Kiyoshi Kurosawa, al igual que ocurría no hace tanto con Takashi Miike (que hoy ya no necesita presentación), y por las mismas razones (la principal: una penosa, o más bien nula, distribución) es un cineasta prácticamente desconocido para el público español. Es lamentable que esto sea así por numerosas razones, pero sin duda la principal es que su filmografía es de lo más interesante que se rueda en Japón en la actualidad. Su cine es un cine de género y a la vez es un cine muy personal, dos conceptos que no siempre van reñidos, y directores como este son los mejores contraejemplos. El terror existencialista que desarrolló en la magnífica Kairo (2001) es para el que esto escribe lo mejor dentro de su género desde hace unos cuantos lustros, sin desmerecer otros horrores como Doppleganger (2003) o la maravillosa Seance (2000). No tan adscritas al terror, pero pobladas de elementos fantásticos deberían gozar de un lugar de honor en la historia del cine contemporáneo Charisma (1999), Eyes of the Spider (1998) o Bright Future (2003). Mediatres Estudio y Warner ponen por fin al alcance del vídeo doméstico la obra de este singular realizador con una cuidada edición de la que fue la primera de sus películas en obtener cierto reconocimiento. Cure (1997), argumentalmente conexa con un filme como puede ser Dr. M de Chabrol, y su clasicismo narrativo, así como sus personajes, pueden recordarnos en ciertos momentos al David Fincher de Seven o Zodiac, pero Kurosawa le da un toque personal a este thriller no tan sobrenatural como puede parecer consiguiendo crear una atmósfera malsana mediante el empleo de elementos habitualmente subestimados o mal aprovechados como el sonido, y utilizando el plano secuencia con un criterio y una planificación difíciles de encontrar hoy en día. A pesar de no tratarse de una película de terror propiamente dicha, sí goza de momentos escabrosos y también de alguno más escalofríante que otro (p. ej. cuando el sospechoso le habla al protagonista de la visión sobre su mujer o el propio desenlace, tan abrupto como inquietante si prestamos atención al detalle) Sin ningún contenido extra en el sentido puramente digital, la edición se completa con un libreto que incluye una pequeña reseña del filme por Ángel Sala, y la interesante entrevista que el citado director de Sitges hizo a Kurosawa en Marzo de este mismo año, y que refleja el distanciamiento existente entre los planteamientos de Hollywood y los del director de Retribution (2006). Ojalá la iniciativa de Mediatres tenga una continuidad tanto en el mercado de DVD, ampliándose el catálogo del realizador, como en las salas, y en poco tiempo Kiyoshi Kurosawa sea tan conocido y reconocido como el mentado autor de Ichi the Killer.
Todo un icono del western por el que no pasan los años. Gary Cooper es Will Kane, el hombre de la ley en una ciudad que no la tiene. Se acaba de casar pero no podrá disfrutar de tan alegre día como estaba previsto. Frank Miller se ha escapado de la cárcel y no es ningún secreto que piensa llegar a la ciudad y matarle por mandarle a chirona tiempo atrás. Nadie se plantea que pueda suceder de otra forma, y Kane nos dedica una hora de tensa espera donde comprobar que a la hora de la verdad ni la esposa, ni la antaño amante ni los compañeros y amigos querrán acompañarle a un viaje del que difícilmente volverá. Una hora donde sus idas y venidas en busca de ayuda son punteadas por el sempiterno reloj que cuenta los minutos que chirrían como dientes en el matadero, que diría el otro. Esperando un tren que, al contrario que el de Yuma, más que una vía de escape es una visita indeseada y a la que hay que hacer frente, porque en el oeste no queda otra salida. Y Fred Zinemann nos lo cuenta todo desde detrás de la cámara con una puesta en escena encomiable, donde cada plano nos dice algo diferente, con unos personajes que nos cuentan cosas aún cuando no hablan, y una historia que hemos visto tantas veces y a la vez ninguna. La edición que Avalon nos presenta incluye el interesante documental de una hora “Gary Cooper, el rostro de un héroe” con la participación de Edward Dmytryk, Charlton Heston o George C. Scott entre otros, rindiendo tributo al héroe entre imágenes de archivo junto a algunas de las féminas de su vida y su obra.
