Vicky Cristina Barcelona (Woody Allen, 2008)

Por Antoni Peris i Grao

Barcelona 4, Allen 2

Cuando hay que hacer una valoración del propio padre se corren dos riesgos. El primero, lanzarse a una oda de amor filial. El segundo, siguiendo las instrucciones freudianas, dejarse llevar por el deseo de “matar al padre”. Si a mi pasión declarada por Woody Allen se añade el hecho de que su última cinta se rodara en mi ciudad natal, el riesgo de componer un panegírico es elevado… Aunque, por otro lado, el grueso de allenófilos alienados de Barcelona (que somos muchos), tras décadas reivindicando que el maestro nos honrara profesionalmente con su presencia, nos aterrorizamos cuando el verbo se hizo carne y descendió al Raval, a la Pedrera y la Sagrada Familia para rodar con Scarlett, Pe y Bardem. ¿Deberíamos ser los fariseos que íbamos a crucificarle?

Después de un rodaje vergonzosamente acechado por las huestes rosas (de la prensa ídem), se ha alzado el telón para aquellos que somos sus más fieles seguidores y para aquellos que a la vez podemos ser sus más severos jueces. ¿Deberíamos lavarnos las manos ante Vicky Cristina Barcelona ?

Lo cierto es que el resultado, para mí, no puede ser más decepcionante. Las peores pesadillas se confirman en la que es, quizás, una de las peores películas de toda la filmografía de Woody. La cinta, basada en una muy alleniana historia de parejas intercambiables, contiene los elementos básicos de toda cinta de su autor: comedia, enredo, ironía, una mirada ácida sobre los “artistas” y las dudas eternas sobre la fidelidad, el sexo y el amor. No obstante, carece del ritmo interno de las imágenes que enriquecían cintas de guión discreto pero gran dirección como eran Broadway Danny Rose o Radio days o de la densidad argumental de Hanna y sus hermanas o Deconstructing Harry. La primera mitad de su metraje es lo más insólitamente neutro y aburrido que su autor ha realizado, junto a algunos pasajes de Anything else o la segunda mitad de Granujas de medio pelo. De hecho VickyCristinaBarcelona parece una mala imitación del autor neoyorquino, una de tantas y tantas variaciones que diversos directores americanos y europeos han tratado de hacer sobre la obra de Allen. Sin embargo es lamentable observar como, sin ir muy lejos, la irregular Tres días en París, de Julie Delpy, llegaba a ser más incisiva en la presentación de un americano neurótico fuera de sus fronteras o de la inestabilidad amorosa y emocional de una pareja inestable una vez se les saca de contexto.

VickyCristinaBarcelona se revela pues como un nuevo modelo de cine. No es en realidad una historia sobre americanos en Europa o sobre tríos. Si hubo cintas de acción o de ciencia ficción a mayor gloria de video consolas, teléfonos móviles, coches y relojes, la cinta del productor Jaume Roures y de Woody Allen luce claramente las galas publicitarias de un destino turístico que une, gloriosamente, la arquitectura de Gaudí, la buena comida y un sexo desbordado… Vaya, que no tenemos financiación pero debemos alegrarnos por que en Barcelona se folla mejor que en otras partes (aunque a ello ayude una visita a Oviedo dónde, por cierto, se entregan los premios Príncipe de Asturias a famosos como el propio director de esta película). Hay detalles lamentables que revelan el carácter de encargo de la cinta. Por una parte, la escasa banda sonora, repetitiva y falta de carácter, basada en un par de temas de Giulia y los Tellaríni, en el Entre dos aguas y algunos temas a la guitarra que resultan manidos a lo largo del metraje. Por otra parte, por el vacío de numerosos planos, perfectamente prescindibles, que adornan innecesariamente la narración con el insoportable acompañamiento de una voz en off que casi parece destinada a ilustrar la historia para invidentes. Finalmente por leves e innecesarias variaciones argumentales que no son sino caminos sin salida, casi sin sentido, como la aparición del compañero de clase de Vicky que le recuerda sus sentimientos o la desarraigada aparición del padre de Bardem que no es sino una torpe imitación de la anciana abuela de Cary Grant en Tú y Yo.

Después de tanta duda sentimental y tanta languidez narrativa, es una inefable Pe, en un tópico y arrebatado papel quien permite a Allen y su cinta levantar el vuelo y rescatarla de un naufragio absoluto. Su papel de ex pareja de Bardem le revela como un calzonazos que pierde los papeles ante sus ataques de histeria o de ira. Su interpretación, a lo Almodóvar, a la Loren, revitaliza la historia voz en grito y la pone a la cabeza de un reparto que (también a diferencia de las mejores cintas corales de Allen) no se puede lucir en exceso (no perdamos el hilo de una atractiva e interesante Rebecca Hall). Si no fuera por esta espléndida Maria Helena, Vicky y Cristina tendrían poco a hacer en las taquillas y en la memoria futura de los espectadores.

Al final se van los americanos. Se van Vicky y Cristina y se va Woody Allen. ¿Qué nos queda? ¿La constatación de la decadencia de un maestro? Esperemos que no se trate de eso. ¿Una veleidad comercial? Posiblemente sí. Aunque más bien se trata de una frustrada aspiración. La aspiración de Jaume Roures (y de muchos más, incluso de mí mismo) de disfrutar del menage a deux de dos pasiones, Barcelona y Allen. El resultado, como en el amor, como en los sentimientos, se desequilibra hacia uno de los lados y Barcelona acaba venciendo, sin pretenderlo, a su ídolo.