entrevista peter greenaway

Por Antoni Peris i Grao

Cualquier entrevista con un autor cinematográfico tiene siempre un innegable interés. Caso de tratarse de un autor como Peter Greenaway, conocido no sólo por sus obras complejas y sinuosas, sino también por su actitud altiva e incluso hostil a la prensa tras el conflicto y sucesivo descalabro de Las maletas de Tulse Luper hacían aconsejable una buena prparación de la entrevista que incluya líneas alternativas de diàlogo según las respuestas previas. Sin embargo, para una entrevista hacen falta dos. Y Peter Greenaway se basta y se sobra para dar una clase magistral. Le bastó una única pregunta (posiblemente cualquiera habría valido) para pronunciar un amplio, apasionado, documentado y retador discurso acerca del cine y la narrativa por la imagen.

—Sr. Greenaway, ya hace 12 años que usted habló de la posibilidad de elaborar una obra sobre La ronda de noche en la que no se trabajara sólo el análisis pictórico sino que dearrollara una valoración de Rembrandt como persona. ¿Qué le inspira, pues, específicamente a elaborar "Nightwatching", el cuadro en sí o el personaje de Rembrandt?

—Me molestaría que pensase que la película trata sobre la Ronda de Noche. Es el cuadro que da pie a la teoría de la conspiración y, de este modo, podemos acercarnos al autor, a la persona. Sin embargo, el motivo principal es el análisis de la ceguera. Al inicio de la película, y al final, Rembrandt sueña aterrorizado con la posibilidad de quedarse ciego, de no poder ver. Esta alegoría visual sobre la ceguera, la incapacidad de ver lo que sucede a nuestro alrededor es el punto principal de la obra. No obstante, para mí, es importante destacar la analfabetización visual que padecemos en nuestra sociedad —aquí Greenaway nos inquiere sobre nuestra formación en arte—. Aunque de pequeños nos enseñen los signos de escritura, a leer y luego al análisis de textos, no sucede lo mismo con la imagen. No sabemos entender los colores, no sabemos elaborar composición visual, , no podemos analizar la necesidad de utlizar la témpera, el óleo u otras técnicas ni comprender que el estilo de la obra depende de la tècnica.

»El cine está muerto, roto. Nació muerto, puesto que es un arte basado más en el texto que en la imagen. El cine utiliza las imágenes tal y como se utilizaron en el siglo XVI con la composición derivada de la novela de fines del siglo XIX. Ya dijo Bazin que el cine se basaba en el teatro y el texto más que en la pintura. Actualmente vivimos en una época en la que el cine se dedica a la diversión y se basa en el pastiche —la explicación total incluía una repulsa a su máxima insignia, Kill Bill—.

»Cada tecnología nos trae una estética narrativa propia. Ahora el Vídeo de Alta Definición nos la da. A ello debemos añadir otro concepto, un concepto iniciado el 21 de setiembre de 1983 cuando se inventó… ¡el mando a distancia! En este momento se inicia el concepto de interactividad que se prolonga hasta la actualidad en Second Life y los avatares. En este momento estamos inmersos en una revolución digital que rompe la limitación que el texto imponía. Podemos jugar con una manipulación de las imágenes y de las tramas a gusto del espectador, según el momento o en función de determinadas situaciones. No debemos olvidar que nuestro ojo es gandul. No puede identificar que las 24 imágenes fijas por segundo son inmóviles y es nuestro cerebro quien las anima. Podemos crear del mismo modo que nuestro cerebro lo hace.

—¿Por qué trabajar sobre Rembrandt, específicamente?

—El momento es el ideal. Holanda es una república joven y prometedora. Tras el tratado de Munster hay una política de reparto de poderes. Rembrandt es republicano, feminista, , irónico,  postmoderno, prolífico y hasta postfreudiano;  no es un católico mediterràneo. El calvinismo que profesa le permite el éxito, en tanto que no lo luzca. Rembrandt lo consigue y la sociedad en que vive le comprende y admira. El reinventa la imagen utilizando las mejoras que se efectúan sobre las velas (nueva elaboración artificial) y los espejos. Todo ello le permite volver la mirada hacia sí mismo, hacia los interiores burgueses o trabajadores y a contemplar el paso del tiempo mediante la elaboración de (auto)retratos (hasta 15 en su propio caso). Además, vive en Ámsterdam, que será referente de ciudades como San Petersburgo y la Nueva Ámsterdam en Manhattan y cohabita con Descartes y Spinoza, pioneras de la filosofía moderna y del ateismo. Es en este entorno dónde Rembrandt gana pintando en una semana (2 cuadros) más que muchos en un año. En una ciudad otrora temerosa del fuego, la peste y las inundaciones (las 3 F, Flea, Flood y Fire), los nuevos ricos ambiciosos e insatisfechos le permiten también el dinero fácil pero a la vez los denuncia en sus cuadros.

—Si trabajamos sobre la innovación del cine. ¿Por qué elabora una cinta como las anteriores que desarrollaba hace 20 años?

Exaltado y molesto: —¡Por qué ustedes no estaban preparados! Yo hice una cinta innovadora, en la que trabajé sobre nuevas propuestas interactivas, basada tanto en cine como en obra digital  interactiva y la rechazaron. ¡he tenido que dejar el cine de lado durante unos años y ahora les ofrezco una nueva obra que permita analizar el papel del creador pero sin aportar innovación que preentaré en otro marco —Greenaway ya presentò en Barcelona el año pasado un nuevo proyecto como Video Jockey en el que se combinaba música con diversas imágenes cinematográficas y en base a la cual elaboraba una nueva historia—.

—De acuerdo, ya conozco esa historia. Pero ahora no querría discutir sobre ello. Insisto, pues. ¿aun en el mismo estilo, por qué no trabajar sobre un pintor más actual como De Kooning, Miquel Barcelò  o Anselm Kiefer?

—Me encanta que me nombre a Kiefer. Sin duda el mejor pintor vivo contemporáneo. Pero la dureza de su estilo se corresponde con la dureza de la memoria que evoca, el pasado nazi de Alemania y a los alemanes no les gusta que se lo recuerden. Tampoco una película sobre él sería bien acogida.

[Con innumerables preguntas no respuestas la entrevista, o más bien el discurso, fue interrumpido aquí. Pero aún tuvo el tiempo de recordarnos:
—Y ya lo dijo Derrida… “ La imagen tiene siempre la última palabra”]