La radicalidad estética del cine de Bresson tiene uno de sus hitos fundamentales en Les dames du bois de Boulogne, su segundo largometraje. Si bien Les anges du péché (1943) había constituido ya un envite estilísticamente arriesgado, todavía discurría en gran medida bajo unos parámetros muy convencionales en el cine francés de su época. El auténtico estilo trascendental bressoniano (recuérdese la célebre caracterización de Paul Schrader en su famoso libro sobre Ozu, Dreyer y Bresson) comenzó a forjarse en este filme; momento en el que parece que se da una verdadera toma de conciencia por parte del cineasta de que el cinematógrafo (así gustaba llamarlo) es un medio estético de extraordinaria potencia para reflexionar sobre los grandes temas de la existencia humana con hondura, sentimiento y belleza.
En Les dames du bois de Boulogne es el amor el referente central de toda la película. Este melodrama romántico se sustenta sobre la constante superposición de puntos de vista y de sentimientos de los personajes, donde la protagonista acaba siendo inintencionadamente una curiosa especie de Pigmalión clouzotiano, a la vez vengativo y compasivo, bajo el intenso torrente de emociones que arrebata todo el metraje. Esta diversidad de planos dramáticos es aprovechada por Bresson para distanciarse de lo que nos cuenta, pasando a ser el medio que le permite desplegar su ironía, y su singular y refinada técnica, mediante una puesta en escena milimétricamente calculada y una dirección de actores manierista en lo que será después el signo distintivo de su estilo. María Casares todavía sigue siendo aquí una actriz en el sentido convencional, y no lo que serían después los modelos bressonianos, como el atormentado cura de su siguiente filme (Journal d´un curé de campagne, 1950) y toda la particular sucesión de protagonistas de sus siguientes películas. Bresson se sirve del magnetismo de su rostro para vehicular un cóctel de ambigüedad, crueldad y desesperación, en un personaje ya, en el fondo, típicamente bressoniano por su incontenible y obsesiva sed del absoluto amoroso.
Los presupuestos sobre los que se articula todo el cine de Bresson comportan, de entrada, una posición eminentemente intelectualista en torno al arte cinematográfico. Esto es comprensible si se piensa que el cineasta persigue, ante todo, presentar lo esencial, más que re-presentarlo, en un ejercicio de estilo poco común en el cine por su coherencia y obstinación; y esta mostración de lo absoluto implica la erradicación de cualquier tipo de mediación entre lo esencial del mensaje y el receptor de la obra cinematográfica. De ahí que el cine de Bresson sea cine poético en el sentido filosófico estricto del término, pura (y simple) poesía que apela a la sensibilidad del espectador sin pretender manipularlo o distraerlo con procedimientos psicológicos efectistas o atajos narrativos de tipo novelesco.
Se ha dicho con frecuencia que en las películas de Bresson no hay argumento propiamente dicho, en el sentido en que lo entiende la tradición literaria occidental, y que sus filmes conforman una sucesión de situaciones relacionadas entre sí a través de leves remisiones contextuales más que dramáticas. Esto no ocurre en Les dames…, donde todavía persiste este (diría el cineasta) lastre, motivado quizás por la autoría de los diálogos del guión por parte de Jean Cocteau y por el protagonismo de una actriz de la personalidad de la Casares. Sin embargo, parece que Bresson lucha permanentemente a lo largo de todo el metraje por desprenderse de este elemento dramático y hacer valer sus planteamientos estilísticos. Por eso digo que esta película es, quizás, una de las más interesantes de su carrera para entender la naturaleza de su apuesta cinematográfica.
Pocos meses después se filmó también en Francia una de las más hermosas películas de la historia del cine, Les enfants du Paradis (Marcel Carné, 1945), también protagonizada por María Casares, en un papel que la consagraría como una de las grandes actrices románticas del cine mundial; y es que ambos filmes componen un bellísimo corpus moral y estético en torno al amor.