Este pequeña ópera prima de Pedro Aguilera (ayudante del mexicano Carlos Reygadas en Batalla en el cielo) es una valiente aproximación a la depresión, una compleja y dolorosa enfermedad que, por desconocimiento o miedo generalmente, no suele ser tomada tan en serio por muchas personas (incluso por aquellos que tienen gente cercana que la padece), probablemente porque se trata de una afección mental que puede parecer desde fuera, ya se tenga un carácter fuerte o un enorme optimismo, que la falta de voluntad del enfermo por salir adelante y su debilidad son las que provocan ese estado del cual son los únicos responsables, llegando incluso a resultar irritante su pasividad. La influencia, un título demoledor que encierra no pocos significados, es un film irregular y fallido en parte si bien cargado de fuerza en sus mejores momentos, que lograr triunfar en la descripción sin concesiones que hace de la manifestación de la enfermedad en la protagonista (Paloma Morales), adoptando su punto de vista con soluciones brillantes (vid. la declamación teatral de los diálogos de los personajes que se cruza la mujer en su día a día), y en la construcción de un desenlace inquietante, sorprendente y, francamente, revelador. Estrenado en cines hace ya más de un año con apenas presencia, ahora está a la venta en una edición doméstica que nos brinda la oportunidad de recuperar una película en absoluto convencional que tiene mucho más que ofrecer que la mayoría de producciones españolas instaladas en la comodidad o la banalidad.
José David Cáceres
La película más conocida de Dario Argento es, como la posterior Suspiria o como su debut, El pájaro de las plumas de cristal, cine del que ya no se hace. No porque ya no se cultive un género tan grande como el giallo, que también, sino porque ya nadie se atreve a rodar ciertas cosas con la poca vergüenza y el mucho rigor formal que caracteriza a estas obras. Entre descomunales planos secuencia y vastas vistas panorámicas, cámaras subjetivas y zooms in & out mediante, Argento nos regala algunos de los asesinatos más sangrientamente disfrutables e inolvidables del cine. A nadie debería importar la debilidad de un guión que es un mero pretexto para que el jazz-rock atmosférico y experimental basado en los teclados que compuso Giorgio Gaslini e interpretaron los italianos Goblin sature los altavoces mientras la sangre del color y la tonalidad que el título proclama rebose en nuestras pantallas. Es precisamente también esta espectacular banda sonora la que contribuye en gran medida a que otras secuencias más intrascendentes y mucho menos espectaculares permanezcan indelebles en nuestra memoria. Una película que conviene revisitar, para recordar lo que hubo y, para nuestra desgracia, poder disfrutar como pocas y selectas veces lo haremos en una sala de estreno.
Sergio Vargas
Se edita en formato Blu-ray de alta definición uno de los mejores films de su responsable, el excelente Richard Brooks, el cual se recuerda normalmente por la prodigiosa adaptación del famoso libro de Truman Capote, “A sangre fría”, realizada un año después, y por la bastante menos memorable, La gata sobre el tejado de zinc (1958), aunque es verdad que desde hace unos años algunos especialistas han venido destacando aquella parte de su filmografía que más merece la pena y que no tuvo tanta fortuna con la mítica y el público, caso de Deadline – U.S.A. (1952), El fuego y la palabra (1960) o Lord Jim (1965). Con la apariencia y estructura de un western más o menos tradicional, Los profesionales (1966), como en cierto modo la inferior pero notable Los siete magníficos (1968) de John Sturges, es en realidad un vibrante y sombrío relato que expone con violencia un estado de cosas en flagrante descomposición, en donde el paisaje humano es significativamente mezquino y desalentador. La edición, acompañada de interesante a priori material adicional (tres features dos alrededor de la película y otro dedicado a Burt Lancaster), viene en su formato original que permite apreciar en todo su esplendor (alta definición mediante) las excelencias de este estupendo film rodado en Panavision y fotografiado con maestría por Conrad L. Hall: de auténtico lujo.
J.D.C.
Hablábamos con amigos sobre Hal Hartley. A los tres nos había dejado una sensación de ternura tanto Henry Fool (1997) como Fay Grim (2006). No sabía explicar si sus pelis me generaban sólo o precisamente eso. Me pareció extraño compartir aquella borrosa percepción pero uno de ellos me lo simplificó casi tanto como Hartley cuando dice lo que dice, cuando muestra lo que muestra, en fin, cuando hace cine... [LEER TEXTO COMPLETO]
Celina López Seco
Extraño, sí, realmente extraño el caso de Hal Hartley. Director afamado en la primera mitad de los 90, su estrella se apaga con el siglo. Los éxitos de Trust, Amateur y Flirt se desvanecen con el relato de Henry Fool, una suerte de monigote que arrastra en su estela a un conjunto de personajes. A partir de este momento, el cine de Hartley deviene invisible, frecuentador de festivales y empieza a editarse directamente en DVD... [LEER TEXTO COMPLETO]
Antoni Peris i Grao