Wanted (Se busca) (Timur Bekmambetov, 2008)

Por Diego Salgado

Soltar las riendas

Resulta decepcionante escuchar a Wesley (James McAvoy) presumiendo ante el espectador de haber tomado finalmente el control de su vida tras la odisea que le ha llevado en Wanted de ser un oficinista depresivo a descubrir sus poderes ocultos, ejercer como asesino a sueldo de una organización secreta internacional y vengar la muerte de su padre. Porque si algo prometía el primer largometraje estadounidense del ruso Timur Bekmambetov -como ya les sucedía a dos de sus realizaciones previas en su país natal, Guardianes de la noche (2004) y Guardianes del día (2006)- era descontrol. Bekmambetov no será, ni mucho menos, el primer director que haya tasado los guiones remitidos por su agente de acuerdo con el potencial que le brinden para probarlo todo con la cámara; pero haber iniciado su carrera en la publicidad coincidiendo con la Glásnost, haber resistido en ese medio quince años, y dominar a la perfección las nuevas tecnologías audiovisuales parecen haberle procurado una desvergüenza especial, que le permite pasarse por el arco del triunfo cualesquiera convenciones estilísticas o estructurales manejadas en el entorno o implícitas en los materiales originales llegados a sus manos. Bekmambetov comparte sin duda esa sentencia con la que el padre de Wesley obliga a la narración de Wanted a ejecutar otro de los muchos saltos mortales que la jalonan, la mayoría tanto o más surreales que sus escenas de acción digital: «todo lo que te han contado es mentira».

Sin embargo, mientras en sus dos adaptaciones de la trilogía literaria fantástica escrita por Sergei Lukyanenko -la última, Twilight Watch, está en el aire - Bekmambetov lograba el milagro de la ininteligibilidad absoluta, forzando al espectador a renegar de su periclitada fe en la lógica dramática y a convertirse para no perder la razón al credo de la imagen sobrehormonada, en Wanted se pliega a una fastidiosa pretensión argumental de articular no ya un universo complejo con presumible opción a secuelas, sino también una filosofía. Pretensión que se estrella contra la confusa y banal asimilación de referentes (cuarto y mitad del cómic hómónimo, Matrix, El club de la lucha, "Assassin's Creed", best-sellers varios), la zafiedad con que se perfila la vida cotidiana de Wesley antes de su abducción por parte de La Fraternidad de Asesinos, la estulticia de los parlamentos y el nulo carisma de unos superagentes presuntamente superiores al común de los mortales, la presencia superflua y calamitosa de Angelina Jolie, soluciones tan sonrojantes como la de las mil ratas cargadas de explosivos.

Sólo WALL-E , de entre el creciente número de estrenos que están aspirando conscientemente o no a reformular paradigmas en el seno del cine comercial, se ha atrevido a cimentar vías que por desgracia ni siquiera los chicos de Pixar han hollado, prefiriendo dar marcha atrás en el último instante. Nos referimos a los protagonistas diferentes, al silencio, a las pérdidas de memoria. Cuando uno ve películas como Wanted, Hellboy: El ejército dorado o Jumper, se pregunta por qué no renuncian de una vez a los diálogos, poco más que frases hechas; a los trillados conflictos dramáticos, argamasa de baja calidad para cohesionar lo que importa, el delirio visual; y a los homenajes, los guiños y las complicidades, maneras innobles de ligarnos a un pasado y a unas formas de "humanidad" que nunca han sido menos relevantes.

Si Wanted hubiese tenido el valor de ser durante sus dos horas de metraje el ballet de sangre, metal y física onírica que concretan sus disparatadas secuencias de tiroteos y persecuciones; si hubiese apostado por la distorsión subversiva de percepciones espaciales y temporales que propicia en sus mejores momentos la imaginería infográfica; si hubiese limitado las palabras a voces en off o intertítulos, estaríamos hablando de una película revolucionaria. Pero sometida a los condicionantes descritos no pasa de ser, como ha señalado Israel Paredes, «acción. y nada más». Aunque a lo largo de su proyección tuviésemos la corazonada en varias ocasiones, como nos sucedió hace un par de años viendo la inenarrable Ultravioleta y la interesante Silent Hill, de que reprimía un potencial expresivo inimaginable. ¿Quién será el primero en soltar las riendas?