Extraño, sí, realmente extraño el caso de Hal Hartley. Director afamado en la primera mitad de los 90, su estrella se apaga con el siglo. Los éxitos de Trust, Amateur y Flirt se desvanecen con el relato de Henry Fool, una suerte de monigote que arrastra en su estela a un conjunto de personajes. A partir de este momento, el cine de Hartley deviene invisible, frecuentador de festivales y empieza a editarse directamente en DVD.
Una década más tarde de su primera aparición, el Dr. Hartley revisita a Fool y esta nueva aventura de Fool y de la Sra. Grim nos llega por la pantalla grande. Extrañeza, nuevamente. Justificada o no su ausencia de la gran pantalla, sorprende que este divertimento alcance el honor del estreno cuando no lo hiciera, por lo menos, la anterior película de Hartley, The girl from Monday, una de las propuestas más interesantes del autor que se podría inscribir en un subgénero de ciencia ficción social como el Codigo 46 de Winterbottom o los Hijos de los hombres de Cuarón. Sin embargo, mientras en The girl from Monday las cualidades de Hartley parecían mantenerse intactas (la capacidad de captar el detalle, el instante, su aguda ironía), no sucede lo mismo en esta decepcionante Fay Grim.
Otra curiosidad. Coincidieron en día de estreno en cines, hace poco más de un mes, esta obra de Hartley con la propuesta de otro peculiar cineasta, contemporáneo en fama y notoriedad, Peter Greenaway. Cineasta por antonomasia de la modernidad, el galés elaboró una serie de obras con clarísimas constantes estéticas e ideológicas. Obras enciclopédicas, de negras tramas y referencias inagotables. Tras el defenestramiento ocasionado por el fracaso de su proyecto multimedia de Las maletas de Tulsa Luper, también Greenaway regresa casi una década más tarde. No obstante el galés apuesta por lo seguro cor una obra, Nightwatching, que permanece en su estilo e ideología de hace 10 años. Parece que Hartley no se ha atrevido a hacer lo mismo. Y, lamentablemente, se ha quedado en medias tintas por que Fay Grim se mantiene durante el primer tercio de su metraje en el estilo que le hiciera famoso para derivar hacia una trama de espionaje que pierde interés en el momento en que Hartley se la toma demasiado en serio (como ya le sucediera con Simple men).
Hartley ha estado siempre interesado en las relaciones humanas pero también en la dominación. La dominación de una persona por otra, por el destino (Amateur, Flirt) o por el estado (Simple men, The girl from Monday). No sorprende, pues, la deriva que toma el guión. Sin embargo, Hartley se mueve mejor en las distancias cortas. Presenta personajes curiosos en situaciones peculiares con habilidad. El mcguffin del kinetoscopio que presenta una cinta porno con un mensaje oculto y que debe ser sucesivamente vista por distintos personajes, de varias religiones, es un gag repetitivo que da constancia de su habilidad. Lamentablemente, pese al interés inicial y las expectativas que un buen trazo de personajes nos harían esperar, esta aventura de Fay Grim (divorciada, más o menos, según dice ella misma, de Henry Fool), de su hijo adolescente y de su hermano Simon Grim, pierde todas las buenas expectativas a medida que el ausente Henry Fool va apoderándose de la pantalla en una nueva encarnación. Fool, que además de loco podría traducirse como títere, se revela un doble o hasta triple agente que tras participar en los sucesivos derrocamientos de gobiernos izquierdistas en Hispanoamérica y en la trama Irán – Contra se desvaneció en los tejemanejes del Afganistán de los muhaidines. Este títere al que pretenden manipular acaba manipulando, una vez más, a todos, y manipula también a su propio creador, el Dr. Hartley. De nada le valen al director sus habilidosas composiciones de personajes como la propia Fay Grim. De nada sirven las réplicas del diálogo ni el cariño que deposita en sus frágiles personajes (muchos de ellos interpretados por los actores que antaño ya colaboraban con él), nada sirve por que el monstruo que ha creado se apodera de la pantalla con una finalidad que poco tiene que ver con la que Hartley esperaba de él. Henry Fool deviene, algo inesperadamente, una trama de espionaje confusa (como debe ser) pero absurda, alejada de la ironía, la inteligencia e incluso de la puesta en escena que este buen seguidor de Godard sabía tener. Al final nos deja la sensación de contemplar un divertimento pero también la desazón de pensar que el malvado Sr. Fool ha engañado, también, a su propio creador y que Fay Grim es un cadáver más de su ahora triste carrera. No perdamos la fe en este simpático autor pero, si de verdad quieren disfrutar con él, busquen a La chica de Monday.