Imagino que todo el mundo recuerda aquella portentosa secuencia de Con la muerte en los talones (North by Northwest: Alfred Hitchcock, 1959) en la que Cary Grant era perseguido por una avioneta en un espacio abierto en el que apenas, existía una grieta en la que resguardarse. También imagino que todo el mundo recordará cuales fueron las intenciones de Alfred Hitchcock cuando filmó aquella escena; rodar un momento tipificado dentro del cine de suspense pero en un contexto completamente opuesto al habitual, en vez de un callejón oscuro en algún recóndito rincón de una gran ciudad, el orondo cineasta británico prefirió forzar su propio ingenio y conseguir los mismos resultados en un decorado, en principio, ajeno a aquella situación. Pues bien, tengo la sensación de que algo así es lo que se ha propuesto M. Night Shyamalan para su última película, El incidente (The Happening; 2008), rodar un largometraje de terror, pero desnudándolo de sus entornos habituales y aún más, situando la historia en un contexto completamente opuesto. Todo el metraje de El incidente transcurre a plena luz del día y a penas, hay espacios cerrados, no hay sombras amenazantes y tampoco apariciones monstruosas o fantasmales y en cambio, se pasa miedo.

En realidad, El incidente podría entenderse como el desarrollo de los esquemas planteados por Night en películas como El sexto sentido (The Sixth Sense; 1999), El protegido (Unbreakable; 2000) y La joven del agua (Lady in the Water; 2006), terror, cine de superhéroes y una fábula fantástica apurando los tópicos de que cada variante genérica, situando las tramas en entornos cotidianos y sin forzar demasiado la máquina de los tópicos de cada género, sin mansiones encantadas en El sexto sentido, sin espectaculares enfrentamientos entre el bien y el mal en El protegido y sin mundos demasiado fantásticos en La joven del agua. En El incidente, esta tesis ha sido llevada al extremo con un film que pretende algo muy complicado, contar una historia de terror sin las herramientas propias del género.
Yo siempre he pensado, que la mejor película de terror no es aquella que asusta al público con una visión aterradora, sino esa historia que cuando la hemos contemplado, después, reflexionando sobre lo que hemos visto, nos causa pavor. Esto es El incidente, una película que expone una reflexión sobre el propio terror más allá de los elementos que suelen subrayar, adornar o ensalzar un mensaje de horror. Y M. Night Shyamalan lo consigue, aunque sea efectuando un verdadero encaje de bolillos dramático y formal.
En El incidente no hay apenas golpes de efectos, ni dramáticos, ni formales, es decir, no hay ningún twist final, ni casi, súbitos efectos sonoros o abrumadores golpes de orquesta. El film trascurre casi a ras del suelo, a niveles minimalistas impensables, en una producción de Hollywood como esta y con una estrella como Mark Whalberg. Shyamalan deposita con sumo cuidado sus aterradoras propuestas sin que apenas nos demos cuenta de ello. No obstante, que nadie se llame a engaño, El incidente propone algunas de las imágenes más inquietantes del reciente cine norteamericano. Empezando por ese principio, en pleno Central Park, cuando los viandantes se detienen, sin explicación aparente, o mejor incluso, ese momento en el que numerosos obreros de la construcción saltan al vacío, uno detrás de otro, llevados por una extraña fuerza que surgida de la propia naturaleza; o aquel momento en el que podemos contemplar un tétrico bosque de cuerpos ahorcados en una boscosa calle de una zona residencial salpicada de largas escaleras, utilizadas por los que ahora yacen muertos.

Llama poderosamente la atención, que después del formidable fracaso que supuso su anterior película, la por otro lado excelente La joven del agua, M. Night Shyamalan se haya lanzado a rodar una historia tan arriesgada. Era de esperar, que con El incidente, ocurriera algo similar a lo que sucedió cuando El protegido no fue recibida con el entusiasmo esperado y Shyamalan, siguiendo las enseñanzas, de nuevo, de Alfred Hitchock —"tras un fracaso, refúgiate en lo que mejor sepas hacer"—, rodó Señales, un film bastante menos arriesgado que El protegido. Porque en este sentido, Shyamalan no ha hecho nada especialmente diferente con El incidente. Como en todas sus películas, El incidente tiene un punto de partida ciertamente prometedor, y como en el resto de su filmografía, El incidente desarma, conforme avanza el relato, todo tipo de expectativas que se hayan podido crear.
Ha dicho M. Night Shyamalan que con El incidente quería evocar las películas de serie B de ciencia ficción. En cierto modo, así es. Hay algo en El incidente de La guerra de los mundos, pero bastante menos que en Señales. Porque si algo ha demostrado en realidad M. Night Shyamalan con está película es que se trata de una mente, quizá, demasiado inquieta para un lugar como Hollywood. Con un presupuesto de entre 35 y 50 millones de dólares (en todo caso inferior al de su última película) y en muy pocas semanas de rodaje, Shyamalan ha conseguido rodar lo que parecía impensable, un film de terror de ribetes apocalípticos bañado en un profundo intimismo.
Pero además,con El incidente Night ha decidido dar un paso más, y nos ha planteado un villano que lo es todo y a la vez, no es nada. Un villano, un monstruo intangible con el que es imposible enfrentarse porque está en todos sitios y a la vez, no está en ninguna parte. Un villano, si se quiere, con cierto alo de divinidad, con el don de la omnipresencia y a la vez, la capacidad de la incorporeidad. Un villano —Dios— que un poco como narra la Biblia, mata, no por venganza, sino a modo de dolorosa enseñanza. Un villano que nos da un toque de atención, y nos advierte de que no vamos por buen camino. Sólo hay un problema, como se nos decía al principio de La joven del agua, y es que el hombre ha dejado de escuchar.

Es por está razón, que probablemente, El incidente sea, hasta cierto punto, como en El bosque, la película menos esperanzadora de M. Night Shyamalan. Hay menos resquicios para un futuro mejor en El incidente, cuando vemos como los extraños sucesos que ha sacudido la costa este de Estados Unidos, se repiten en Francia. No hay demasiadas puertas abiertas, opciones, a las que agarrarse ante las propuesta que nos plantea Shyamalan, salvo en todo caso, ese niño que está a punto de llegar al mundo con el que Night se despide de Elliot (Mark Whalberg) y que en suma, viene a decirnos, que la vida se abre camino y sigue su curso.