
Cristian Mungiu (responsable de la magistral 4 meses, 3 semanas, 2 días) y, sobre todo, Cristi Puiu, son la punta de lanza de una nueva generación de cineastas rumanos que en los últimos meses vienen recogiendo los elogios más encendidos de la crítica especializada. Para entender el tipo de cine que practican conviene remontarse a la generación previa de realizadores rumanos, cuyas producciones, rodadas bajo el férreo régimen comunista de Nicolae Ceaucescu, eran floridas metáforas escapistas y producciones épicas que no molestaban a las autoridades. Fue precisamente una de las películas de Puiu, La muerte del señor Lazarescu, la que abrió la veda de esta nueva generación. La cinta, que obtuvo el premio de la sección Una cierta mirada en Cannes 2005, anticipa y sintetiza las características esenciales del nuevo cine rumano. La escueta excusa argumental, los desencuentros de un viejo huraño y alcohólico con la sanidad pública de su país, no es en absoluto gratuita. El cine de Puiu apela a un realismo casi documental y un estilo narrativo directo a la mandibula que huye como de la peste de subtramas que enmarañen la trama. La muerte del señor Lazarescu se desarrolla prácticamente en tiempo real, recurriendo lo menos posible al uso de elipsis y combina de forma ejemplar el costumbrismo descarnado del lado más duro de la vida en Bucarest con una suerte de humor agridulce, tan negro que el propio espectador no puede evitar sentirse culpable al reírse de los, por otra parte, formidables gags que jalonan la trama. La cuidada edición en DVD de Versus Entertainment permite recuperar este nuevo clásico que no llegó a estrenarse en España. En sus dos discos se incluyen entrevistas al director Cristi Puiu, al director de fotografía Oleg Mutu y a la actriz Luminita Gheorghiu, además de algunas escenas comentadas. El socorrido Making of es de lo más interesante de los contenidos añadidos, habida cuenta de las paupérrimas condiciones en las que se desenvuelve el trabajo de unos realizadores en cuyo país el estado de la industria cinematográfica se encuentra bajo mínimos.
Javier Pulido

De nuevo es el sello Avalon, dedicado por entero al cine de autor, quien realiza su particular homenaje al director de culto Gregg Araki, autor tan controvertido como polifacético. Nos ofrece en edición simple y por separado dos de sus filmes más representativos en su corta y particular filmografía. Inédito en España hasta ahora, esta doble apuesta supone la primera aventura que inicia la carrera del norteamericano dentro del cine doméstico en nuestro país. Se entiende que el alcance minoritario de sus películas condicione las características de los dos discos; lo que no justifica que ambos dvd adolezcan por completo de características especiales. Por encima de estas consideraciones, recuperar Vivir hasta el fin y Nowhere a una calidad más que aceptable es, en sí mismo, todo un mérito. Porque el hecho de que la primera película citada careciera de distribución en España, teniendo en cuenta su éxito y, sobre todo, las repercusiones que trajo consigo, era un vacío que debía ser cubierto. En Vivir hasta el fin, Araki nos ofrece su particular visión del género road movie, sirviéndonos en bandeja surreal la travesía casual de dos completos desconocidos unidos por la enfermedad, la desesperación y el deseo. Aunque quiera acercarse al género, los giros argumentales, los personajes anecdóticos y el tratamiento de situaciones y personajes alejan radicalmente esta película de cualquier formalismo, dando lugar a una (sino la mejor) muestra de los rasgos de estilo de Araki: la homosexualidad tratada sin tapujos y vinculada a un poderoso y, en ocasiones, perverso erotismo; la sexualidad sutil, que, a pesar de enseñar poco, brinda infinitas posibilidades a la imaginación; la soledad de sus personajes, perdidos en unas condiciones que les superan, encaminando sus vidas hacia un punto sin salida posible...Todo ello hace de esta película un retrato de la juventud truncada, de la crueldad del destino y de la búsqueda del amor por encima de todo, tema recurrente a lo largo de la filmografía del director. Tales ingredientes dan lugar a un metraje extremo, incómodo, cargado de un humor negro difícilmente imitable. Todo esto hizo que esta película, además de estar nominada al Gran Premio del Jurado del Festival de Sundance, iniciara todo un movimiento cinematográfico, conocido como el New Queer Cinema, que hoy en día se encuentra en pleno auge gracias a series de televisión como "Queer as folk".

La homosexualidad, esta vez escondida, del protagonista; vuelve a ser el centro de la otra obra que compone este díptico, Nowhere. Abandonándose por completo al surrealismo, Araki vuelve a componer un cóctel explosivo que mezcla de nuevo y hábilmente los géneros, dando lugar a una nueva pieza tan personal como estrambótica: ciencia ficción, película teen, comedia romántica, gore...todo ello forma parte de lo que el propio director definió como “Sensación de Vivir después de tomar ácido”. Perfecta definición de una película que vuelve a estar fuertemente condicionada por la sexualidad de la adolescencia llevada al extremo. El universo de Los Ángeles pierde su conexión con la realidad para construir una metáfora donde las drogas son las protagonistas de las vidas de los habitantes de este filme coral: todo se exagera, nada parece quedar a salvo de las garras de la mirada desgarrada, extravagante y colorista de Araki. El resultado es una película cercana al cómic, en la que estrellas como Ryan Philliphe o Rose McGowan completan un reparto plagado de muchas más apariciones breves, que le quitan perso al protagonista, acercando el filme a la coralidad. Pero, por encima de persecuciones alienígenas, drogas, sexo, confusión y violencia, vuelve a encontrarse el mensaje de Araki, la verdad del metraje: la búsqueda desesperada de un ancla, del amor como salvador en el último momento. Por ello, cuando el protagonista encuentra lo que necesita en los brazos de otro hombre, el filme parece haber llegado a puerto. No obstante, la transformación kafkiana con la que termina la película recupera la visión pesimista del autor, dejando en la boca un sabor amargo. A pesar de sus escuetos menús y unas completas biofilmografías del equipo artístico como única característica añadida, ambos discos merecen mucho la pena.
Alicia Albares