Joaquín Reyes, Ernesto Sevilla, Carlos Areces y el resto del circo de los muchachos cuentan con una notable y entusiasta base de fans. Algunos son tan fatales y tan coñazo que hasta se ofenden si Marcial (un Gañán envejecido) se cambia la boina en algún capítulo. Son los mismos que se han quemado las yemas de los dedos en foros y youtubes a base de repetir mantras como “estaba mejor la hora chanante” o “ya no son tan cutres”, como si los responsables de Muchachada tuvieran que pedir perdón por no evolucionar con los años. Vale, en "Muchachada Nui" se echa de menos a personajes como El payaso (aunque aquí poco se puede hacer, porque sus derechos corresponden a Paramount Comedy), y el infernal ritmo semanal ha provocado que algunos de los sketches no acaben de brillar. Con todo, y repasando los 13 capítulos que integran la primera temporada, uno se reencuentra con algunos de los mejores momentos de ese yermo páramo que es el humor en televisión. Ahí queda el fantástico plano secuencia berlanguiano de "La secta" o joyas costumbristas como "My mother con las rodillas in the guanter", que siguen abundando en ese humor blanco a lo Monthy Phyton con entrecejo que tan bien se les da. Los Testimonios (ahora Celebrities) mantienen el nivel de excelencia acostumbrados y las nuevas incorporaciones a la familia, como Riken Sproken (el rey del bajón), El hombre asqueroso y las animaciones de Enjuto Mojamuto o La Familia Klamstein forman parte ya del olimpo tunante. "Muchachada Nui" nos sigue ganando gracias a su humor absurdo y a sus doblajes dadá, y demuestran que, en lo suyo, aún no ha surgido rival que les pueda hacer sombra.
F. Javier Pulido
Uno de los films más turbulentos y apasionantes de la filmografia española es obra de uno de sus directores malditos, Iván Zulueta. El donostiarra, que no ha vuelto a estrenar ningúna película desde entonces (1980; obviados sus curiosos aunque desiguales trabajos para televisión), continúa viviendo aislado en su ciudad natal trabajando en proyectos de todo tipo (polaroids mediante) y refugiándose, como puede, en el cine que, como le decía a Sara Brito, en la interesantísima entrevista que apareció el pasado 14 de junio en Público, es su única salvación. Desventuradamente nunca sabremos el alcance que habría tenido una trayectoria normalizada, que ya parece invariablemente cerrada con apenas unos cuantos cortometrajes y dos largos. Aunque es dificil explicar las razones por las que Arrebato (me) resulta tan fascinante y sobrecogedora —quizá por su increíble capacidad para irradiar un fulgor vehemente y vertiginoso a un tiempo que parece provenir de los sueños (y pesadillas) más íntimos— lo que no resulta en absoluto complicado es asegurar que esta edición a cargo de Karma Films en cuatro discos (extras: los documentales, Arrebatos [Jesús Mora, 1998] e Iván Z. [Andrés Duque, 2004], la producción corta del propio director León es pardo, realizada en 1974, clara precursora del film) es una noticia estupenda y la oportunidad de (volver a) sumergirse en un universo que tiene mucho de fantasmático y a la vez es dolorosamente realista. Lo escribía el amigo Alejandro Díaz con una precisión que asusta: «un misterio (dentro de otro misterio), un enigma que es, al mismo tiempo, inextricable y diáfano, terrorífico y reconfortante» (MdC nº 41).
J.D.C.
El cine de Orson Welles (1915-1985) gira alrededor del poder, de entrada sus mecanismos y representaciones, en las que el dibujo mayestático toma la forma de una metafora global; después, y aquí es donde reside lo mejor de su propuesta, desde la perspectiva individual de las personas que lo detentan, lo apoyan, les fascina, lo sufren, lo desean, etcétera. Mr. Arkadin / Confidential Report (1955), coporduccion hispano-suiza, es un relato vibrante y obsesivo sobre el poder y el control, en el que destaca la figura enfática del personaje del título (el propio Welles), el cual parece provenir acaso de tiempos renacentistas, y el talento del cineasta americano para construir un relato en continuo movimiento; no importa tanto, llegando incluso a resultar divertido, la torpeza de algunos actores, las fisuras del guión y la recargada escenografia. Avalon edita una edición en dos discos para la FilmotecaFnac que contiene las versiones española e internacional (esta se ha podido ver en España en contadas ocasiones, siendo cuando menos curioso comparar las escenas rodadas con distintos actores) y unos extras de corto alcance, con excepcion del comentario crítico de Alejandro G. Calvo —co-fundador y director de MIRADAS entre 2002 y 2006— que durante más de diez minutos, en un estilo bastante cercano (para mal y para bien) al del programa "¡Qué grande es el cine!", explica los entresijos de la producción, desentraña parte del misterio Welles y apunta entre otras una muy buena razón para no perderse el film: su velocidad.
J.D.C.