resultaba más satisfactorio de la película era su fortaleza y su solvencia dramáticas, su capacidad de construir un “relato fuerte” en el sentido clásico del término. Pues bien, sin duda sería interesante conocer también (y desconocemos si escribió alguna vez sobre ella) la opinión de Crowther sobre Hiroshima, mon amour, anterior trabajo de la escritora para el cine y ópera prima en el largometraje de Alain Resnais, dado que, muy seguramente, éste pertenecería también a ese grupo de jóvenes realizadores franceses a los que tan vehementemente ataca. “Más compleja” es la única valoración comparativa entre ambos films establecida por el crítico. Y es curiosa esa comparación, dado que, con el tiempo de nuestra parte, Hiroshima es la única de las películas escritas pero no dirigidas personalmente por la autora de India Song que parece compartir determinados aspectos e intenciones comunes con su concepción del cine. Resnais, desde luego mucho más que Dassin o que Clèment, Brook o Richardson [1] (por no hablar del resto de sus adaptaciones in absentia), logró conseguir, como haría más tarde en sus colaboraciones con Robbe-Grillet, Semprún o Sternberg, una película tan personal y significativa respecto del resto de su obra como de la de Duras. Mucho más de lo que seguramente podemos concederle a Colpi. ¿Cabe por lo tanto calificar a Une aussi longue absence, tal y como afirma Joël Magny, como la más antidurasiana de todas las películas en las que colaboró la escritora? La respuesta a esta pregunta nos dirige necesariamente de nuevo por el camino de la comparación: evidentemente comparte, no solo con la película de Resnais sino con el conjunto de la obra de la autora francesa, una serie de temáticas y elementos comunes. En ella, reencontramos el vaivén entre dos espacios-tiempos separados que el personaje protagonista intenta hacer coincidir –en este caso Puteaux, lugar en el que transcurre la acción en el presente, y Chaulieu-sur-Loire, localidad que simboliza su feliz pasado– a través del ejercicio de la memoria: una mujer, Thérèse (Alida Valli), cree reconocer en un vagabundo a su marido, Albert (Georges Wilson), deportado a un campo de concentración nazi y desaparecido tras la guerra, con el que vivió feliz en un pasado que ahora añora en su ordinario día a día. Sin embargo, el recuerdo de Chaulieu que guarda Thérèse, del que no vemos —al contrario que en Hiroshima, mon amour— imagen alguna, no posee la fuerza suficiente en sí mismo como para, tras la muerte del vagabundo provocada accidentalmente por ella, conseguir devolverla al pasado, y, de este modo, la única convivencia posible del pasado a través del presente, es decir, del retorno a esa felicidad rememorada, desaparece con ella. «Lo trágico de Une aussi longue absence radica en el hecho de que el vagabundo [amnésico] está irremediablemente encerrado en el presente, como lo está a su manera Thérèse en lo gris y banal de Puteaux»  [2]. No, lo realmente trágico de la película de Colpi y Duras es más bien el que, acoplándose a los códigos genéricos del melodrama común, cierre la puerta a la coexistencia de esa dicotomía espacio-temporal, al usar el pasado en Chaulieu como un mero efecto dramático sin peso final en la narración. Mientras que la memoria de Nevers que el personaje encarnado por Emmanuelle Riva en la película de Resnais no puede/quiere acallar tiene una incidencia real en su existencia en Hiroshima, el recuerdo feliz de Chaulieu que Thérèse atesora es aprovechado por Colpi tan solo como un instrumento melodramático: el desgarro de vivir eternamente anclado al pasado. Tampoco encontramos la búsqueda durasiana de rodar la vida tal y como es; para ello habría de esperar a su propia obra cinematográfica, única, fascinante, seductora, selectiva, de La música (1967) a Le navire Night (1979), pasando por films tan importantes como Natalie Granger (1972), La femme du Gange (1974), India song (1975), Le camion (1977) o Baxter, Vèra Baxter (1977).

Finalmente, en lo que respecta al tema concreto de este monográfico —películas ganadoras de la Palma de Oro del Festival de Cannes—, volviendo a ver hoy en día Une aussi longue absence, galardonada ese mismo año también con el prestigioso Premio Louis Delluc, resulta un tanto sorprendente comprobar como ésta se impuso en la decimocuarta edición del festival (1961), ex aequo con Viridiana, todavía la única Palma de Oro española, en una selección oficial tan llena de películas “premiables” como La mano en la trampa de Leopoldo Torre Nilsson, La chica de la maleta (La ragazzacon la valigia)de Valerio Zurlini, Sor Juana de los ángeles (Matka Joanna od aniolów)de Jerzy Kawalerowicz, Dos mujeres (La ciociara) de Vittorio de Sica, A primeira missa de Lima Barreto o La Viaccia de Mauro Bolognini. ¿Fruto, quizás, de cierto chauvinismofrancés? Es más que probable, siendo la única película francesa a concurso, junto a la coproducción Aimez-vous Brahms?, y con un jurado [3] formado en buena parte, cinco de nueve miembros, por ciudadanos de nuestro país vecino.

[1] A través de Las 10 y media de una noche de verano (10:30 P.M. Summer, 1966) —con guión de la propia Duras—, The angry age/La diga sul Pacifico (1958), Moderato Cantabile (1960) y The sailor from Gibraltar (1967), respectivamente.

[2] Magny, Joël: El grito de la pantalla en Marguerite Duras: el cine del desgarro (Ediciones de la Mirada, Valencia, 1997), p. 14 [texto incluido originalmente en V.V.A.A.: Marguerite Duras (Cinemathèque Français, Paris, 1992)]. 

[3] Los miembros del jurado en dicha edición fueron los directores Fred Zinnemann y Edouard Molinaro, los actores Pedro Armendáriz y Liselotte Pulver, el productor Raoul Ploquin, el editor y autor Jean Paulhan, los periodistas y críticos Claude Mauriac y Luigi Chiarini, y el artista plástico Marcel Vertes.